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La madre del joven desaparecido en La Palma retrata en un documental el autismo de su hijo: “Hemos vivido muchos infiernos; este es uno más”

El festival de Málaga estrena ‘El mapa para tocarte’, la exploración durante 12 años de la cineasta canaria Mercedes Afonso sobre su primogénito

Mercedes Afonso y su hijo Airam, en un momento de la película 'El mapa para tocarte'.

La escarpada isla de La Palma, con su orografía intensa y secreta, es un lugar extraño y extremo cuya naturaleza atlántica, dominada por el viento, las estrellas, las montañas verdes y los volcanes negros, puede resultar tan atractiva como hostil e intimidante. En ese rincón canario que tanto atrapa a sus habitantes, nació hace veinte años Airam Concepción Afonso, un crío de ojos increíbles que entre los nueve y 10 años fue diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista) de altas capacidades y con PANDAS (Trastornos Neuropsiquiátricos Autoinmunes Pediátricos Asociados a Estreptococo).

Airam es el protagonista de El mapa para tocarte, la película de su madre, la directora palmera Mercedes Afonso, que compite este martes en la sección oficial de documentales del Festival de Málaga. Es una película de una emoción frágil y misteriosa, como el propio Airam, cuyo estreno ha coincidido fatalmente con la desaparición de su protagonista el pasado 16 de febrero. Afonso no acudirá a Málaga, pero se mantiene serena y entera mientras buscan a su hijo. “Grabarlo durante años nos ayudó a transitar por su enfermedad. Airam y yo hemos vivido muchos infiernos, este es uno más, yo me agarro a eso”, asegura la cineasta por teléfono desde La Palma.

La desaparición de Airam, de 20 años, fue el día de Los Indianos, la gran fiesta del carnaval palmero. Toda la isla se viste de blanco para celebrar con sombreros, maletas vacías y polvos de talco el viaje de ida y vuelta entre América y el que fue uno de los puertos más importantes entre Europa y el Nuevo Mundo. Ese día, según explica Afonso, su hijo sufrió “un colapso de autismo”; un ataque que ella detectó la última vez que hablaron por teléfono. “No logré tranquilizarlo”, explica. Luego se perdió el rastro del móvil, sin señal ni batería. La madre está convencida de que está escondido y asustado y confía en su capacidad de supervivencia. “Me guío por intuiciones y por algunas pistas que tenemos, conozco bien a mi hijo y su enorme capacidad de resistencia. Puede alimentarse con muy poco, con insectos si hace falta”.

Afonso filmó durante 12 años a Airam. Primero lo hizo para convencer a los médicos y a su entorno de los comportamientos inusuales del niño y luego como una forma de comunicación y terapia. Grabar las crisis, utilizar la cámara como una mezcla de apoyo emocional y a la vez de escudo, les ayudaba. Ese material (la mayoría registrado con el móvil) es la base de El mapa para tocarte, cuya fuerza emana en gran medida de la propia casa en la que madre e hijo han vivido encerrados.

“Yo nací en 1971 en esta casa y eso me ha marcado mucho. Es una casa que siempre me ha gustado y ese amor por ella y por sus antepasados se lo he intentado transmitir a mis hijos”, cuenta la directora. La heredó de su madre, nacida en Venezuela, y allí aún guarda los baúles de los familiares que llegaron de Cuba. Situada en El Paso, a las faldas del volcán que en 2021 devastó la zona, su largo pasillo y su galería, típica de las construcciones antiguas canarias, hablan de Airam y de su discapacidad impenetrable y rara.

La cámara, como la madre, ha pasado muchas horas en el umbral del cuarto del hijo, sin poder cruzarlo. En ese mundo cerrado y solitario solo escuchamos al niño, ofuscado y perdido en su cabeza. Las angustiosas huellas de su condición se expresan a través de las puertas cerradas, los cristales y los muebles rotos. También a través del filtro azul con el que la madre grabó los peores episodios. “Empecé a hacerlo con más frecuencia como respuesta a una crisis muy fuerte. El filtro azul, como la distancia de la cámara, me ayudaron en aquellos momentos tan duros”.

La película arranca en la habitación de la madre, con ella dándole el pecho a un bebé (su hija Irene), probando los filtros del móvil para autorretratarse y observando, desde los cambios de color, el techo del cuarto, donde una lámpara de papel japonesa se toca con esas pegatinas de estrellas para niños que se iluminan por la noche. Los palmeros, que viven en un lugar de enorme interés astronómico, hogar de uno de los mayores observatorios del mundo, están enganchados al firmamento. Una de las películas frustradas de Afonso —que debutó en el largometraje en 2008 con El amor se mueve y ahora trabaja en Adalid, su nuevo proyecto— se titulaba Sara y las estrellas.

“La casa evolucionó en paralelo a la enfermedad de Airam y, como él, ha pasado por muchas fases. En la película se ve muy desconchada, con cartones para tapar los cristales rotos, porque aquí no podía entrar nadie a arreglar nada. Luego, como el propio Airam, todo fue mejorando”, recuerda la cineasta. El mapa para tocarte es una película dolorosa pero optimista sobre la maternidad como un lugar intempestivo, en el que la voz de la madre nos guía por su tormento y el de su hijo. Muchas veces sentimos su miedo, otras nos calma su extrema dulzura. En uno de los pocos planos en el que salen ambos, uno de los más hermosos, juegan a mirar la luz a través del cristal de unas botellas. Airam le habla a la madre del yo interior frente al yo “maquillado”. Luego se asoman a un pozo del huerto. Entre la realidad y la alegoría, con los truenos de una tormenta llegan los primeros y angustiosos gritos.

“Interrumpí mi profesión para cuidar de mi hijo; él y mi hija son más importantes, pero el cine me da fuerza y alegría. Durante muchos momentos he tenido que depender económicamente de mi padre porque pasaban cosas que me impedían salir de casa y trabajar”. Afonso explica que al principio a Airam no le gustaba que lo grabase, pero que luego lo aceptó. “Cuando decidí reunir el material de estos 12 años, con el impulso del CreaDoc (laboratorio de desarrollo de documentales de creación de Canarias), y montarlo junto a Emma Tusell, lo hablé primero con él. La idea siempre fue contar nuestra historia juntos para ayudar a otras familias. Para mí, el reto era cómo hilar algo tan íntimo y que la película tuviera luz y esperanza”.

Afonso, que se separó del padre de Airam cuando el niño era pequeño, cuenta que durante años no ha podido besar ni tocar a su hijo, obsesionado con los ruidos o con la limpieza, siempre irritado. “Vivía encerrado en la habitación y solo salía una vez al día para tomar cinco minutos de sol en la azotea”. En esas imágenes de la azotea asoman las imponentes montañas de la isla, y en las últimas lo hace la erupción del volcán de 2021. “Fue horrible, el ruido era insoportable. El colegio de mi hija fue uno de los afectados, también se llevó por delante una finca de mi padre. Yo lo viví con mucho miedo, pero Airam lo aceptó de una manera muy racional. Con calma. Incluso la posibilidad de dejar la casa no le afectó”. La pandemia tampoco influyó negativamente en él; al revés: “Para nosotros fue un buen momento. Airam se sentía cómodo porque él siempre usaba mascarilla y guantes, por su preocupación por las bacterias y los virus, y ver que el resto los usaba también lo tranquilizó. Con la pandemia mejoró su vida”.

Airam se mueve de forma autónoma desde los 17 años, y eso incluye viajar. Aprendió inglés y a tocar la guitarra solo. También a meditar y a trabajar su ansiedad. Con 18 años su madre le regaló a Kobu, su perro. El día que llegó lo dejó subir a su cama. Por primera vez se dejó chupar la cara. “Ese día a mí también me dejó darle un beso en la mejilla”, recuerda la madre. Entre los libros de cabecera del muchacho está El Quijote o El mito de Sísifo, pero su última obsesión es La divina comedia. Tras leerla en castellano quería aprender italiano para hacerlo en su lengua original.

La mochila vacía de Airam la encontraron poco después de su desaparición en la playa de Los Cancajos. También aparecieron sus vaqueros en el mar. Para su madre no son datos concluyentes de nada porque su hijo se llevó más ropa de casa. Según ella, su conexión con la naturaleza es poderosa. “Siempre va descalzo, aunque haga frío. Estuvo muchos años sin poder usar zapatos. Los tejidos también le molestaban mucho de niño. Yo me he ido adaptando a su sensibilidad. Airam es capaz de dormir en el suelo y no pasar frío. Él dice que el frío es mental”, cuenta. Es curioso que entre las lecturas que más le han impactado también esté El hombre en busca de sentido, el libro sobre los campos de concentración nazis en el que el psiquiatra Viktor Frankl, superviviente del Holocausto, que habla de cómo hasta el hombre más abatido es capaz de levantar la cabeza y seguir adelante. “Él encontró en ese libro una actitud de supervivencia en la que se sintió reflejado”, afirma su madre, que no pierde la esperanza de que ese instinto lo devuelva ahora a casa.

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