Hartazgo de Trump en Davos
Las amenazas del presidente de EE UU empiezan a encontrar entre sus aliados el tono de rechazo que merece


Por si todavía hicieran falta pruebas, el discurso pronunciado ayer por Donald Trump en el Foro de Davos mostró claramente la cada vez mayor disociación entre las palabras del presidente de Estados Unidos y la realidad. Las inexactitudes, cuando no mentiras palmarias, las expresiones fuera de lugar, el tono bravucón y las amenazas directas han dejado de provocar asombro y alarma para dar paso a la irritación, el hastío y la contestación, como han demostrado algunos líderes occidentales en las últimas horas dentro y fuera del Foro.
La caótica intervención ante la élite empresarial mundial derivó entre Groenlandia, las elecciones de 2020, los misiles que se ven sobre Kurdistán, la estrategia de EE UU en la Segunda Guerra Mundial, la inflación, los carísimos relojes suizos o las supuestas buenas intenciones de Vladímir Putin, de quien aseguró que no quería invadir Ucrania y que está sufriendo mucho por lo que está pasando.
Pero con Trump resulta peligroso quedarse en su peculiar lógica. La crisis con Europa que el presidente de EE UU se ha empeñado en crear respecto a la soberanía de Groenlandia es el mejor ejemplo de su cinismo. Él solo quiere, dijo en Davos, adquirir “un trozo de hielo frío y con una ubicación muy mala” a Dinamarca, “un país muy bonito” incapaz de defender el territorio. Así, Trump se ve en la obligación de enviar al Ejército “para proteger al pueblo de Groenlandia”. Hasta Putin elaboró un razonamiento más complejo para invadir Ucrania.
El gran obstáculo para sus planes no es tanto Dinamarca, a quien ningunea, sino la OTAN, cuyos miembros, según el mandatario, tratan a Estados Unidos de manera injusta y a los que amenazó abiertamente: “Si nos dicen sí, se lo agradeceremos; no, y lo recordaremos”, advirtió. Frente a este reiterado lenguaje matón se han alzado voces como la del presidente de Francia, Emmanuel Macron —ridiculizado por Trump— quien ayer pidió la activación de la OTAN en Groenlandia para demostrar la implicación europea en la defensa de la isla danesa. Se trata de una elogiable subida de tono en la respuesta europea, demasiado tímida hasta ahora ante un personaje arrogante con quienes tratan de atemperarlo pero prudente con quienes le hablan claro. Paralelamente a la propuesta francesa, la Unión Europea actúa en la dirección correcta al anunciar “un paquete masivo de ayuda económica” al territorio autónomo que reafirme su europeidad.
La gran revelación en Davos en cuanto a la resistencia a la embestida ideológica del trumpismo ha sido el primer ministro de Canadá, Mark Carney. El martes, en una brillante intervención en las antípodas, en el fondo y en la forma de la presidente de EE UU denunció esa distancia entre la realidad y los discursos oficiales, anunció su apoyo inquebrantable a Dinamarca y advirtió de que evitar los problemas en nombre del apaciguamiento no sirve de nada, y menos en un mundo donde los más fuertes están tratando de imponerse según sus propios parámetros morales. Hablar claro es un excelente primer paso para cambiar esta dinámica perversa.
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