Adamuz y la era de la emergencia permanente
Vivimos en una emergencia geopolítica continuada, más difusa que un accidente ferroviario, pero no menos real


Ojalá no tuviera que escribir hoy esta columna, porque eso significaría que las 45 personas que fallecieron en el accidente de Adamuz seguirían enredadas en sus vidas cotidianas. Unos estarían aguardando la nota de los exámenes de la oposición a la que se presentaron en Madrid y otros, saboreando los recuerdos de ese partido soñado en el Bernabéu. Todos estarían con sus familias y sus amigos, transitando por esas rutinas que a veces vivimos como un lastre, pero se convierten en un tesoro cuando constatamos que un drama como el vivido estos días puede fulminarlas de golpe. La tragedia de Córdoba nos marcará a todos, pero, paradójicamente, nos regala el mejor y más reciente ejemplo de cómo una ciudadanía más formada y solidaria, junto al trabajo de instituciones responsables y reactivas, puede convertir las redes sociales en el mejor instrumento de comunicación y apoyo en una situación de emergencia. Contrariamente a lo que sucedió en octubre de 2024, cuando la dana de Valencia arrastró casas, vidas y también una parte sustancial de la verdad, en esta ocasión el ruido no ha ganado la partida.
“¡Eres tú, pisha, el ángel de la guarda de mi hijo!”. Más de tres millones y medio de visualizaciones acumula en X la secuencia de vídeo, publicada por @JulianMaciasT, de una conexión en directo emitida por Canal Sur en la que el padre de uno de los supervivientes del vagón 1 del Alvia habla por primera vez con Julio, el joven que socorrió a su hijo. Según el análisis de conversación digital sobre Adamuz durante la última semana, realizado con la herramienta Talkwalker, se trata de una de las publicaciones más difundidas en todas las plataformas. Como el mensaje del joven Ricardo Chamorro en X, en el que pedía en la madrugada del martes ayuda para tratar de localizar a su padre. La publicación se acerca a los cuatro millones de impactos y fue compartida por 19.000 personas que quisieron arrimar el hombro.
URGENTE!
— Richi :/ (@Ricardochammo) January 19, 2026
Por favor quien este en adamuz y reconozca a este señor que es mi padre que contacte conmigo porfavor
Iba en el alvia Madrid-Huelva que ha chocado
Porfavor difusión!! pic.twitter.com/7vSvb2m9Rv
Aunque no pudo reencontrarse con su padre, su tuit alberga ahora más de 600 respuestas llenas de cariño y solidaridad. Los actores de la desinformación se encuentran esta vez escasamente representados en la clasificación de los mensajes más relevantes en la que sí aparecen publicaciones en Instagram de varios medios de información, entre ellos EL PAÍS.
Si las redes sociales han funcionado en la tragedia de Adamuz como correa de transmisión de los mensajes personales, el buen trabajo de los poderes públicos en estas plataformas actuó como cortafuego a las campañas de desinformación. La información mató al bulo. Una de las claves radicó en la labor sostenida, rápida y narrativamente eficaz de los perfiles oficiales de las instituciones andaluzas, la Junta, los servicios de emergencias y también en la comunicación directa y constante del propio ministro de Transportes, Óscar Puente. Actuaron con conciencia del momento, con mensajes claros, actualizados, empáticos y adaptados. Todos fueron conscientes de que, frente al vacío informativo que suele alimentar rumores, bulos y especulación, la solución es aportar contexto, datos y certidumbre. Transparencia, en definitiva.
La última información que llega es muy grave. Las últimas unidades del tren Iryo que iba dirección Madrid han descarrilado, invadiendo esos coches la vía contraria por la que en ese momento circulaba un tren de Renfe en dirección Huelva. El impacto ha sido terrible provocando que… https://t.co/mqewlNBmDf
— Óscar Puente (@oscar_puente_) January 18, 2026
El accidente de Córdoba fue, en sí mismo, una situación de emergencia: un suceso abrupto e inesperado, que exigió respuestas inmediatas, coordinación institucional y una comunicación clara para reducir el daño. Pero lo inquietante es que este tipo de escenarios ya no es una excepción, sino el marco permanente. Vivimos en un mundo donde, tras la irrupción de Trump, el orden internacional se resquebraja, los conflictos se multiplican, las amenazas híbridas, la desinformación, las injerencias y la polarización se normalizan y la sensación de vulnerabilidad se vuelve cotidiana. Vivimos en una emergencia geopolítica continuada, más difusa que un accidente ferroviario, pero no menos real. En este contexto, ciudadanos y poderes públicos debemos actuar en las redes sociales con el mismo nivel de exigencia, dedicación y responsabilidad que cuando el peligro es tangible y urgente. Porque lo es. Ignorarlo no lo hará desaparecer.
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