Ir al contenido
_
_
_
_
Lecturas internacionales
Columna

Ni apaciguar ni confiar en Trump

De la debilidad y el descrédito que el presidente de EE UU ha exhibido en Davos no cabe deducir una súbita fortaleza de los europeos

Una vez más, Trump se ha echado para atrás. Ya no quiere la anexión de Groenlandia. Tampoco habrá aranceles para quienes se opusieron a sus pretensiones imperialistas. Europa ha aguantado la embestida, con la ayuda de los mercados financieros e incluso de los republicanos inquietos por el futuro de la OTAN. Nadie podrá olvidar que el presidente amenazó con invadir militarmente a un aliado, uno de los más leales y sacrificados de la Alianza. Por unos días, la muerte por asesinato de la OTAN ha ocupado la mente de todos, para máxima fruición del Kremlin.

La rectificación responde al dicho que más le hiere porque revela su naturaleza gallinácea y abusadora, que le lleva a acobardarse en cuanto alguien le planta cara: Trump always chickens out, abreviado en las siglas TACO. Pero no hay que precipitarse a cantar victoria prematuramente. Ante todo, porque no se conoce nada del acuerdo preliminar sobre Groenlandia. Y tratándose de alguien tan desquiciado, porque hay que contar con sus repentes y berrinches. Puede desmentirse en cualquier momento o ceder en un punto para apretar en otro, por ejemplo en Ucrania, en el momento decisivo para la negociación con Putin. O en Gaza, donde combina el brutalismo turístico con su delirante Junta para la Paz, mientras el alto el fuego apenas se sostiene.

Sí, la OTAN se ha salvado, pero se ha agotado el caudal de la confianza. Momentos hubo en que la maniobra ártica tomó el aspecto de una alevosa estrategia para dinamitar la Alianza. Su amenaza militar, la primera contra un aliado, tiene efectos irreversibles. No solo respecto a Trump, sino a Estados Unidos, que le ha catapultado dos veces a la Casa Blanca, la segunda tras intentar un golpe contra la democracia. Nunca más será fiable un país cuyo presidente está a punto de echar por la borda una alianza militar tan crucial solo por su “necesidad psicológica” de los títulos de propiedad soberana sobre la isla.

Estados Unidos no volverá a ser el líder incuestionado. Una fuerza militar tan inmensa no otorga autoridad moral. Tal como señaló en su celebrado discurso el primer ministro canadiense, Mark Carney, “la nostalgia no es una estrategia”. Los otros socios deberán contar con esta nueva realidad, que no significa la desaparición de la Alianza pero le confiere un nuevo carácter y obliga a estrechar el compromiso entre los socios en defensa de los valores democráticos para evitar futuros comportamientos inamistosos y destructivos desde Washington, con Trump o con quien le suceda.

En el Foro de Davos ha cristalizado la resistencia a sus delirios y a su brutalidad vengativa con quien le lleva la contraria. Es nulo el valor de su palabra, siempre disparatada y falaz, salvo cuando se trata de los insultos y las amenazas para intimidar al adversario designado. Su creciente desprestigio actúa como un peso muerto para la imagen internacional de su país. Con su nombre convertido en la marca nefasta para denominar una era americana, deberá llover mucho antes de que alguien desde Washington pueda invocar otra vez, como Ronald Reagan hace cuatro décadas, la “ciudad en lo alto de la colina” que iluminaba al mundo con sus valores democráticos.

De la debilidad y el descrédito exhibidos en Davos no cabe deducir una súbita fortaleza de los europeos ni que serán capaces de sustraerse para siempre de la diplomacia del apaciguamiento y de la adulación vigente hasta ahora. Tiene razón Zelenski cuando pide más esfuerzos para que nadie se duerma en los laureles de la momentánea victoria sobre Trump. La maniobra trumpista para robar la isla a Dinamarca ha rendido servicio a Putin como distracción, pero todavía podría llegar más lejos si terminara funcionando en un canje vergonzoso por Ucrania, tan acorde con la diplomacia transaccional y mercantilista del trumpismo y con la división del mundo en áreas de influencia. Si la renuncia a los delirios expansivos en el Ártico es definitiva, ahora Trump estará tentado a lavarse las manos del destino de Ucrania para exigir a los europeos que se apañen ellos solos frente a Rusia. Son los efectos de la venenosa política del apaciguamiento ante el doble hegemonismo de Trump y Putin, practicada hasta el Foro de Davos por tantos pusilánimes aliados de Estados Unidos.

Europa no puede aceptar un dilema semejante al que Churchill denunció en 1938 tras las cesiones de Londres y París ante Hitler en Múnich: “Os dieron a elegir entre la guerra y el deshonor. Elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”. Ahora, como entonces, renunciar a cualquiera de las dos, a Ucrania o a Groenlandia, conduce al deshonor y a la vez convoca a la guerra. Europa debe salvarse entera, desde Dinamarca, con Groenlandia incluida, hasta Ucrania, y sin contar con que Estados Unidos sea como antaño su garantía última de su seguridad.

Para leer más:

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_