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Divorcios
Opinión

Cinco claves para proteger la salud emocional de los hijos tras un divorcio

Es importante transformar una ruptura en un proceso de cuidado, acompañamiento y escucha, de forma que se validen y sostengan los sentimientos de los niños sin olvidar el autocuidado de los adultos

Ante una ruptura de los padres, el niño necesita sentir que se le permite experimentar el dolor y expresar sus emociones.Fuse (Getty Images)

Cuando una pareja decide separarse tras años de desgaste y conflictos, toda la familia se ve sacudida por un terremoto emocional. Los adultos enfrentan el duelo del final de la relación, mientras los hijos perciben confusión, miedo y tristeza, aunque no siempre sepan poner palabras a esos sentimientos. Entender cómo afecta esta ruptura y cómo acompañar a cada miembro de la familia se vuelve clave para transformar un momento doloroso en una oportunidad de reconexión, resiliencia y crecimiento emocional compartido.

Para un menor, que sus padres se separen representa un cambio profundo en su mundo afectivo y una transformación significativa en su vida cotidiana. A partir de ese momento, nada será igual, y deberá aprender a adaptarse a vivir en dos hogares, reorganizando su rutina, sus relaciones y su sensación de seguridad. Un proceso complejo que puede llevarle tiempo y que requerirá acompañamiento, comprensión y estabilidad emocional para que el niño pueda integrarlo de manera saludable.

Sin duda, resulta mucho más beneficioso para los hijos que una pareja se separe de manera respetuosa, consciente y responsable, que permanecer en un hogar donde los adultos conviven en un clima de enfrentamiento continuo y conflicto constante. Cada niño es único y, en función de su edad, su personalidad y la forma en que sus progenitores gestionen la separación, pueden aparecer emociones como inseguridad, miedo, tristeza, rabia e incluso sentimientos de culpa. Acompañar estas reacciones con apoyo emocional, estabilidad y comunicación abierta será clave para favorecer su bienestar y su adecuada adaptación a la nueva realidad familiar.

Pueden aparecer también conductas regresivas, como la pérdida del control de esfínteres nocturnos, el deseo de dormir con papá o mamá, un aumento de las rabietas y la ansiedad por separación. Además, pueden observarse alteraciones en los patrones de sueño y alimentación, quejas somáticas, descenso del rendimiento escolar, conductas de riesgo, incremento de la agresividad o actitudes de menosprecio hacia alguno de los progenitores.

A pesar de las circunstancias, el objetivo principal de ambos padres debe ser garantizar el bienestar de sus hijos. Para ello, es fundamental que sean capaces de priorizar sus necesidades emocionales y evolutivas, buscando acuerdos que favorezcan a ambas partes y, sobre todo, que proporcionen estabilidad y seguridad al menor. Esto implica dejar a un lado los rencores, los conflictos no resueltos y los asuntos pendientes de la relación de pareja, entendiendo que, aunque el vínculo conyugal haya terminado, la responsabilidad compartida como padres continúa. Una comunicación respetuosa y una actitud colaborativa serán clave para acompañar a los hijos de la mejor manera posible en este proceso de cambio.

A continuación, cinco claves para acompañar emocionalmente a los hijos durante la separación:

  1. Siempre que sea posible, la noticia de la separación debe ser comunicada de manera conjunta por ambos progenitores, ofreciendo al niño un relato coherente, claro y adaptado a su edad. Es fundamental permitir que el menor exprese todas las dudas y preguntas que necesite, y asegurarse de que comprende que no es responsable de la ruptura y que entienda los motivos de la decisión. La falta de información o la transmisión de mensajes contradictorios puede generarle confusión, inseguridad, desconfianza y un importante malestar emocional.
  2. Será fundamental que comprenda que la separación no modifica el amor que sus padres sienten por él y que ambos continuarán a su lado, cuidándolo y protegiéndolo. Resulta igualmente fundamental transmitirle estabilidad y continuidad en sus rutinas cotidianas, ya que estas le aportan seguridad y previsibilidad. Del mismo modo, evitar las discusiones, los reproches o los desacreditamientos delante del menor contribuirá a preservar su bienestar emocional, reforzar su sensación de seguridad y facilitar una adaptación más saludable a la nueva situación familiar.
  3. El niño necesita sentir que se le permite experimentar el dolor y expresar sus emociones con libertad. Es fundamental que sepa que puede sentirse triste, enfadado o inseguro, y que dispone de un espacio seguro en el que compartir su malestar sin miedo a ser juzgado o castigado. La escucha activa, la comprensión y la validación emocional por parte de los adultos le ayudarán a sentirse acompañado y comprendido, favoreciendo el desarrollo de una adecuada regulación emocional y contribuyendo a la reducción de su ansiedad.
  4. Los progenitores deben estar especialmente atentos a los posibles síntomas emocionales, físicos, sociales o conductuales que su hijo pueda manifestar. Detectar estas manifestaciones de forma temprana permitirá ofrecer una respuesta adecuada, brindarle apoyo, comprensión y, si fuera necesario, solicitar orientación profesional para acompañarlo de manera adecuada.
  5. Un aspecto fundamental, y a menudo olvidado, en los procesos de separación es el cuidado emocional de los propios progenitores. Los adultos atraviesan su propio duelo: frustración, culpa, enfado o miedo al futuro. Pretender acompañar emocionalmente a los hijos sin atender primero el propio malestar puede resultar contraproducente. Cuando los progenitores se permiten reconocer sus emociones, pedir ayuda y apoyarse en su red familiar y social o profesional, no solo se protegen a sí mismos, sino que ofrecen a sus hijos un modelo sano de afrontamiento emocional. El autocuidado no es egoísmo, sino una necesidad.

La separación de una pareja supone, sin duda, un proceso doloroso y complejo, pero no tiene por qué convertirse en una experiencia traumática para los hijos. Cuando los adultos actúan desde la responsabilidad, el respeto y la cooperación, es posible transformar este momento de crisis en una oportunidad para construir una nueva forma de familia también basada en el cuidado, la seguridad emocional y el amor incondicional hacia los hijos.

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