De pequeño imitador de Elvis a rey de Spotify: cómo Bruno Mars logró gustar a (casi) todo el mundo
El músico hawaiano tiene a punto el que será su primer álbum en una década. El éxito en la venta de entradas de sus dos próximos conciertos en Madrid ya ha provocado que se añada una tercera fecha

Es el primer artista que superó la barrera de los 150 millones de oyentes mensuales en la plataforma Spotify y, en una época en que se compran menos discos que nunca, figura entre los 30 más vendedores de toda la historia de la música, superando a, por ejemplo, Bruce Springsteen y U2 con una cifra estimada de 236 millones de discos despachados. Posee 16 premios Grammy y ha colocado nueve temas en el número 1 en EE UU. Lleva diez años sin publicar un álbum a su nombre, pero, en 2025, protagonizó la canción más escuchada en el mundo en Spotify (Die With A Smile, un dueto con Lady Gaga) y la tercera (APT, junto a Rosé). Con estas credenciales, se puede certificar que Bruno Mars (Honolulú, 40 años) es uno de los artistas de más éxito del pop contemporáneo, y que su inminente cuarto álbum, The Romantic -previsto para el 27 de febrero- es uno de los lanzamientos más esperados del año. También su correspondiente gira, que le traerá al Estadio Metropolitano de Madrid el 10 y 11 de julio, nueve años después de su anterior visita al mismo recinto, pero ahora por partida doble.
En cierto modo, Mars (nacido con el nombre de Peter Gene Hernandez) ya llevaba la música en su ADN. Su padre era un percusionista de origen compartido entre puertorriqueños y judíos del Este de Europa, mientras que su madre, bailarina de hula, era emigrante filipina en Hawai. Además, tenía un tío que era imitador de Elvis y a los cuatro años él mismo se hizo famoso desarrollando la misma función. Todos esos orígenes explican bastante bien su trayectoria musical posterior si le añadimos los típicos lugares comunes del sueño americano, pero el porqué del enorme impacto popular global que ha obtenido desde que debutara en solitario en 2010 con la balada Just The Way You Are, y que desde entonces se ha seguido manteniendo de modo sostenido, tiene un poco de expediente X.

O quizá no tanto. La suya es una fórmula impecablemente ganadora, tal como sostiene Jordi Bardají, periodista musical en la web Jenesaispop. “Tiene una gran habilidad para escribir clásicos en estilos muy diferentes que gustan a todos los públicos y funcionan en diferentes contextos, de Uptown Funk,su megaéxito de 2014 junto al productor Mark Ronson, a la típica balada conyugal, porque estoy seguro de que muchos de sus éxitos virales suenan en bodas cada día. Además, es el típico showman que lo hace todo: canta, baila, compone y tiene carisma. Sobre todo, creo que su propuesta artística cumple con una demanda del público por consumir productos nostálgicos, que no transgreden ni molestan, sino que buscan reproducir estéticas familiares, pero que están extremadamente cuidados y bien hechos. Es el tipo de cantante pop retro 360 que brilla en distintas facetas y encaja en un nicho de mercado donde tiene pocos rivales. De hecho, en la Super Bowl que hizo con Beyoncé, estuvo casi a la altura de ella”.
En términos muy similares se manifiesta Erik Oz, especialista en márketing musical y coautor, junto a Lorena Montón, del libro Rock & arte y estética (Ma Non Troppo, 2025). “Su jugada maestra es que, musicalmente, es pura retromanía, pero visualmente utiliza todos los códigos de la música urbana actual. Toma el sonido de James Brown pero con el storytelling e imagen de un rapero de 2026: el oro, la opulencia, el gangsta style, el look y bailarines pandilleros, los bailes diseñados para ser virales y esa cosificación femenina típica de los vídeos de hip hop. Es un híbrido perfecto: le da al público maduro la música que añora, y a la generación Z la estética visual de malote y lujo que consumen en Instagram. Pero ojo, no mezcla los canales. La estética más cercana a las tendencias del mainstream la utiliza cuando su música se ve, en videoclips, redes sociales y apariciones públicas. Sin embargo, aquellos que consumen sus canciones como producto musical, sin verla —en la radio, en el coche, de forma tradicional- no captan esa imagen contemporánea más cercana a Bad Bunny que a James Brown. Ellos escuchan los referentes como The Police, el sonido funk de los setenta o las estructuras de toda la vida”.

Eso, según Oz, llevaría a un consenso intergeneracional o lo que él denomina fricción cero: “Musicalmente no aporta nada disruptivo, toma clásicos que llevamos escuchando desde hace cincuenta años y les añade referentes de producción más contemporáneos, como el uso del autotune o ganchos de 15 segundos pensados para redes sociales. Al no tener barrera de entrada musical, porque todo suena familiar, domina el nicho más desatendido y que, al tiempo, es el que tiene mayor poder adquisitivo: la franja de 35 a 45 años. Estos son oyentes que vivieron el final de la era del disco físico. Así, apela a una memoria musical colectiva y, de hecho, es de los pocos artistas intergeneracionales que quedan: lo puedes poner en el coche y le gusta al padre. porque le suena a Earth, Wind & Fire, y al hijo, porque lo ha visto en un trend de TikTok y ve cadenas de oro y flow. Es tan preciso recreando ese sonido clásico que ha tenido demandas por derechos de autor precisamente por acercarse tanto a la fuente original. Sin embargo, el público se lo perdona porque lo hace desde la excelencia técnica, no desde la parodia”.
Es cierto que la estética de Bruno Mars siempre ha estado muy pensada. En su primer álbum, Doo-Wops and Hooligans (2010), llevaba trajes inspirados en los sesenta, mientras que, durante la grabación del tercero, 24K Magic (2016), impuso un código de vestimenta en el estudio, favoreciendo las joyas y la ropa fina sobre pantalones deportivos para crear, en sus palabras, “canciones maravillosas, suaves y conmovedoras”. En 2021 creó el proyecto Silk Sonic junto al rapero Anderson .Paak, y ahí apostó por cuellos anchos y trajes holgados que recreasen la estética funky de los setenta. Otra prueba de su control estético es que ha sido el responsable de dirigir sus propios videoclips, en colaboración habitual con su amigo Cameron Duddy.
“Tu cara me suena”
Si hay un motivo por el que Mars no ha sido tan bien recibido por la crítica especializada como por el público es el hecho de que aún no se ha arriesgado a salirse de un molde que domina muy bien, pero en el que le falta mostrar una mayor personalidad propia. El hecho de haberse forjado como imitador de Elvis es tan significativo como su obsesión de aprender a base de replicar lo que hacían otros. Es un estudioso compulsivo de las músicas de otras épocas, que confiesa haberse puesto repetidamente vídeos de James Brown, Michael Jackson, Prince y Jimi Hendrix para inspirarse de cara a sus conciertos. En ese sentido, su espíritu es más el de un artista de talent show que sabe escribir letras pegadizas y estandarizadas que un músico verdaderamente innovador.

“Se le compara con Michael Jackson, James Brown y Prince porque los imita muy bien, no porque su rango creativo o artístico sea igual de elevado”, concede Jordi Bardají. “No creo que tenga una propuesta rompedora, pero tampoco es tan habitual ver canciones de su estilo, R&B, soul y funk, en listas generales, apreciadas en el mainstream, y él logra ser un vehículo para que temas con ese sonido triunfen masivamente porque escribe canciones formalmente clásicas que se basan en fórmulas probadas durante décadas. Y resulta que, además, es un vocalista idóneo para interpretarlas. En ese sentido, Bruno Mars triunfa porque, en un mercado discográfico saturado de propuestas virales pero efímeras, canciones como Die With A Smile destacan porque están escritas con maestría por profesionales y artesanos del oficio, y creo que al público le reconforta saber que ese tipo de canciones atemporales se siguen haciendo”.
El chico que estuvo en la sombra
Esto entronca con otro factor crucial que tiene que ver con cómo Mars fue gestando su carrera a fuego lento, y de un modo no exento de altibajos. Tras una infancia en la que adquirió tablas actuando con su familia, a los 17 años se fue a Los Ángeles a buscar su camino profesional, pero con unos cuantos pasos en falso: desde un contrato abortado con el mítico sello Motown hasta algún intento de encauzarle hacia el mercado latino, donde él no encajaba del todo. Pese a ello, su primera oportunidad en la gran industria le llegó cuando el productor Brandon Creed le compró un tema suyo (Lost) para que lo grabara la boy band puertorriqueña Menudo (que lanzó a la fama a Ricky Martin) cuando decidió reflotarla en 2008. Ahí, Mars comenzó a adquirir un creciente prestigio como compositor y productor, esta última labor como componente del colectivo The Smeezingtons. En los dos años siguientes firmó singles de éxito para para gente como Adam Levine, Brandy, Flo Rida y Sugababes, aunque los mayores éxitos los obtuvo con Fuck You, de Cee-lo Green, y Nothin’ On You, de B.O.B, donde aparecía cantando junto al rapero. Aquel tema llegó al número 1 en EE UU e hizo famosos su rostro y su voz, lo que terminó por allanar el camino para lo que vendría después.


Esos inicios como compositor para otros explican muy bien el por qué sus colaboraciones han gozado de tanto éxito como sus discos en solitario. O incluso más, como demuestran Uptown Funk o el dueto con Lady Gaga que fue el más escuchado del año. “Die With A Smile me parece su mejor canción, y creo que no habría funcionado igual de bien de haberla cantado él solo, porque es la típica balada de amor romántico que pide ser un dueto”, afirma Bardají. “En el fondo es una canción muy cursi, pero lo disimula muy bien, y ese equilibrio hace que conecte con todo el mundo. No creo que debamos subestimar el nivel de talento y profesionalidad requerida para ser capaz de componer una canción de su altura”.

Para Bardají, además, Mars “tiene un talento vocal de élite, además de inusual. No tantos hombres poseen un rango vocal tan alto y son capaces de cantar notas tan agudas, como se puede comprobar si vemos el directo de Versace On The Floor en el Apollo Theatre de Los Ángeles”. En comparación a esto, el periodista se confiesa decepcionado por el primer adelanto del nuevo álbum, I Just Might. “Aunque Bruno Mars siempre ha dado sus referencias masticadas, y es lo que el público demanda de él, creo que esta vez le ha salido una canción muy poco estimulante y que suena infantil. Así que espero temas mejores que este en el disco”, concluye. Queda ya poco para salir de dudas y comprobar si el ídolo hawaiano se mantiene en la cresta de la ola.
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