Los aliados en España de Heritage, el grupo que inspira la deriva autoritaria de Trump
La poderosa fundación, liderada por un amigo de Abascal, estrecha lazos con Disenso y otras entidades afines mientras defiende que EE UU sancione a España


El nombre de la sesión no dejaba lugar a dudas sobre su enfoque ideológico: Cómo las redes de organizaciones no lucrativas de izquierdas aprovechan los fondos federales para promover una agenda radical. Sentado a la mesa de los invitados al subcomité del Congreso de EE UU que abordaba la cuestión el pasado 15 de julio, Mike González tomó la palabra y soltó una diatriba contra la izquierda, contra la ideología woke, contra el multimillonario húngaro George Soros —obsesión de la extrema derecha— y a favor de los “valores occidentales”, que es urgente proteger —aseveró— cerrando el grifo a las ONG progresistas. Detrás, en el banco reservado a los oyentes, se sentaba Jorge Martín Frías, acompañando a González en defensa de esa causa común.
¿Quiénes son? González, un cubano nacido en 1960 y emigrado a EE UU, es un antiguo escritor de discursos para la Administración de George W. Bush que en 2009 se unió a la Heritage Foundation, un poderoso lobby donde ejerce como investigador principal y experto en Europa. Madrileño de 1980, el eurodiputado Martín Frías es un licenciado en Filosofía que dirige Disenso, la fundación de Vox para su incesante “batalla cultural”.

La conexión entre uno y otro, que se suma a la amistad entre sus jefes —Kevin Roberts y Santiago Abascal, respectivamente—, está lejos de ser anecdótica. Sus nexos ejemplifican tanto los progresos de Vox en los círculos de poder de Washington como el creciente interés en España y las cada vez más sólidas conexiones con grupos españoles de una organización, la Heritage, a la que se considera inspiradora de la deriva autoritaria del presidente estadounidense.
El disco duro del trumpismo
Fundada en 1973 con dinero del magnate cervecero Joseph Coors, la Heritage ha sido durante lustros un nombre obligado en cualquier lista de las principales organizaciones dedicadas a empujar al republicanismo hacia posiciones ultraconservadoras en temas como el aborto y ultraliberales en la economía. Pero en el último trienio ha dado un salto y hoy ostenta el título oficioso de lobby de referencia y disco duro del proyecto de Trump. La Heritage es hoy “uno de los actores más importantes, si no el más importante, dentro de la Administración de Donald Trump”, sintetiza desde EE UU Connor Mulhern, responsable del proyecto de investigación Reactionary International.
Este ascenso es fruto de su destacado papel en la autoría del Proyecto 2025, casi 900 páginas que son a la vez un catecismo ideológico del trumpismo y el manual de instrucciones para una colonización partidista del Estado que inaugure una era conservadora que dure generaciones. Aunque Trump niega que sea su programa, sus prioridades de gobierno parecen guiadas por el Proyecto 2025: del desmantelamiento del Departamento de Educación al embate contra las renovables, de la cruzada contra la diversidad a la deportación masiva de inmigrantes, del despido de funcionarios a la guerra arancelaria... Dos grupos de análisis que monitorizan más de 500 medidas del plan, el Center for Progressive Reform y Governing for Impact, han publicado que menos de tres meses después de su toma de posesión, Trump ya había cumplido o iba camino de cumplir casi el 30%.
La sombra de la Heritage en la política estadounidense se ha agigantado este verano. En una intervención en Indianápolis a finales de julio ante una audiencia de legisladores conservadores, Kevin Roberts, presidente de la fundación, cosechó una ovación al animarlos a actuar contra gobiernos locales progresistas que “no representan la voluntad del pueblo” y a convertir sus ciudades en “distritos municipales estatales”. Aunque la amenaza de “revocación” de poderes no hizo referencia a Washington, sus palabras resonaron con fuerza cuando unos días después Trump ordenó desplegar la Guardia Nacional en la capital, una iniciativa en teoría contra la delincuencia pero que presenta las trazas de una represalia contra un feudo del Partido Demócrata. De hecho, el presidente ya amenaza con ampliar la medida a otras ciudades identificadas como hostiles a lo que la Heritage llama “segunda revolución americana”. Una “revolución” que, como ha llegado a deslizar su presidente, Kevin Roberts, se completará “sin derramamiento de sangre... si la izquierda lo permite”.

“La Heritage sabe que, para convertir el país en una semidictadura conservadora, es imprescindible parasitar el poder judicial y militarizar cada vez más espacios civiles. Esa es su principal directriz ideológica y es la fase en la que está Trump ahora”, explica el investigador sobre la extrema derecha estadounidense Jaime Caro, que tras pasar por la Universidad de Columbia ahora continúa su trabajo en la Autónoma de Madrid.
Además de ejercer la “dirección intelectual” del trumpismo, la Heritage funciona como una “agencia de contratación” de la Administración, señala Mulhern, de Reactionary International. Hay nombres de relumbrón en el equipo de Trump con estrecha relación con la fundación, como Pete Hegseth, secretario de Defensa, habitual defensor de sus campañas de agitación. Este mes se ha sumado E. J. Antony, economista jefe de la entidad, colocado al frente de la agencia de estadísticas de empleo e inflación, de la que Trump despidió antes a Erika McEntarfer, acusándola sin pruebas de manipular cifras para perjudicarlo. Es previsible que ahora ningún dato moleste al jefe.
“Más allá de la influencia sobre figuras como Hegseth, la tarea más decisiva de la Heritage es la colocación discreta de cargos medios”, añade Caro citando un análisis de DeSmog, medio especializado en información climática, que cifra en más del 50% los altos funcionarios de la Administración vinculados a grupos que colaboraron en el Proyecto 2025. Mulhern estima en “miles” las contrataciones facilitadas por la fundación en escalones secundarios.
De FAES a Disenso
¿Cuál es la presencia de esta influyente fundación en España? Antes de la irrupción de Vox, la Heritage tenía como organización de referencia en Madrid a FAES. De hecho, en 2023 premiaba por su contribución a la “libertad económica” a Javier Fernández-Lasquetty, que fue consejero de Isabel Díaz Ayuso y es un histórico de la fundación de José María Aznar. Pero para entonces Vox ya llevaba tres años labrando su propia relación con la Heritage, que ha llegado donde nunca alcanzó FAES.
En 2020, cuando Vox era solo un aspirante a competir con el PP en relaciones en Washington, Abascal fue recibido por Mike González. Era solo el inicio. Dos años después, Vox y Disenso ya participaban junto a la Heritage en un acto en la capital estadounidense contra los “regímenes castro-comunistas” latinoamericanos. Los eventos conjuntos han ido ganando frecuencia y relevancia. El año pasado, en abril, la Heritage y Disenso compartieron en Madrid una jornada de refuerzo del vínculo transatlántico. Y al mes siguiente, Roger Severino, vicepresidente del lobby estadounidense, acudió al festival de Vox Viva 24. “Dios no comete errores”, proclamó en un español con acento yanqui para mostrar su oposición a la transexualidad. Y se ganó el rugido eufórico de la grada. Si para entonces las relaciones ya estaban engrasadas, en octubre se revistieron de oficialidad con la incorporación de González al “consejo asesor internacional” de Disenso.
El propio Kevin Roberts, un historiador de Luisiana de 51 años que preside la Heritage desde 2021, ha dado este mismo año varios síntomas de interés por España. Tras recibir a Abascal en enero en Washington, devolvió la visita en febrero con ocasión de la cumbre del grupo Patriots, que le dio pie a ofrecer un discurso en el Casino de Madrid. Nada más arrancar, pidió un aplauso para Abascal, del que destacó su “liderazgo” y con el que dijo llevar dos años forjando una “amistad” de la que el presidente de Vox también hace gala.
Las conexiones españolas de la Heritage no se limitan a Vox/Disenso. Además de colaborar con las actividades en España del Centro de Derechos Fundamentales, un laboratorio de ideas húngaro alineado con Viktor Orbán que abrió sede en Madrid hace un año, la Heritage coopera con Red Política de Valores, una organización internacional de políticos antiabortistas impulsada por Jaime Mayor Oreja, dirigida por una colaboradora del exministro, Lola Velarde, y con sede en Madrid. En febrero, Red Política de Valores y la Heritage acordaron impulsar el “Compromiso de Madrid”, un documento aprobado tras la cumbre antiabortista celebrada en el Senado dos meses antes.
Otra conexión más. Cada año, la Heritage recibe como investigadores visitantes a dos alumnos del curso sobre liderazgo que imparte CEU-Cefas, el laboratorio de ideas de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). La relación entre ambas entidades es “permanente” e incluye “presencia común en foros internacionales” y participación de la Heritage en actividades de CEU-Cefas, explica por correo su director, Fernando Nistal.
Precisamente el periódico de los Propagandistas ha brindado la última prueba de que la Heritage tiene a Madrid en la mirilla. El Debate publicó en julio un artículo de Roberts en el que afirma que estaría “justificado” que EE UU recurra a “sanciones” contra España y a “retirar tropas” de sus bases españolas en represalia por lo que cree una actitud antiestadounidense de Pedro Sánchez.

Las manifestaciones sobre España son cada vez más frecuentes en este lobby. El más prolífico es Mike González, que en su cuenta de X afirmó en mayo que en el Gobierno hay “comunistas, separatistas y terroristas”. Solo este año, sus invectivas contra Sánchez han venido motivadas por razones que abarcan desde la “secularización del Valle de los Caídos” hasta su “compromiso fanático con las energías renovables”. Este aspecto ocupa especialmente a Heritage, que tras el gran apagón de abril difundió contenido que centraba las culpas del cero energético en el supuesto abuso de las renovables por parte del Ejecutivo. En X, donde Heritage tiene cerca de 750.000 seguidores, la fundación publicó un vídeo para desmontar la “falsa narrativa” sobre el apagón del “presidente socialista”.
The Left doesn’t believe in these cordons sanitaires—the Spanish government has communists, separatists and terrorists in it. But they are clever and have convinced the center right to isolate the right. This may now break down.
— Mike Gonzalez (@Gundisalvus) May 19, 2025
Todos ganan
Jaime Caro —que al margen de su actividad investigadora colabora en el equipo de discurso de Sumar— cree que Vox tiene un incentivo claro para hermanarse con la Heritage: obtener notoriedad en la derecha republicana. Sin este vínculo, señala, es “impensable” que Trump hubiese elogiado en febrero el “gran trabajo” del líder de Vox. “La conexión con la Heritage sitúa a Vox como un actor relevante en el movimiento conservador transnacional”, añade Anna López, doctora en Ciencia Política y autora del ensayo La extrema derecha en Europa (Tirant, 2025).
Pero, ¿qué gana la Heritage? ¿Por qué su interés en España? Desde la propia fundación, Mike González explica por correo que el interés de España estriba en su condición de “puente” entre Europa y “las Américas”, mientras que en Disenso ve “un centro de pensamiento clave” en la UE. Pero la investigadora Anna López observa más sustancia en el acercamiento de Roberts y los suyos. “Influir en la política española les permite promover sus intereses en seguridad, economía y diplomacia”, analiza la investigadora, para quien Vox es además un “agente ideal para dinamitar el consenso” a favor del Estado del bienestar en España, principal país europeo con un Gobierno no conservador. En síntesis, España es un escenario ideal para la lucha ideológica. Ni Vox ni su fundación respondieron a este periódico.
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