Valdebebas, el barrio que nació hace dos décadas como emblema del nuevo urbanismo y hoy es lo opuesto al modelo de Almeida
La zona ha crecido como símbolo de la expansión a lo ancho de Madrid, una idea de la que huye el nuevo plan de urbanismo del consistorio para 2027


Madrid ha decidido cambiar sus planes urbanísticos. Nuevo objetivo: multiplicar la construcción de vivienda para 2027. ¿Pero cómo hacerlo sin contar con mucho más espacio? Fácil, responden desde el Consistorio: hacia arriba. Frente a este giro, como un recordatorio de cuál ha sido el plan durante las últimas décadas, se alza al norte de Madrid el barrio de Valdebebas. Conocido por el gran público por albergar la ciudad deportiva del Real Madrid desde comienzos de los 2000, fue levantado precisamente hace dos décadas, en plena resaca de la burbuja inmobiliaria, para crecer en horizontal con edificios blancos de altura media, amplias avenidas con zonas verdes y parques infantiles, y un parque forestal de casi 500 hectáreas que actúa como pulmón urbano. Allí viven ya más de 30.000 vecinos en un desarrollo pensado para alcanzar unos 40.000, con 14.000 viviendas repartidas en más de diez millones de metros cuadrados.
Entre grúas, construcciones para la Fórmula 1 y los edificios que se están desarrollando, José Antonio Rojas, de 55 años, lucha por llegar a su puesto de trabajo. Rojas es portero de la urbanización Skypark. Para poder llegar cada día, solo tiene dos opciones: coger el autobús en Plaza Castilla y hacer un recorrido de 35 minutos, si tiene suerte y no hay atascos, o esperar el Cercanías y caminar 15 minutos hasta el edificio. “Va siempre muy lleno, todo está muy lejos; es como un lugar sin alma”, asegura en la puerta de la portería. Rojas recuerda que en 2015 llegó a trabajar al barrio: “En esa época no había casi nada”. En el barrio siguen en construcción, de hecho, el centro de salud, la iglesia, la comisaría e incluso el metro, cuya inauguración se espera para 2030.

Alicia Montesinos, de 47 años y vecina del barrio desde hace 10, recuerda que cuando llegó tenía que ir a por el pan a la gasolinera porque no había nada. “En 2013 llegaron los primeros; yo vine en 2015. Entonces éramos solo 3.000 vecinos. Las obras estuvieron paradas durante muchos años por la crisis; fue después de la pandemia cuando empezaron a abrir restaurantes, gimnasios y supermercados. Ahora es muy agradable vivir aquí por todas las zonas verdes”, asegura. En esto coincide Alberto Martorell, de 60 años, que lleva viviendo en el barrio cuatro años y recuerda que llegó al mismo tiempo que Mercadona. “Es muy tranquilo, tenemos mucha calidad de vida”, dice mientras sale del gimnasio este jueves a media mañana.
Valdebebas se encuentra entre los barrios con mayor nivel adquisitivo de Madrid, con una renta per cápita bruta media anual que alcanza los 71.421 euros, muy por encima de la media madrileña (43.643 euros), según los últimos datos de la Agencia Estatal de Administración Tributaria de 2025.
Desde la asociación de vecinos de Valdebebas aseguran que sus principales demandas se centran en la movilidad. Además del transporte público, facilidades para el tráfico: “Una salida adicional a la actual de la M-11 que nos conecte con la M-40, además de habilitar conexión hacia el norte (A-1) desde el puente de la Concordia”, señala su portavoz, quien afirma que quienes se mudaron al barrio están satisfechos. “Sabían cómo era: espacios abiertos, parques entre calles, todo nuevo. La estructura social es de gente joven y familias. El barrio se ha revalorizado mucho; ha dado un salto muy grande en cuatro años. Además, no tenemos limitaciones de espacio para crecer hacia arriba, como ocurre en Pozuelo o Aravaca”.
Xavier González, profesor de OBS Business School, considera que Valdebebas encarna una aspiración compartida por gran parte de la ciudadanía: altos estándares de calidad de vida, viviendas amplias y luminosas, abundantes zonas verdes y una planificación generosa en infraestructuras y equipamientos. Sin embargo, advierte de que este modelo presenta desequilibrios relevantes, especialmente en materia de movilidad, al haber priorizado infraestructuras sobredimensionadas que fomentan el uso del vehículo privado y, con ello, una menor sostenibilidad ambiental.
Asimismo, González señala que la morfología urbana —con grandes avenidas y un claro predominio del coche sobre el peatón— dificulta la consolidación de una auténtica vida de barrio y del pequeño comercio en planta baja. A ello se suma el elevado coste de mantenimiento de las infraestructuras, que orienta el barrio hacia un perfil de residente de rentas medias-altas o altas, lo que plantea dudas sobre la viabilidad social y económica del modelo a largo plazo.
Ante los nuevos planes del PP, el portavoz de urbanismo del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Antonio Giraldo, ha reaccionado en la red social x explicando que los desarrollos urbanísticos de Madrid, de los que Valdebebas es un ejemplo, han sido un derroche de suelo y un error del modelo “desde su concepción”. Por su parte, el geógrafo Vicent Molins, autor de Ciudad Clickbait, asegura que Madrid es el único lugar de España que sabe hacia dónde se dirige, lo cual no significa que su dirección sea infalible: “Comunidad y ciudad actúan como una especie de área metropolitana que entiende su enorme oportunidad de crecimiento demográfico y, además, la estimula. Por tanto, dentro de este plan —que es estratégico y va más allá de la acción de gobierno actual— resulta lógico el propósito de aumentar densidades y promover desarrollos más intensivos”, explica.
Por su parte, José Manuel Calvo, exconcejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, considera que el cambio de modelo responde más a un cambio de contexto que a un error de planificación. “El modelo de barrios como Valdebebas no es un fracaso en sí mismo, sino el resultado de una forma de crecimiento propia de otra época”, explica. “Se proyectaron en un momento en el que había mucho suelo disponible y la ciudad podía expandirse sin grandes límites. La prioridad entonces era otra: más espacio, más zonas verdes y menor densidad”.
Calvo subraya que estos desarrollos, pensados antes de la crisis inmobiliaria, se han consolidado en los últimos años con la llegada progresiva de servicios, comercios y equipamientos. “Durante mucho tiempo eran barrios con muy poca vida y con falta de servicios básicos. Eso empezó a cambiar sobre todo después de la pandemia, cuando se desbloquearon muchas obras y se aceleró su desarrollo”.
A su juicio, el problema no es tanto cómo se diseñaron estos barrios como las condiciones actuales de la ciudad. “Hoy el contexto es completamente distinto. El suelo disponible en Madrid prácticamente se ha agotado y la presión sobre la vivienda es mucho mayor. Eso obliga a replantear el modelo”.
El exconcejal advierte, sin embargo, de que el cambio hacia una mayor densidad no es una solución automática. “No se trata solo de construir más viviendas. Hay que garantizar transporte público suficiente, servicios y comercio de proximidad. Si no, se pueden repetir los mismos problemas en otro formato”. En ese sentido, insiste en que la clave está en el equilibrio. “Valdebebas ha tenido dificultades para generar ciudad, para crear esa vida en la calle que tienen los barrios más densos. El reto ahora es aprender de esa experiencia”.



























































