Más de una hora de trayecto y varios transbordos para recibir radioterapia: la odisea desde Ciudad Lineal al Ramón y Cajal
El autobús directo desde este distrito al hospital es una de las promesas electorales con las que Almeida concurrió a las elecciones, pero desde el Consorcio de Transportes aseguran no registrar ninguna petición al respecto por parte del PP


Susana vive en Ciudad Lineal, el distrito madrileño al que la mayoría de sus residentes les corresponde ser atendidos en el Hospital Ramón y Cajal, pero para el que no tienen un transporte público directo, siendo obligados a realizar varios transbordos en un trayecto que supera en muchas ocasiones los 60 minutos. Siempre ha padecido esta situación, aunque desde que es paciente oncológica, a raíz de ser diagnosticada de cáncer de cérvix, la sufre más. Todavía recuerda la odisea para recibir sus 72 sesiones de radioterapia. “El servicio de ambulancia funcionaba muy mal y tenía que montarme en el metro hasta poder subirme al autobús que me dejaba en el centro sanitario. Estaba inmunodeprimida en medio de una marea de gente”, recuerda la mujer de 43 años, que prefiere no ser identificada para afrontar su enfermedad con discreción. La situación no ha cambiado, pese a que el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, se comprometió a atajar el problema.
Lo recogió por escrito en el punto 115 del programa electoral con el concurrió a las elecciones municipales de 2023: “Crearemos una nueva línea de autobús que conecte el distrito de Ciudad Lineal con el Hospital Ramón y Cajal, con cabecera en Alsacia, abarcando Hermanos García Noblejas y posteriormente, por Arturo Soria, se incorporaría a la M-11 hasta el hospital”. Es una demanda vecinal histórica que fue asumida por el PP de Ciudad Lineal y ha defendido su concejala Nadia Álvarez Padilla. La Junta Municipal que preside ha aprobado en varias ocasiones la petición de puesta en marcha de la línea. Sin embargo, desde el Consorcio Regional de Transportes de Madrid aseguran a este diario que no les consta ninguna solicitud al respecto por parte de las autoridades municipales.
“El pasado 15 de diciembre, representantes de nuestra entidad mantuvieron una reunión con la Asociación de Vecinos de Ciudad Lineal, en la que se trasladó, por primera vez, la petición de establecer una línea de autobús directa entre el distrito y el Hospital Ramón y Cajal”, comentan. Su respuesta provoca la indignación de las agrupaciones de residentes San Pascual, Quintana, San Juan Bautista, El Sol de la Concepción, Barrio de Bilbao y Pueblo Nuevo. Se sienten engañados. Denuncian desatención, retrasos y mentiras constantes. “La concejala lleva dos años indicando que se están realizando los trámites oportunos para esta nueva línea”, dicen.
Reclaman la apertura del trayecto desde hace tres décadas. “Pese a ser el distrito más envejecido de las áreas de la zona Este de Madrid atendidas desde este centro sanitario, somos los únicos que no disponemos de un transporte directo. ¿Acaso nuestras vidas valen menos?“, se preguntan los cinco colectivos vecinales citados, que se encuentran en los barrios por los que pasaría el muy demandado autobús exprés. 33.000 vecinos de estas zonas tienen más de 65 años, según datos municipales de 2025. Si la ruta directa se pone en marcha, 148.000 residentes se verán beneficiados.
Desde el Ayuntamiento de Madrid se limitan a decir que el Consorcio Regional de Transportes ya está valorando la propuesta y Álvarez Padilla asegura que lleva un año y medio trabajando con el delegado municipal de Movilidad, Borja Carabante: “Me he reunido con él en su despacho y estamos viendo cuál es la mejor ruta para llegar a la mayor población posible. Hasta el momento, ha habido otras prioridades como reforzar la flota y el personal para poder poner en marcha el recorrido. Será el delegado quien traslade al consorcio la propuesta en base al trabajo de campo realizado”. No concreta cuándo se habilitará el itinerario directo. “No puedo decir si dentro de dos meses o de medio año, pero sí será una realidad antes de mayo de 2027, cuando termina la legislatura”, asegura.
El mapa de la sanidad pública en la capital muestra un gran desierto en casi todo el flanco este de la M-30. La principal calle de esta zona es Arturo Soria, cuyo bulevar es la sede de seis hospitales privados en plena actividad y un séptimo en construcción, propiedad del presidente del gigante sanitario Quirónsalud. Será levantado en el mismo solar vacío en el que durante años se pensó que podría ubicarse el gran hospital público del este, muy demandado por los vecinos, pero inexistente.
Pacientes y sanitarios se quejan de la saturación del Ramón y Cajal, afectado por largas listas de espera. Es el hospital público de Madrid con mayor población asignada, 606.454 personas, según los últimos datos disponibles, de 1 de enero de 2023. Es decir, casi uno de cada cinco madrileños de la capital estaba adscrito a ese centro.

Todavía recuerda Susana los días de calor, “cuando algunos pasajeros del autobús se mareaban y tenía que acudir la ambulancia en mitad de camino a atenderlos”. Ella tomaba una pastilla antes de iniciar la odisea para llegar al Hospital Ramón y Cajal con el objetivo de no desvanecerse en el intento. Asegura que si la ida es mala, la vuelta es mucho peor: “El autocar da mil vueltas por San Blas. Se puede tardar 90 minutos en volver a casa. Yo perdía tres horas diarias entre el metro y el autobús para un cuarto de hora de radioterapia”.
María Jesús Peña, vecina del barrio de San Pascual, la entiende a la perfección. Sufre desviación de columna y ciática bilateral, además de cuatro hernias discales lumbares. Por ello, cuando tiene que ir al hospital, recurre al taxi. El año pasado lo hizo una vez a la semana durante nueve meses a causa de una bacteria en la pierna. “La primera vez pagué 40 euros entre la ida y la vuelta, después empecé a tantear entre diferentes aplicaciones para ver cuál me salía más barata”, explica la mujer de 59 años.
En ocasiones, su marido podía trasladarla en coche, pero no iba con ella hasta la consulta porque le resultaba imposible encontrar un sitio para aparcar. “Se quedaba dando vueltas hasta que salía”, comenta. Si quiere ir en transporte público, debe subirse a tres autobuses diferentes, lo que le resulta inviable por sus múltiples patologías. Este recorrido lo conoce bien Susana Aguilera, de 59 años, que acompaña a su madre, de 84, al hospital. Reconoce que el trayecto se convierte en una carrera de obstáculos: “Cuando tengo que ir con ella, que no ve bien, y con mi hermano, con una discapacidad, termino agotada. Para ellos también es una paliza”.

Los retrasos en la ruta actual con transbordos son frecuentes. Este mes, Gemma Peris llamó por teléfono a la doctora de sus hijos para avisarla de que llegaban tarde a la consulta. “Si perdemos la cita pasan meses hasta que conseguimos otra, que la sanidad está como está”, protesta la mujer de 51 años. Le indigna que sus hijos tengan que perder un día lectivo cuando les toca revisión médica. Si los lleva su marido en coche, deben dejar el vehículo en la estación de Pitis y subirse al tren para llegar al hospital ante la dificultad de estacionamiento.
Los accidentes tampoco son inusuales. Pablo González, de 65 años, ya se ha caído más de una vez en su recorrido al centro sanitario: “Debo de subirme a dos autobuses y desplazarme en la silla de ruedas 20 minutos por la acera”. Tiene las piernas amputadas: “Si la pendiente de la rampa del autocar es grande y nadie me sujeta por detrás, me voy de morros”.
La angustia vecinal es compartida también por Ana Guijarro, residente en Pueblo Nuevo. A su padre octogenario nunca le asustaron las escaleras ni el subsuelo de Madrid, pero hace año y medio, haciendo limpieza, encontró una cita con el urólogo en la basura: “Me confesó que no quiere ir al hospital, el metro ya no es para él. Se desorienta y le cansa el viaje. Y el bus es imposible, tarda mucho y va incómodo, una hora de pie. Así que decide no comentar nada para no obligarnos a llevarlo y que perdamos días de trabajo. Prefiere sacrificar su salud por no pasar un mal rato. Con una pensión de 951 euros le resulta difícil gastarse 30 en un taxi”.
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