Crítica de ‘The Romantic’, de Bruno Mars: un refrito cocinado con gusto
El músico, que llevaba 10 años sin disco en solitario, recicla el ‘soul’ de los setenta en un trabajo breve y solo eficaz


Caray, 10 años esperando el nuevo disco de Bruno Mars y entrega unos rácanos 31 minutos, la duración de las nueve canciones de The Romantic, que se ha publicado el 27 de febrero. Sí, en la última década el estadounidense publicó un álbum con el grupo Silk Sonic junto a Anderson .Paak y obtuvo un megaéxito con Lady Gaga y la balada Die with a Smile, pero su pereza para con su carrera en solitario llama bastante la atención.
The Romantic muestra a un músico más interesado por agrandar su figura como estrella del pop global que a un cantante intentando profundizar y ensanchar su arte, algo que a su edad y acometiendo su cuarto trabajo hubiera sido una noticia agradable. Mars (Hawaii, EE UU, 40 años) posee una voz colosal, con una textura soul que le incita a zambullirse en el género cuando este obtuvo sus mejores resultados, los años setenta del siglo pasado. Con la mirada fija en esa época, el músico coge de aquí y de allá para elaborar un refrito, eso sí, eficientemente cocinado y con indudable buen gusto.
Las letras vienen condicionadas por el título del álbum, así que aquí tenemos a un tipo felizmente enamorado, que se levanta por las mañanas y se pone a bailar, que se lleva a su pareja a pasear por un mercadillo primaveral, que le compra flores, que se pasan el día de arrumacos y que inevitablemente acaban la noche haciendo el amor entre sábanas sedosas. Muy bonito todo.
Comienza con una canción abolerada teñida de vientos mexicanos, Risk It All, cantada extraordinariamente por el protagonista. Cha Cha Cha asalta al Santana de los setenta, pero el expolio se queda corto comparado con Something Serious, que sale directamente del molde de Evil Ways, del primer trabajo del veterano guitarrista mexicano-estadounidense. Suenan varias piezas de tiempo lento rebosantes de sensualidad, las llamadas quiet storm (tormenta tranquila), un estilo que toma su nombre de un formato de radio nocturna que surgió a mediados de los setenta y donde solo se pinchaban lubricantes baladas. Aquí Mars se está fijando en Smokey Robinson, Al Green o Barry White. El sonido de Filadelfia también surge en The Romantic, con unos arreglos orquestales de cuerdas que remiten a los maravillosos The O’Jays y a la torrencial MFSB.
Bruno Mars canta de lujo durante todo el álbum. Te lo imaginas con pantalón acampanado de color chillón y camisa de cuello de daga, realizando piruetas con el pie del micrófono en las piezas bailongas, y de rodillas suplicando a su amada en las relajadas. La producción a cargo de Dernst D’Mile Emile II restalla y la utilización de instrumentos es generosa. Seguro que los que asistan a sus conciertos del 10 y 11 de julio en el Metropolitano de Madrid lo gozarán.
Pero lo que más te provoca el disco es acudir a las fuentes setenteras de donde se nutre el músico. El algoritmo de Spotify, muy puñetero él, enlaza nada más acabar The Romantic con una canción de Lenny Kravitz, otro gran maestro del reciclaje musical.
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