Aparatosa cogida a Roca Rey en La Maestranza
El torero peruano quedó prendido por el muslo derecho y se le concedieron las dos orejas tras una faena de absoluta entrega. Tras el parte con pronóstico muy grave, fue operado en la plaza y trasladado a un hospital sevillano


La cogida fue aparatosa y dramática. Roca Rey se tiró materialmente sobre el morrillo del quinto toro de la tarde, y al tiempo que el estoque entraba hasta la empuñadura, el animal aprovechó el encuentro para clavar su pitón izquierdo en el tercio superior del muslo derecho del torero. Lo levantó por los aires; el cuerno giró sobre la carne del torero, quien trataba de evadirse del cuchillo que lo hería hasta que cayó al suelo con signos evidentes de que el toro había conseguido su propósito. Inmediatamente, fue trasladado a la enfermería por sus compañeros, y en el camino se pudo notar el boquete sangrante que el torero llevaba en la pierna.
Ese fue el colofón inesperado de una faena valerosa, un derroche de entrega y pundonor de una figura del toreo que se dispuso a levantar una tarde que discurría por los tristes sones de un funeral de tercera.

Ese quinto toro, cinqueño, de nombre Soleares y 526 kilos de peso, manso en el caballo, fue recibido por el torero con un quite por delantales. Persiguió y soltó la cara en el tercio de banderillas, y el suspense comenzó cuando Roca tomó la muleta y se arrodilló en los medios. Allí, comenzó su faena con tres pases cambiados por la espalda, henchidos de emoción, con la plaza ya conmovida, y la banda arrancó con un pasodoble.
Soleares demostró movilidad, ánimo y áspera casta, y los muletazos primeros con la mano derecha surgieron acelerados; hubo un desarme después cuando citó con la zurda, y a partir de entonces se planteó una pelea sin cuartel entre un torero borracho de arrojo y un animal deslucido que trataba de impedir el toreo limpio que Roca intentó una y otra vez sin conseguirlo. Hubo enganches, circulares, toreo alborotado y atolondrado, y una plaza totalmente entregada y entusiasmada con el valor del torero.
Cuando el toro se derrumbó, al tiempo que Roca Rey era atendido en la enfermería, el presidente mostró los dos pañuelos a la vez que premiaban el espíritu luchador del torero.

Cabe destacar en este punto que el presidente olvidó enviar un aviso a Roca antes de entrar a matar, cuando ya se habían cumplido los 10 minutos reglamentarios; y el reloj se olvidó con el drama de la cogida, de modo que la labor total del torero se extendió hasta los 16 minutos sin que hubiera recado presidencial.
Esta fue la anécdota de lo más destacado de una corrida que se deslizaba por los nubarrones de un funeral de tercera hasta la salida de ese quinto toro. La corrida de Victoriano del Río, muy desigualmente presentada, con dos toros, segundo y tercero, anovillados e impropios de esta plaza, mansurrones en los caballos, nobles, pero muy descastados y sosos, parecía decidida a romper todas las ilusiones.
De ahí que Manzanares, por ejemplo, pasara desapercibido en su lote. Bien es verdad, no obstante, que él muestra un semblante desganado, más dispuesto a emborronar que a dibujar una faena. Su primero, soso y de corto viaje, le permitió mostrar a todos que le tiene atrapado una preocupante desconfianza y parece que está fuera de la plaza. Hoy por hoy, no es ni sombra de lo que fue. Tampoco el cuarto, sin casta y deslucido, le permitió ningún detalle que recordara al torero de antaño.
El segundo toro parecía de juguete, como si le hubieran hecho un regalo a Roca para que se divirtiera en Sevilla. Era un bendito descastado, sin corazón ni vida, con el que su lidiador anduvo por sus alrededores con aparente decisión y con poca gracia.
Más chico aún el jabonero tercero, primero del joven Javier Zulueta. Tiene salero en sus muñecas este torero, dibujó detalles elegantes, carentes de emoción por la sosería del animal. Se apretó Zulueta los machos en el sexto, deslucido y complicado, pisó terrenos valientes, se entregó de verdad y el público se lo agradeció. Pudo haber cortado la oreja, pero la estocada cayó baja y todo quedó en una vuelta al ruedo.
Del Río / Manzanares, Roca Rey, Zulueta
Toros de Victoriano del Río y toros de Cortés, muy desigualmente presentados; segundo y tercero, anovillados. Mansurrones, descastado, sosos y nobles; encastado y áspero el quinto, y deslucido el sexto.
José María Manzanares: pinchazo y casi entera atravesada (silencio); media trasera, tendida y atravesada (silencio).
Roca Rey: pinchazo y casi entera desprendida -aviso- (silencio); estocada (dos orejas). Resultó cogido al entrar a matar.
Javier Zulueta: estocada y dos descabellos (silencio); estocada baja (vuelta al ruedo).
Plaza de La Maestranza. 23 de abril. Decimotercero festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de "No hay billetes".


























































