Trump exige Groenlandia: “Solo quiero un trozo de hielo. No quiero usar la fuerza”
El presidente de Estados Unidos, que dice necesitar la isla de Dinamarca para la seguridad de Estados Unidos, aprovecha su participación en Davos para arremeter contra Europa: “No va en la buena dirección”


El Foro de Davos es esta semana el escenario principal de la gravísima crisis geopolítica que sacude el mundo, con potencias desatadas en la afirmación de sus intereses por encima de normas y principios morales y agudos temores de que la espiral de confrontación se acelere. Desde Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha arremetido este miércoles contra Europa. “Algunos lugares ya no son reconocibles”, ha dicho. El mandatario republicano considera que estos países europeos “no van en la dirección correcta”. “Dieron la espalda a todo lo que hace un país fuerte”, ha añadido.
La aspiración de Trump de hacerse con Groenlandia ha subido en los últimos días el nivel de alerta en Europa. Desde Davos, el republicano ha comenzado diciendo que “todos los aliados de OTAN tienen que poder defenderse” para, a continuación, dar un argumento por el que considera que debe controlar la isla semiautónoma del Reino de Dinamarca: “No hay ninguna otra nación capaz de proteger Groenlandia como Estados Unidos”.
Trump, que en otras ocasiones ha dejado claro que quería anexionarse Groenlandia por las buenas o por las malas, ha dicho este miércoles que no quiere usar la fuerza. “No quiero usar la fuerza. No voy a usar la fuerza. Todo lo que está pidiendo Estados Unidos es un lugar llamado Groenlandia. [...] Solo pido un trozo de hielo. [...] Es muy poco, comparado con todo lo que les hemos dado durante décadas”, ha concluido. Europa, según el presidente del país más poderoso de la OTAN, tiene dos opciones: decir sí —“y entonces lo apreciaremos”— o decir no —“y lo recordaremos”—.

Tras recordar que la gigantesca isla ártica está situada en un lugar estratégico clave “entre Rusia y China”, ha insistido en su idea: “Lo necesitamos por razones estratégicas y de seguridad nacional”. Sus aspiraciones de hacerse con este territorio —aspiraciones que rechazan tanto Dinamarca como Groenlandia— no serán “una amenaza para la OTAN, sino que reforzarán su seguridad”, ha asegurado el republicano, tras quejarse del trato “muy injusto” de la Alianza Atlántica hacia Estados Unidos.
En su discurso desde la ciudad suiza, Trump ha continuado atacando a líderes y países que considera que han tomado políticas equivocadas: “Partes de nuestro mundo están siendo destruidas. Algunos líderes no lo comprenden”.
“Quiero que a Europa le vaya bien, que al Reino Unido le vaya bien”, ha dicho al criticar que Londres “tiene una de las mayores fuentes de energía y no la usa”, en referencia a los yacimientos de petróleo en el mar del Norte.

El martes, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, encabezó la resistencia frente a la embestida trumpista, con un discurso de altura moral y geopolítica. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, también fue explícito en el rechazo a las maniobras estadounidenses. También intervino la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que mostró el rechazo a las ambiciones anexionistas de Estados Unidos sobre Groenlandia y a la amenaza de nuevos aranceles a países europeos que defienden su soberanía, pero con un tono menos contundente.
Precisamente Von der Leyen, así como Mark Rutte, secretario general de la OTAN, se perfilan como protagonistas de los intentos diplomáticos de desactivar la crisis relacionada con Groenlandia, una que proyecta sus repercusiones a lo largo y ancho del tablero geopolítico, por ejemplo sobre Ucrania. Kiev ve ahora peligrar definitivamente el precario apoyo estadounidense que había seguido vivo gracias a la intensa actividad diplomática y a las muchas concesiones europeas a Trump.
La crisis también se proyecta sobre la dramática situación de la Franja de Gaza, con un Trump determinado a configurar un Panel de la Paz en el cual muchos antiguos aliados occidentales no quieren participar por los rasgos de su conformación y también por el devenir cada vez más avasallador de la política exterior trumpista.
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