Lula sopesa aplicar “la reciprocidad” a Estados Unidos tras la expulsión de un enlace policial brasileño en Florida
El trasfondo del caso atañe a un destacado bolsonarista prófugo de la justicia brasileña que pidió asilo a Trump y fue detenido por el ICE en Orlando


El presidente de Brasil ha elevado el tono de sus críticas al presidente Trump en las últimas semanas tras unos meses de fructífero acercamiento. A medida que la reunión pactada entre ambos no acaba de materializarse y las encuestas apuntan a una elección reñida, Luiz Inácio Lula da Silva multiplica los ataques verbales al republicano por su belicismo y desprecio por el multilateralismo. “Trump no tiene derecho a levantarse por la mañana y amenazar a un país”, declaró Lula en una reciente entrevista con EL PAÍS. Pero el bolsonarismo se ha vuelto a interponer en la relación entre ambos países. El último capítulo es la decisión de Estados Unidos de expulsar a un enlace policial brasileño. “Si las autoridades estadounidenses abusaron de su poder contra nuestro agente de policía, responderemos de la misma manera con los suyos”, avisó Lula este martes desde Lisboa, donde está de visita oficial.
El mandatario ha reconocido que desconoce los detalles del caso, pero ha enfatizado que Brasil no aceptará “el tipo de injerencias que algunos quieren tener”, en una referencia implícita a las maniobras del bolsonarismo para instigar ataques de Trump contra el Gobierno del izquierdista. Lula termina en Portugal un viaje europeo que le llevó también a la cumbre progresista organizada por el presidente español, Pedro Sánchez, en Barcelona y a Alemania. En el horizonte, las elecciones de octubre, en las que, salvo sorpresa, Lula se medirá con el senador Flávio Bolsonaro. Los sondeos apuntan a un empate.
La trama es tan enrevesada que conviene ir por partes. Atañe a un destacado bolsonarista prófugo de la justicia brasileña cuya extradición ha solicitado el Gobierno de Lula. Alexandre Ramagem, de 53 años, que dirigió la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) en los años Bolsonaro, fue condenado por orquestar el intento de golpe de Estado, huyó a Florida y pidió asilo político allí. Juzgado junto al expresidente Jair Bolsonaro, antes de que lo encarcelaran para cumplir una pena de 16 años burló a la justicia. Es el más relevante de los bolsonaristas huidos de la justicia que han buscado amparo en el extranjero. Usó la ABIN para espiar a adversarios políticos y difundir falsedades.
El lunes pasado Ramagem fue detenido en Orlando (Florida) por el ICE (el servicio de inmigración estadounidense). Desde Brasil, el jefe de la Policía Federal se colgó la medalla y alabó la cooperación policial entre ambos países. Pero en 48 horas, el bolsonarista recuperó la libertad. El golpista convicto dio inmediatamente las gracias a “las más altas esferas de la administración Trump”. Se jactó de que ni siquiera tuvo que ver a un juez o pagar fianza. Y ahí quedó la cosa. Otro bolsonarista a la espera de que un tribunal extranjero decida sobre destino.
Este lunes, un nuevo capítulo. El Departamento de Estado, en concreto la Oficina para los Asuntos del Hemisferio Occidental, anunció en redes sociales la expulsión del enlace policial encargado de la relación entre las autoridades brasileñas y el ICE, un veterano comisario con base en Miami. El argumento esgrimido por la diplomacia estadounidense es que “ningún extranjero puede manipular nuestro sistema de inmigración para eludir las solicitudes formales de extradición y extender la caza de brujas política al territorio estadounidense”. Brasil ya ha nombrado una sustituta del agente expulsado.
En diciembre pasado, el presidente Lula logró recomponer la relación con Trump tras una de las peores crisis bilaterales en dos siglos. El republicano emprendió una injerencia de libro, una brutal ofensiva arancelaria y de sanciones para que la justicia brasileña no sentara en el banquillo a Bolsonaro padre. Con un cóctel de diplomacia y firmeza, el brasileño logró que el magnate se olvidara de su campaña proBolsonaro y eliminara casi todos los aranceles.
El castigo tarifario fue instigado por el clan Bolsonaro, en concreto por uno de los hijos, Eduardo, que se ha autoexiliado en Estados Unidos, en Texas, para mantener contacto estrecho con la Administración Trump y con la internacional de la derecha populista. Mientras, su hermano mayor ya está en campaña electoral contra Lula y el Partido de los Trabajadores.
Ramagem, el antiguo jefe de los espías de Bolsonaro, fue juzgado y condenado junto al expresidente Bolsonaro y un puñado de generales en septiembre. Dictada la sentencia, mantuvo su cargo como diputado mientras los jueces resolvían los recursos. El Gobierno de Lula ha recordado estos días que salió de su patria de manera clandestina. Con una pena de 16 años de prisión en el horizonte, aprovechó ese lapso para fugarse.
Para despistar, este político, pero policía de profesión, votó durante semanas en remoto en las sesiones parlamentarias. Agarró el pasaporte diplomático y puso rumbo a la frontera amazónica con la vecina Guyana. De allí, a Florida, donde pidió asilo. Su esposa, también comisaria de policía, le siguió con las dos hijas comunes. Recientemente, las autoridades argentinas dieron asilo a un bolsonarista prófugo, parte de la tropa de la fracasada asonada.







































