Teherán sufre el peor bombardeo de la guerra: “El este de la ciudad está explotando. Las bombas estallan una tras otra”
Israel anuncia que esta oleada de ataques sobre la capital y otras ciudades iraníes abre una “nueva fase” en la contienda

Teherán ha sufrido este viernes lo que residentes de la capital iraní han descrito como la peor oleada de bombardeos desde el inicio de la guerra desatada por Israel y Estados Unidos, de la que este sábado se cumple una semana. Eran poco más de las cinco de la mañana (las 03.30 en horario peninsular español, las 19.30 del jueves en México y las 18.30 en Washington) cuando se desató “el infierno en la Tierra”, según contaron varios teheraníes en redes sociales, con enormes explosiones que sacudían la megaurbe ―con su área metropolitana, alberga a más de 16 millones de personas―.
“Eran las 5.30 de la mañana cuando nos despertamos. El este de Teherán estaba explotando; [los aviones] atacaban todos los cuarteles y comisarías y las bombas estallaban una tras otra. Los aviones volaban muy cerca, más bajo que en días anteriores”, relata desde la capital iraní Sevak, uno de los pocos habitantes de la ciudad con acceso a internet. Otras ciudades como Isfahán (centro) y Shiraz (sur) también han sufrido ataques, si bien de menor intensidad. Como en los seis días anteriores, la capital sigue siendo el objetivo prioritario de los bombardeos.
Sevak, empleado de una agencia de viajes, vive en Majidieh, un vecindario del noreste de Teherán, tradicionalmente asociado a la minoría armenia. Su casa, que “temblaba” por las bombas, dice, sigue en pie (como en el caso del resto de entrevistados, no da su nombre real por miedo a represalias). También la de Pouya, un sexagenario jubilado que reside en Amirabad, en el centro de la ciudad. Las explosiones ―“muchas”, describe en un mensaje― se oyen “constantemente”. Mientras, en las calles, están apostados algunos miembros de la milicia Basij, asociada con la Guardia Revolucionaria, el poderoso ejército paralelo iraní cuyo cometido es defender al régimen islámico.
Los basiyíes, milicianos fuertemente adoctrinados y aborrecidos por muchos iraníes ―que los culpan en gran medida de la represión― “daban consignas a la población con altavoces”. El hermano de Pouya, explica el hombre, le ha contado que, en su barrio de Teherán, “han establecido puestos de control”. La ciudad, añade en un mensaje por móvil la estudiante de arte Shirin, está “extremadamente vigilada, con presencia constante de fuerzas y puestos de control”.
Otro residente de la urbe, Behrouz, confirma que los bombardeos de esta jornada “han sido intensos”, pero subraya que “han golpeado de manera muy localizada los centros estratégicos”.
Este hombre se refiere a los centros del poder de la República islámica. Como el complejo del líder supremo, situado en la céntrica calle de Pasteur. El ejército israelí ha asegurado este viernes que 50 de sus bombarderos han atacado el búnker subterráneo de esas instalaciones donde el pasado sábado un bombardeo mató al líder supremo. Ali Jameneí, sin embargo, no estaba bajo tierra, sino en su oficina en la superficie, cuando Israel y Estados Unidos lo mataron. Medios israelíes aseguran que, en el bombardeo de este viernes, ha muerto Ali Asghar Hejazi, el influyente jefe de gabinete de Jameneí.
Antes de atacar ese complejo, el ejército de Israel había comunicado el inicio de una “amplia oleada” de bombardeos sobre Teherán, cuyo objetivo era la “infraestructura del régimen”. El texto aseguraba luego que este viernes se ha abierto una “nueva fase” de la guerra.

El Instituto de Estudios de la Guerra (ISW por sus siglas en inglés) de Estados Unidos cree que esa “nueva fase” a la que ha aludido este viernes el ejército israelí se centrará en “atacar los activos industriales de defensa iraníes, especialmente las instalaciones de producción de misiles”. El jueves, el ejército israelí ordenó a la población el desalojo de las zonas industriales de Abbas Abad y de Shenzar en Pakdasht, provincia de Teherán, donde están situadas, de acuerdo con el ISW, bases industriales de defensa iraní. También el jueves, Israel afirmó haber inutilizado más de 300 lanzaderas de misiles balísticos iraníes desde el inicio de los ataques.
Tanto Israel como Estados Unidos sostienen que sus bombardeos han destruido o degradado gravemente los sistemas de defensa aérea iraní, decapitado su comando y control, y limitado su capacidad de contraatacar con misiles balísticos y drones. El presidente Donald Trump ha dicho este viernes a la cadena CNN que la guerra con Irán “va mejor y más rápido de lo esperado”. Luego ha afirmado en su red social, Truth, que “no habrá acuerdo con Irán salvo rendición incondicional”.
Esta declaración triunfalista choca con el hecho de que “Irán está resistiendo por ahora”, recalca en un mensaje de correo electrónico Eldar Mamedov, investigador no residente del centro de estudios estadounidense Quincy Institute. El país, asegura este experto en Irán, da muestras de “haber aprendido las lecciones de la guerra anterior con Israel y Estados Unidos en junio de 2025 y el mando de las operaciones [militares] se ha descentralizado deliberadamente, con los comandantes repartidos por todo el país y facultados para tomar decisiones de forma autónoma”.
Este especialista cree que Irán sigue tratando de “infligir costes tales a Estados Unidos que retroceda y se conforme con llegar a un compromiso”, en lugar de esa rendición incondicional a la que les insta Trump. Para ello, está concentrando sus ataques “en los países del golfo Pérsico que albergan bases militares estadounidenses”.
Para Mamedov, la lógica es “obligar a Emiratos Árabes Unidos, Qatar y los saudíes a influir en Trump para que detenga la guerra, al mismo tiempo que ejercen presión sobre la economía global aumentando los precios del petróleo, la inflación y los tipos de interés”.
No está claro que esa estrategia iraní “vaya a funcionar”, considera el experto del Quincy Institute, que cree que “el principal factor que podría cambiar el rumbo de la guerra” es que Irán lograra causar “muchas bajas” entre los militares estadounidenses. Por el momento, esas bajas estadounidenses son seis, mientras que, en Irán, el saldo de víctimas supera ya las 1.332, según la agencia semioficial Fars.
Teherán sí ha conseguido que los Estados productores de petróleo del golfo Pérsico muestren su inquietud. El ministro de Energía de Qatar, Saad al Kaabi, ha advertido este viernes, en declaraciones al diario Financial Times, que, si los países productores de petróleo del Golfo se ven obligados a detener su producción, el crudo llegará a 150 dólares el barril, unos 130 euros. Este viernes, se vendía a algo más de 81 dólares (70 euros).
Entre el sábado y el jueves, Irán lanzó al menos 263 ataques de represalia en 14 países, incluidos todos los productores de crudo del Golfo, según datos del observatorio de conflictos ACLED. En el mismo periodo, Estados Unidos e Israel atacaron Irán al menos 398 veces. Teherán es, según ese observatorio, la provincia más afectada, junto con otras del centro, el oeste y el sur de Irán. Son las que concentran numerosas instalaciones de producción de misiles, como Isfahán (centro); o bien las que por su situación geográfica permiten atacar desde una mayor cercanía a Israel y a los Estados del Golfo.
Solo este viernes, Emiratos Árabes Unidos ha asegurado haber interceptado nueve misiles balísticos y 109 drones procedentes de Irán. Teherán ha atacado también con dos aparatos no tripulados una base militar estadounidense cerca de Erbil, en Irak. En Israel, han sonado las sirenas que alertan de la llegada de drones en el territorio palestino ocupado de Cisjordania, el también ocupado territorio sirio de los Altos del Golán y en el norte del territorio israelí. Fragmentos de metralla de un misil interceptado en el centro de Israel han herido levemente a una mujer y dañado dos edificios en la localidad de Givatayim.
Huir de Teherán
Sevak, el empleado de la agencia de viajes, relata cómo Teherán y otras ciudades de Irán están experimentando estos días una paradójica mezcla entre estampas de vida cotidiana y escenas de bombardeos y explosiones.
Por un lado, los supermercados y la compra de productos en línea siguen abiertos y funcionando gracias a la Intranet de Irán (establecida por las autoridades como alternativa a Internet). Por otro, el constante estruendo de los aviones de combate, las explosiones y los puestos de control de las fuerzas de seguridad sumen a la población en el miedo.
El agua, la electricidad y el gas siguen fluyendo y las tiendas no están desabastecidas, confirman los teheraníes que hablaron con este diario, pero los precios se han disparado. “Teherán no tiene problemas con los alimentos básicos”, dice Mehdi, experto en gestión industrial. Solo es “un poco difícil conseguir agua embotellada”, asegura este hombre, que destaca que algunos restaurantes incluso siguen abiertos.
Muchos de los habitantes de la ciudad han decidido, sin embargo, huir.
Nagmeh es una de ellas: “Hace dos días decidimos irnos de Teherán con mi esposo y mi hijo a Sari porque los bombardeos se estaban intensificando”, relata esta mujer. En el trayecto de unas cuatro horas y media de coche “había muchos puestos de control”. Las caras de los agentes “estaban cubiertas con máscaras y registraban los coches”.
“Yo estaba muy estresada, pero solo nos hicieron preguntas sobre de dónde veníamos y a dónde íbamos. En cuanto vi que se llevaban los teléfonos y los revisaban, borré todo lo que tenía sobre opositores al régimen y noticias en el extranjero”, relata esta iraní.
Otros teheraníes no han huido porque no tienen a dónde. Como Nazanín, una mujer cuya hija pequeña “tiene mucho miedo” al oír las explosiones, pero que asegura no tener dónde, a pesar de que “la situación es aterradora”. Esta mujer lamenta: “Iraníes fuera del país estén contentos [por los ataques] e incluso bailan por ellos, mientras nosotros estamos bajo bombardeos”.
En Isfahán, capital de la provincia homónima en el centro de Irán, otra de las ciudades atacadas, la ingeniera informática Nasrin asegura que los ciudadanos del país “maldicen a su régimen” por esta guerra de la que “son los únicos responsables”. En Isfahán hasta el jueves solo se oían estallidos fuera de la urbe. Este viernes las explosiones están “más cerca”.
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