Maggie Smith, escritora: “Aún se espera que quienes se ausenten del trabajo cuando sus hijos están enfermos sean las madres”
A partir de su experiencia, la poeta estadounidense desarrolla en su libro ‘Podrías hacer de esto algo bonito’ profundas reflexiones sobre el divorcio cuando hay hijos menores de por medio y sobre la precaria situación de la mujer-madre


Una noche, mientras escribía, la poeta y escritora Maggie Smith (Columbus, Estados Unidos, 49 años) reparó en el maletín de su marido, abierto encima de la mesa del comedor. Atraída por ese descubrimiento, se acercó a él, hurgó entre las carpetas y blocs de notas, y encontró una postal dirigida a una mujer que vivía en la ciudad que él había visitado últimamente por trabajo. El descubrimiento de esa —en aquel momento hipotética— infidelidad fue el principio del fin de su matrimonio y de la familia que habían creado juntos.
“Tengo una mamá que me quiere y tengo un papá que me quiere. Pero no tengo una familia”, cuenta Smith que dijo su hijo pequeño. Lo hace en las páginas de Podrías hacer de esto algo bonito (publicado en 2023), un libro íntimo y poético, único, traducido al español por Libros del Asteroide en 2025 y éxito de ventas en The New York Times —sus demás publicaciones son poemarios—, que nace de aquel divorcio, pero que es, sobre todo, el relato de un renacimiento, de cómo una mujer se vuelve a reconstruir desde las cenizas de un matrimonio aparentemente perfecto que resultó fallido. Por el medio, duras y preciosas reflexiones sobre lo que implican estas situaciones cuando existen dos hijos menores de edad en mitad de la contienda; y también valientes meditaciones sobre la precaria situación de la mujer–madre incluso en el seno de las parejas supuestamente más igualitarias.
PREGUNTA. Cuando ocurrió su divorcio, usted era una mujer joven, independiente y profesional, con dos hijos, en una relación aparentemente moderna en un país avanzado...
RESPUESTA. Esa fue sin duda mi experiencia, y lo veo en muchísimas relaciones. Lo que observo es que hay muchas familias que son “progresistas” en el sentido de que tienen dos padres que trabajan, con sus propios sueños y metas, pero a menudo no son tan progresistas como parecen. Con demasiada frecuencia, en las parejas heterosexuales, la mujer sigue asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de los cuidados, independientemente de lo exigente o bien remunerado que sea su trabajo fuera de casa.
P. ¿Por qué cree que, pese a los avances, las mujeres siguen cargando de manera mayoritaria con los cuidados de los hijos y con las cargas mentales relacionadas con la familia?
R. Eso es el patriarcado en funcionamiento, y está tan incrustado en la cultura estadounidense —y en muchas otras culturas— que a menudo ni siquiera nos damos cuenta del desequilibrio hasta que alguien lo señala. Creo que muchas veces modelamos nuestras familias a partir de lo que conocemos y de lo que vemos, así que, si nos crió una madre que asumía la mayor parte de los trabajos domésticos de cocina, limpieza y cuidados, es más probable que, incluso de manera inconsciente, asumamos esos mismos roles en nuestros hogares. Si vemos en el cine y en la televisión que las madres son las principales cuidadoras, eso también nos influye a todos, especialmente mientras crecemos. Ahora soy muy consciente del ejemplo que estoy dando a mis propios hijos y de los ejemplos que ellos ven en la cultura popular.
P. Además, en su caso era autónoma, ¿cuesta más en esas circunstancias que se tomen en serio su trabajo y sus necesidades laborales?
R. Sí, creo que es así, y probablemente aún más cuando tu campo es el de las artes. Yo también ganaba menos que mi marido cuando estaba casada, así que mi trabajo era menos valioso para nuestra familia. Pero, para ser clara, he hablado con mujeres que ganan más que sus maridos y que trabajan fuera de casa, y que aun así se espera que se ausenten del trabajo cuando sus hijos están enfermos o durante las vacaciones escolares. Sigue siendo la madre por defecto, independientemente de su situación profesional o de su poder adquisitivo.
P. En la traducción al español de su libro, se dirige directamente de forma puntual a una lectora mujer.
R. Es interesante, porque en inglés el lector simplemente es interpelado como “tú”. No me dirigía en particular a las mujeres. Dicho esto, creo que es muy importante que los hombres se impliquen en estos temas.
P. ¿También que se acerquen a relatos como el suyo?
R. He sabido de hombres que leyeron las memorias y que se sintieron inspirados a tener conversaciones importantes con sus esposas sobre el equilibrio de poder en sus relaciones. ¿Quién cocina más? ¿Quién lleva a los niños a sus actividades? ¿Quién se pide días libres cuando un hijo está enfermo o no tiene colegio? Tener estas conversaciones es fundamental para que ambos miembros de la pareja se sientan vistos, escuchados y comprendidos. Ojalá este libro haya sido y sea una llamada de atención para algunas parejas, para que puedan hacer cambios antes de que sea demasiado tarde. También espero que muestre a las personas divorciadas, independientemente de su género, que aún queda mucha belleza por venir. En la vida no hay solo segundas oportunidades, sino terceras, cuartas, y así sucesivamente. Mientras sigamos respirando, tenemos el poder de cambiar nuestras vidas.
P. ¿Qué ha sacado usted de valioso, como mujer y como madre, de esta situación?
R. Creo que, en el fondo, lo más importante que he sacado ha sido el hecho de asumir la responsabilidad de mi propia vida: no delegar mi felicidad, mi estabilidad, mi sentido de identidad o mi esperanza en el futuro en alguien o en algo más. Esa ha sido para mí la gran lección de la mediana edad y del final de mi matrimonio: que mi vida es mía y que no puedo ser una pasajera en ella. Tengo que ser la conductora. Eso no significa hacerlo todo sola ni volverme hiperindependiente, ni mucho menos. Hoy tengo una familia, una pareja y una comunidad, y esas relaciones son muy importantes para mí. Me sostienen, sinceramente. Creo que lo fundamental es encontrar un equilibrio entre tomar las riendas de tu vida e invitar a otras personas a formar parte de esa vida y de las decisiones que tomas.
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