Eva Medina, psicóloga y escritora: “Mejor criar con menos ayudas y tranquilidad que con apoyos que pueden ser invasiones”
La terapeuta publica su primer libro, ‘Crear, Crecer, Criar. La crianza que creo’, en el que ofrece un enfoque valiente desde su experiencia como madre y profesional de la psicología que ha vivido una infancia con abusos


Reinventarse como persona y madre asumiendo sombras como las heridas de la propia niñez, los miedos, la culpa o la autoexigencia a través del autoconocimiento es lo que propone Eva Medina (Madrid, 51 años), psicóloga especialista en psicoterapia humanista integrativa y escritora. “Necesitamos hacer nuestro propio proceso de desarrollo personal para trabajar con las heridas de la infancia y aprender a acompañarnos para poder llevarlo a cabo también con nuestros hijos e hijas durante su crecimiento”, afirma quien acaba de publicar su primer libro, Crear, Creer, Criar. La crianza que creo (Desclée De Brouwer, 2025). En esta obra, aborda la maternidad desde la vulnerabilidad y la imperfección de una etapa en la que afloran inseguridades y miedos y desde su experiencia como madre y profesional de la psicología que ha vivido una infancia con abusos.
“Es fundamental reconocer como padres que a veces estamos equivocados. Así mostramos que somos humanos y transmitimos el permiso a equivocarse como algo natural y que facilita la vida y las relaciones”, agrega la también madre de un niño de nueve años.
PREGUNTA. ¿Cómo y por qué surgió la idea del libro?
RESPUESTA. Desde niña escribir ha sido para mí vital. Encontré en la escritura el refugio que necesitaba para volcar todo lo que sucedía en mi entorno, y sobre todo lo que ocurría en mi mundo interno, con eso que yo veía que sucedía fuera. Cuando fui madre, sentí de una manera clara que ese era el tema sobre el que quería escribir mi primer libro, porque lo que más me ha movido en toda mi carrera profesional es aportar mi grano de arena para que las familias sean más felices o encuentren un mayor bienestar en sus vidas.
P. Habla de reinventar la maternidad o paternidad. ¿Cómo se puede conseguir?
R. Con creatividad fundamentalmente. Aprendiendo a mirar en nuestro interior y, desde ahí, ir descubriendo qué nos hace felices, cómo queremos ir construyendo día a día esa familia que estamos creando. Se puede hacer. Según mi experiencia, en general, es duro caminar sin haber tenido guías sanos. Pero en estos casos hay mucha amplitud a la hora de crear una nueva maternidad, porque es como un lienzo en blanco sobre el que podemos ir experimentando y probando cosas diferentes e ir viendo cuáles nos sirven y queremos para nosotros y cuáles no.
P. El maltrato por parte de los padres en la niñez suele ser para algunas personas algo insalvable que trunca su propia decisión de tener hijos, pero por supuesto hay casos en que no es así. ¿Puede una niña maltratada ser una buena madre en el futuro?
R. Por supuesto que sí. Con más dudas e inseguridades, miedos, exigencia, sentimientos de culpabilidad. Pero claro que se puede. Necesitamos hacer nuestro propio proceso de desarrollo personal para trabajar con las heridas de la infancia y aprender a acompañarnos y, desde ahí, podemos hacerlo también con nuestros hijos e hijas en su crecimiento. Aunque es probable que nos cueste mucho más esfuerzo que quienes han tenido infancias más fáciles.
P. A lo largo del libro habla sobre el sentimiento de sacrificio y resignación con los hijos. ¿Cómo cree que repercute en los progenitores y la familia?
R. Es peligroso, ya que se transmite a los hijos e hijas la idea de que son una carga o molestia y les enseña a vivir de esa forma. Es importante poder revisarnos para, en la medida de lo posible, ir encontrando maneras lo más sanas y libres de sacrificio posible para criar. Por ejemplo, en el juego podemos encontrar una buena manera de hacerlo, disfrutando nosotros a la vez que les acompañamos.

P. ¿Por qué nos solemos sentir culpables cuando compaginamos maternidad o paternidad con el trabajo? Sobre todo durante los primeros meses de vida del niño.
R. Me he encontrado con varias mujeres que, en realidad, lo que quieren durante los primeros años es estar con sus hijos e hijas, y cuando toman la decisión de hacer cambios en su vida para poder estar más tiempo presentes en la crianza todo se calma dentro y fuera de ellas. También hay casos donde estar tanto tiempo con los niños satura y agobia, por lo que las mujeres quieren compaginarlo con la profesión, y se puede encontrar un equilibrio. Yo creo que los casos más difíciles son en los que no se puede elegir y hay que trabajar sí o sí, por necesidad o por falta de conciencia para poder tomar la decisión de elegir cómo hacerlo. Por eso, creo que en esta etapa es tan importante parar a mirar adentro y ver qué está sucediendo, y, desde ahí, poder abordar los sentimientos que se desencadenan y las posibles decisiones que queremos y podemos tomar o no.
P. ¿Cree que en la crianza más vale solo que mal acompañado?
R. En mi opinión sí, y por lo que me cuentan las familias, también. Mejor criar con menos ayudas y más tranquilidad que con supuestos apoyos que se convierten en invasiones. También es cierto que tener red de apoyo familiar, aunque no hagan lo que queremos, puede suponer un respiro y un desahogo para las parejas que, a veces, viene bien aprovechar.
P. ¿Cómo definiría un vínculo sano con los hijos?
R. Creo que lo más saludable posible es tratar a los hijos e hijas con amor y respeto, como nos gusta ser tratados a nosotros, aprender cada día a darles lo mejor posible en cuanto a acompañamiento emocional, porque en general existe mucho vacío en este sentido. Y, cuando nos equivocamos o les damos un trato inadecuado (faltas de respeto, gritos, amenazas, castigos) y nos damos cuenta del error que hemos cometido, nos podemos disculpar.
P. ¿Por qué cree que los progenitores suelen tender a compararse con otros modelos de crianza que consideran mejores y así desvalorizan lo que ellos hacen?
R. Lo hacemos a menudo. Tal vez se nos ha enseñado poco a validar nuestra manera de hacer las cosas. Parece que hay una cultura de sobrevalorar lo que hacen los demás e infravalorar lo nuestro, cuando, en realidad, no hay maneras mejores ni peores, y en la crianza, nos necesitamos y aportamos entre todo. Así podemos ir construyendo la red de apoyos que necesitamos.
P. Con respecto al rol del padre en la familia. ¿Cuál cree que debería ser para que resulte equilibrado y quede bien definida su función?
R. Durante los primeros años de vida del bebé, el papel fundamental del padre es sostener a la madre para que pueda ocuparse de los cuidados principales. Así puede sentirse acompañada, ya que esos primeros años, a veces, son muy difíciles y nos ponen de frente con nuestras heridas. Necesitamos automaternarnos y también a nuestros hijos e hijas. El padre puede ser el sostenedor de la díada, acompañando sin interferir, respetando lo que la madre siente que necesita hacer. Por ejemplo, con la lactancia o el sueño. En esta primera etapa de la crianza, solemos estar más conectadas a los bebés, que es lo natural y sano. Necesitamos sentir el apoyo y la validación del padre para vivir esta etapa de la mejor manera posible.
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