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Crianza
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Claves para una crianza consciente sin errores: coherencia, comprensión y diálogo

Este enfoque educativo pone el acento en la presencia y el afecto y propone establecer límites y responsabilidades a los niños de manera firme, pero respetuosa, favoreciendo la buena convivencia en el hogar

Crianza consciente

El ritmo acelerado, el estrés cotidiano y la sobrecarga de información pueden llevar a muchos adultos a distanciarse de lo que realmente importa: la conexión con sus hijos. Las exigencias laborales, las prisas constantes y las dificultades para equilibrar la vida personal y familiar reducen los momentos para detenerse, escuchar y acompañar con conciencia. Como resultado, el día a día puede convertirse en una sucesión de obligaciones que deja poco espacio para disfrutar de tiempo de calidad en familia y fortalecer un vínculo emocional esencial para que los niños crezcan de manera segura y equilibrada.

En este contexto, resulta fundamental recuperar una forma de educar basada en la presencia. Para las madres y padres, estar presentes no significa simplemente pasar mucho tiempo junto a sus hijos, sino implicarse emocionalmente, prestar atención a sus emociones y ayudarles a gestionarlas, acompañar sus dudas y reconocer sus logros. La implicación consciente se convierte así en un sostén que transmite seguridad, calma y confianza, y que permite a los menores construir una base emocional sólida desde la cual relacionarse con el mundo.

Los beneficios de la crianza consciente para las familias son numerosos y van más allá de la idea de alcanzar la perfección. Este enfoque educativo pone el acento en la presencia y el afecto: invita a los adultos a prestar atención real a sus hijos y también a sus propias reacciones, actuando desde la comprensión y no desde el automatismo. Cuando las familias educan desde la presencia, los niños se sienten queridos, comprendidos y valorados, lo que fortalece la relación y favorece la construcción de un apego seguro. Este tipo de acompañamiento favorece también la regulación emocional, ya que permite que el adulto responda con mayor calma y sea consciente de sus propias necesidades y estados de ánimo. De esta manera, se convierte en el mejor modelo de gestión emocional para el niño, guiándolo en la identificación y el manejo de las emociones con mayor seguridad.

Este enfoque propone establecer límites y responsabilidades en el hogar de manera firme, pero respetuosa, lo que contribuye a reducir los conflictos cotidianos y el estrés familiar, a la vez que evita los gritos y los castigos innecesarios. Invita también a vivir la crianza con una actitud de atención plena, favoreciendo actuar con mayor claridad, coherencia y tranquilidad, y evitando tensiones que no aportan bienestar a la dinámica familiar.

Aunque la crianza consciente aporta numerosos beneficios, muchas familias se encuentran con dificultades que, sin darse cuenta, pueden alejarlas de este enfoque. Uno de los errores más frecuentes es intentar aplicar la conciencia desde la prisa. Cuando el día está repleto de tareas, el cansancio se acumula y el estrés domina las rutinas, es fácil reaccionar de manera impulsiva, alzar la voz o imponer normas sin coherencia. Esta falta de pausa desconecta al adulto de su propia regulación emocional y le hace actuar o tomar decisiones de forma precipitada.

Otro error habitual es confundir el respeto con la permisividad. En el intento de evitar conflictos se puede obviar la importancia de los límites. Ceder por cansancio o por miedo a frustrar al niño no solo genera confusión, sino que transmite la idea de que las normas pueden cambiar según el estado de ánimo del adulto. Así, lejos de fortalecerse la autonomía del pequeño, se alimenta su inseguridad y dificulta su desarrollo de la tolerancia a la frustración.

También resulta común caer en el exceso contrario: la rigidez. Cuando las normas se aplican sin flexibilidad, sin tener en cuenta el momento emocional del niño o las circunstancias, la convivencia se vuelve tensa y se debilita el vínculo. La crianza consciente no busca obediencia ciega, sino coherencia, comprensión y diálogo. Un límite firme, pero empático, es más eficaz que una regla impuesta desde la fuerza o el miedo.

Otra práctica habitual que puede generar confusión es educar desde el discurso y no desde el ejemplo. Hablar de calma mientras se grita, pedir respeto mientras se responde con impaciencia o exigir responsabilidad sin mostrarla en el día a día envía mensajes contradictorios. Los niños aprenden mucho más de lo que observan que de lo que escuchan, por lo que la coherencia entre palabra y acción es un pilar esencial de este enfoque educativo.

Finalmente, una dificultad habitual en las familias es olvidarse del autocuidado. Educar conscientemente requiere energía emocional, atención y grandes dosis de paciencia. Cuando el adulto no mantiene unos hábitos saludables, está estresado o no descansa lo suficiente es más difícil conectar con los hijos desde la presencia. Cuidarse no es un acto egoísta, sino una necesidad para sostener una crianza estable, cálida y coherente.

La crianza consciente no exige perfección, sino presencia. Cuando las familias se detienen, escuchan y acompañan con empatía, los niños crecen sintiéndose queridos, seguros y comprendidos. Educar desde la calma y la coherencia no elimina los desafíos, pero permite afrontarlos con mayor conexión y coherencia. Al final, la presencia emocional de los adultos se convierte en el pilar que sostiene un hogar donde los hijos pueden desarrollarse con confianza y amor. En conjunto, la crianza consciente se presenta como una vía para fortalecer la relación familiar, favorecer el desarrollo emocional de los menores y promover dinámicas más saludables y equilibradas en el hogar.

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Sobre la firma

Sonia López Iglesias
Psicopedagoga, maestra y conferenciante. Especialista en educación emocional, comunicación y adolescencia. Colaboradora en diferentes portales educativos y en Club de las Malasmadres como experta en educación. Autora del libro 'El privilegio de vivir con un adolescente' (2023).
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