Davos evidencia el deterioro de la posición internacional de EE UU
El Foro Económico Mundial muestra cómo la política de Trump aleja a los aliados tradicionales, regalando espacio a China y cosechando nuevos apoyos marginales


La imagen sobre el escenario de Davos fue de una claridad cristalina. Estados Unidos, la primera potencia mundial, el país que configuró la más formidable red de alianzas de la historia y que, también gracias a ella, pudo desplegar un asombroso nivel de hegemonía, presentó ante los ricos y poderosos de la Tierra reunidos en la localidad suiza un nuevo proyecto diplomático internacional, flanqueado por una veintena de líderes: entre ellos no estaba ninguno de sus grandes aliados, ninguna de las democracias avanzadas, ninguna de las mayores economías del mundo. Se trató de un emblema de lo que Davos ha hecho evidente: el deterioro de la posición internacional de Estados Unidos, el rápido avance hacia el suicidio geopolítico que consiste en dinamitar la red de alianzas y fomentar los resentimientos a base de desenfrenados abusos y humillaciones.
Sobre el escenario de Davos acompañaron la performance de Donald Trump —la ya tradicional retahíla de argumentos de autoelogio— líderes como Javier Milei, Viktor Orbán, o los mandatarios de Indonesia, Pakistán, Mongolia, Qatar, Kazajistán, Azerbaiyán, Armenia o Paraguay, y ministros de Exteriores de Marruecos y Turquía entre otros. “Me gusta esta gente. Normalmente, siempre hay dos o tres que no me gustan. Pero me gusta cada uno de ellos. Son grandes personas. Grandes líderes. La Junta de Paz está compuesta por líderes, los mayores líderes del mundo de hecho”, dijo Trump.
Pero el anecdotario de Davos va más allá de la escena descrita. Aliados tradicionales como Canadá y Francia mostraron con claridad a través de sus líderes un firme rechazo a las políticas de Estados Unidos. Mark Carney pronunció un rotundo llamado a constituir redes de resistencia entre países que no comparten los planteamientos de la fuerza bruta. Emmanuel Macron dijo que prefiere “el respeto a los abusones, la ciencia al conspiracionismo”. Ambos se llevaron críticas de Trump, evidentemente molesto. El Elíseo respondió con un troleo de fake news a unas falsas alegaciones pronunciadas por el líder estadounidense en el estrado de Davos.
Aunque los países de la UE no llegan a configurar un verdadero frente unido de oposición al trumpismo, las amenazas sobre Groenlandia concitaron un rechazo tangible que, junto a la reacción de los mercados y la reticencia de sectores del propio Partido Republicano consiguieron que Trump renunciara a la opción de conquista violenta y retirara la amenaza de aranceles. No es posible saber qué hará en el futuro, pero el viraje de Davos es significativo.
El nivel de animosidad es tal que, según han reportado el diario Financial Times y la agencia Reuters, una de las habituales cenas de trabajo que se desarrollan en el complejo que acoge el Foro Económico Mundial terminó de forma escandalosa, con abucheos ante la embestida crítica del secretario de Comercio de EE UU, Howard Lutnick, contra los europeos, y la posterior salida de la sala de la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde.

Por otra parte, no cabe duda de que China está consiguiendo ganar terreno en su afán en perfilarse como el actor responsable en la mesa. Sus dirigentes tratan desde hace años de subrayar que son un socio fiable a la hora de defender marcos multilaterales basados en reglas y el libre comercio. El viceprimer ministro chino, He Lifeng, insistió en esa carta. Y si bien a nadie se le escapa que China no respeta el derecho internacional cuando no le interesa —como en el caso del fallo negativo sobre una disputa marítima con Filipinas— y que hay una creciente preocupación por el excedente de capacidad de producción desarrollada con grandes subsidios y que trata de inundar otros mercados tras la guerra arancelaria de Trump, la realidad es que muchos países miran con nuevos ojos a China. La imprevisibilidad y arrogancia de los EE UU de Trump incitan a buscar relaciones estables con la otra superpotencia.
Por otra parte, China también puede aprovechar el vacío que Estados Unidos está dejando a pasos agigantados en varias instituciones internacionales, abriendo la oportunidad para sus adversarios de incrementar ahí su influencia.
Naturalmente, EE UU retiene extraordinarios resortes de poder, desde el gran poderío de sus Fuerzas Armadas hasta el músculo y la innovación de sus grandes empresas. Esos activos y las persistentes dependencias hacen que muchos guarden las formas. El canciller alemán, Friedrich Merz, por ejemplo, animó este jueves en Davos a no desechar la OTAN, a tratar de mantenerla sólida y funcional. No obstante, todo el resto del discurso fue un clarísimo llamado a construir la independencia europea. Merz se declaró además determinado a perseguir el fortalecimiento militar de su país. Consciente de las lecciones históricas del militarismo alemán, exhortó a embridar este empuje de defensa en marcos compartidos.
El deterioro puede tener una derivada también en el ámbito tecnológico. Si bien varias compañías estadounidenses se hallan en la vanguardia de los desarrollos cruciales de nuestro tiempo, la desconfianza hacia Trump y la cercanía de varias de ellas con el movimiento MAGA (Make America Great Again) puede resultar en ventaja comparativa para productos chinos en el futuro, especialmente en el segmento de los modelos de lenguaje de IA.
Las plataformas abiertas por la cuales ha apostado China representan una oferta competitiva con respecto a las cerradas de EE UU. Si bien es evidente que estas no despiertan confianza a la vista de las características del régimen bajo cuya tutela están asentadas, también es evidente que el recorrido político de Elon Musk —presente en Davos— o las ideas de Peter Thiel, presidente de Palantir, pesan sobre su proyección. Palantir dispone de un contrato con el Pentágono por valor de 10.000 millones de dólares para desarrollar sistemas de IA o software que producen mucha inquietud. Su caseta en la Promenade de Davos se sitúa, casualmente, justo en frente de la USA House, a su vez decorada con un logo del águila estadounidense que transmite una fuerte sensación de agresividad depredadora.
En el fondo, según señaló el primer ministro canadiense, Mark Carney, subyace la perspectiva de que la fuerza hegemónica que quiera extraer ventajas de su posición de forma brutalmente abusiva se expone al claro riesgo del progresivo declive de su capacidad extractiva. Por un motivo muy sencillo: los demás, si consiguen no ser del todo subyugados, pueden reorganizarse, hacerse menos dependientes, más fuertes, más resistentes. La cooperación suele ser el camino más eficaz, señaló el primer ministro canadiense, en un discurso saludado con una ovación en pie. El de Trump acabó con un modesto aplauso de circunstancias.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































