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La dureza de la represión en Irán sofoca las protestas mientras el Gobierno dice tener la situación “controlada”

Teherán se muestra dispuesto a negociar con EE UU y a restablecer internet. Cientos de manifestantes han muerto

Un manifestante sostiene una foto en llamas del líder supremo de Irán en una protesta en apoyo del pueblo iraní en Londres, el domingo. Foto: Chris J Ratcliffe (REUTERS) | Vídeo: EPV

La dureza de la represión en Irán ha reducido la intensidad de las protestas y este lunes el Gobierno busca pasar página. Después de cuatro días de corte de las comunicaciones, acompañados de informaciones que apuntan a la muerte de cientos de ciudadanos, los dirigentes de la República Islámica aseguran haber recuperado “el control” de la situación.

Durante un encuentro con diplomáticos extranjeros, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, ha declarado este lunes que las autoridades están dispuestas a devolver la conexión a internet en el país y a negociar con EE UU, según reporta la cadena catarí Al Jazeera, la única gran emisora internacional que ha podido emitir desde Teherán durante la suspensión de comunicaciones.

El presidente estadounidense, Donald Trump, reiteró el domingo la posibilidad de golpear a Teherán como supuesto castigo por el derramamiento de sangre ocurrido en las concentraciones, pero varios analistas barajan la posibilidad de que la desestabilización de Irán derive en una negociación por un nuevo acuerdo nuclear que imponga condiciones —como el abandono del enriquecimiento de uranio— que el ejecutivo iraní veía hasta ahora inaceptables.

Las palabras de Araghchi, que asegura que los disturbios buscaban dar “una excusa” para la intervención estadounidense y que la situación está ahora “totalmente bajo control”, parecen parte de un intento de dejar atrás uno de los peores episodios del país en los últimos años. En paralelo, el Gobierno decretó en la noche del domingo tres días de duelo nacional para llorar las muertes sucedidas en las protestas, que el régimen vincula a la mano de “alborotadores” o “terroristas” impulsados por EE UU e Israel. Al mismo tiempo, varias ciudades del país, incluida Teherán, acogen este lunes concentraciones masivas por parte de los partidarios del régimen, que defienden la legitimidad de las autoridades —que muchos iraníes ven en horas bajas— y protestan contra la supuesta injerencia extranjera en los disturbios.

El cambio de actitud de las autoridades coincide con el enfriamiento de las protestas. El periodista Tohid Asadi, que informa para Al Jazeera desde la capital iraní, aseguró la mañana de este lunes que existe un gran despliegue policial en las calles del país y que la tensión sobre el terreno ha desescalado en comparación con el jueves. En aquella jornada, varias fuentes informaban sobre una situación descontrolada que incluía aparentes tiroteos indiscriminados por parte de las autoridades.

La cadena británica BBC, con contactos en el interior del país, apunta en la misma dirección y cita varias fuentes que indican que las protestas han continuado durante la noche del domingo, “aunque a un nivel reducido” si se compara con las jornadas anteriores. Los ciudadanos, a los que la cadena no identifica por motivos de seguridad, relacionan la menor movilización con el miedo de los manifestantes hacia la campaña represiva por parte de las autoridades.

Distintos grupos de derechos humanos aseguran que cientos de personas han muerto a causa de la violencia policial. La organización Human Rights Activists News Agency (HRANA, por sus siglas en inglés), con sede en EE UU, ha verificado la muerte de 572 personas —69, agentes de seguridad; el resto, manifestantes— durante dos semanas de protestas, y afirma estar comprobando otras más. El grupo también contabiliza 10.694 detenciones, según sus registros actualizados este lunes. Esos datos son consistentes con las informaciones que han podido recabar varios testigos.

La familia de una de las víctimas aseguró encontrarse con “centenares de cuerpos” en una morgue de la capital, según declaró a Derechos Humanos en Irán (IHR) la madre de una estudiante tiroteada. Fuentes contactadas por la BBC el domingo contaron 180 bolsas en una sola morgue cercana a Teherán, donde se acumulan familias rotas que buscan dar con sus seres queridos. “Las calles están llenas de sangre”, dijeron las fuentes, añadiendo que los trabajadores municipales se apresuran a limpiar las calles antes de que salga el sol.

Amortiguar el golpe

Desde el inicio de las protestas a finales de diciembre, que tenían como origen el enfado por el colapso económico de país, las autoridades iraníes han incrementado la violencia sobre los manifestantes. El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, denunció la existencia de “saboteadores” y exigió que se les pusiera “en su sitio”. Expresiones similares por parte de los responsables de los estamentos de seguridad y de justicia hicieron temer una oleada represiva como las que en 2019 y 2022 sofocaron, mediante centenares de muertos, a las movilizaciones que pedían el fin de la República Islámica.

Los presagios se materializaron la noche del jueves. Tras 12 días de movilizaciones en decenas de municipios, las autoridades sumieron Irán en la oscuridad informativa y dejaron de lado la contención. Hasta ese momento, grupos iraníes de derechos humanos registraban 45 muertos durante casi dos semanas de manifestaciones. Menos de 100 horas después, la cifra de víctimas confirmadas es 12 veces mayor.

Este lunes, tras haber amortiguado las protestas, los mandatarios iraníes tratan de conseguir el pleno control de la situación a nivel doméstico e internacional. El ministro de Exteriores ha indicado que Irán está preparado “para la guerra” pero que lo está todavía más para el diálogo, y el portavoz del ministerio, Esmaeil Baghaei, ha asegurado que existen líneas de comunicación abiertas con EE UU.

Esto ocurre después de que Trump indicara el domingo, a bordo del Air Force One, que la Casa Blanca estudia distintas agresiones “fuertes” sobre Irán como respuesta a la matanza de civiles. El presidente, que antes había alertado que EE UU estaba preparado para “ayudar” a Irán en su búsqueda por la “libertad”, aseguró durante el mismo vuelo que las autoridades iraníes se habían puesto en contacto con él porque “quieren negociar”.

A nivel local, el Gobierno ha convocado este lunes concentraciones a las que han acudido decenas de miles de partidarios del régimen en un intento de sacar músculo, a juzgar por las imágenes aéreas retransmitidas por la Radiodifusión de la República Islámica de Irán. Según agencias de noticias estatales, las manifestaciones buscan “condenar” la quema de comercios, mezquitas o vehículos, así como rechazar la acción de supuestos agentes de Washington y de la inteligencia israelí, a quienes se culpa de las “decenas” de muertes —según esas agencias— sucedidas durante los disturbios. “Hasta ahora, este tipo de violencia solo se había visto por parte de los terroristas de Estado Islámico criados por EE UU”, decía el comunicado oficial que convocó la movilización. Press TV, una emisora estatal emitida en el extranjero, asegura este lunes que la concentración en la capital cuenta con “millones” de asistentes.

Aunque la movilización de iraníes de toda condición pareció abocar la República Islámica al precipicio durante los últimos días, el régimen aún se mantiene en pie sobre raíces significativas. En un país con 90 millones de residentes, algunos analistas señalan los 13 millones de votos que en 2024 apostaron por el candidato presidencial del ala dura, Saeed Jalili, como un indicativo de la bolsa de partidarios del statu quo.

Otro elemento radica en la cohesión que hasta ahora han mostrado las fuerzas de seguridad. Karim Sadjadpour, investigador del centro Carnegie Endowment, alerta que Irán cumple con el resto de elementos necesarios para una revolución que termine con las autoridades, como la crisis económica, la división entre las elites o el contexto internacional favorable. Cuando las fuerzas represivas consideren que ya no se benefician del régimen y que no están dispuestas a matar por él, escribe Sadjadpour en redes sociales, la fuerza letal que “mantiene viva” a la República Islámica dejará de hacerlo.

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