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Autobuses y autocares, rozando el cero de fallecidos en carretera

El sector se consolida como la forma más segura de viajar, con el menor número de accidentes y víctimas

Un grupo de viajeros esperaba el lunes 14 de julio en la dársena de Autobuses de Santiago de Compostela.
F. Javier Barroso

Los autobuses y los autocares se han convertido en los últimos años en la forma más segura de viajar por la carretera. Así lo demuestran las estadísticas en las que están rozando el cero de víctimas mortales en accidentes. Los antiguos vehículos a los que les costaba coronar un puerto y que lanzaban un humo muy negro por el tubo de escape se han transformado con el paso de los años en modernos vehículos dotados de los avances más punteros y con sistemas de seguridad activos y pasivos. Estos, en caso de un siniestro, hace que los pasajeros estén más seguros que en otros automóviles. Además, ahora la demanda ha subido con las numerosas incidencias que está sufriendo el AVE en los últimos meses.

Un simple vistazo a las estadísticas de la Dirección General de Tráfico (DGT) demuestra la baja siniestralidad mortal del sector. En 2019 y 2020 se registraron tres muertes cada año. En 2021 se llegó a cinco y en 2022, a 13. Este fue un mal año con tres accidentes ocurridos en Antequera (Málaga), en Moraleda de Zafayona (Granada) y, el peor, en Cerdedo-Cotobade (Pontevedra) el día de Nochebuena, donde murieron siete personas al caer el vehículo al río Lérez desde un puente. La cifra bajó a dos fallecidos en 2024 y en lo que va de año, una persona ha perdido la vida en un accidente ocurrido en San Sebastián de la Gomera. Solo en 2024 utilizaron este medio de transporte 3.365 millones de viajeros, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto supone el 60% de la movilidad en transporte público por delante del ferrocarril y el avión.

El presidente de la Confederación Española de Transporte en Autobús (Confebús, con 2.000 empresas y una representatividad del 70% del sector), Rafael Barbadillo, explica que los autocares —concebidos para largos recorridos por carretera— han llegado a ser ya “el líder silencioso de la movilidad”. Cuentan con una flota de 45.000 autocares a los que hay que sumar otros 12.000 destinados al transporte urbano. “España es un país eminentemente turístico y tenemos una de las flotas más modernas de Europa. Nadie quiere montarse en vehículos antiguos”, afirma Barbadillo.

Esa modernidad se traduce en ser punteros en el sector de la seguridad. Los autocares están dotados desde hace años de un sistema antihundimiento en caso de vuelco, por lo que el habitáculo no resulta aplastado si, por ejemplo, se despeña por un puerto. Además, van dotados de cinturones de seguridad para todos los pasajeros y sistemas de ayuda a la conducción —conocidos como ADA— con mayores prestaciones que los de un turismo. Muchas flotas ya disponen de sistemas de alcoholemia previos a la conducción, por lo que el chófer solo puede arrancar el vehículo si da negativo. Al ir dotados de tacógrafos, se sabe en todo momento el tiempo de conducción y la velocidad que ha alcanzado en todo el recorrido, lo que permite comprobar si lo ha excedido en algún momento.

Un conductor dentro de un autobús en Santiago de Compostela el lunes 14 de julio.

“La evolución en los últimos 15 años ha sido brutal. Ahora todos van geolocalizados. Un autocar de tipo medio cuesta alrededor de medio millón de euros. Hablamos de un autocar de 12 metros y para 54 pasajeros con un buen equipamiento. Luego puede ser mucho más caro si hablamos de alta calidad o premium”, añade el presidente de Confebús.

Si por algo se caracteriza el sector, es por ser muy puntero, según reconoce el director general de Tráfico, Pere Navarro. Hay una relación directa entre las empresas y la DGT y son muchas veces los responsables de las compañías los que piden que se regulen determinados aspectos. Así ocurrió con los alcoholímetros, que algunas compañías ya los utilizaban antes de que fueran obligatorios en todos los vehículos matriculados a partir de julio de 2024. “Saben que la seguridad es su mejor activo y la cuidan muchísimo. Un solo accidente con muchos muertos les haría perder muchos clientes”, afirma Navarro.

Pero ahora se está dando el efecto contrario. Los graves problemas que está sufriendo el ferrocarril de alta velocidad han motivado que muchos viajeros se pasen a los autocares. Se está produciendo el efecto rebote porque la gente huye de pasarse horas y horas en una estación sin saber cuándo sale su tren. “El autocar tiene unos horarios y, salvo incidencias, los cumple incluso con adelantos”, resume Rafael Barbadillo.

Cámaras de vigilancia

Las empresas también invierten grandes cantidades en que no haya víctimas mortales. Los vehículos cuentan con elementos de seguridad activa como los controles de estabilidad, sistemas de frenado de emergencia, de alerta en caso de cambio de carril involuntario o el frenado automático en caso de detectar un obstáculo, además de velocidad de crucero adaptada a la vía. Entre la seguridad pasiva se encuentran los cinturones de seguridad o el sistema antihundimiento en caso de vuelco. También se centran en la idoneidad del conductor, según explica el director de Seguridad de Alsa —la mayor del sector con 7.197 autobuses y 19.740 empleados—, Eduardo Mayoral: “Se trata de profesionales muy cualificados, con formación periódica de reciclaje y con controles periódicos para ver su estado de salud”.

De hecho, esta compañía ya ha instalado 2.000 cámaras que enfocan directamente a los chóferes. Solo graban cuando se produce un hecho anómalo durante la conducción dentro y fuera del vehículo, como un exceso de velocidad. También cuenta con sensores con inteligencia artificial que permiten controlar si se está durmiendo, hablando por el móvil o no lleva puesto el cinturón de seguridad. Se estudia cada caso en particular y se analiza para determinar si es un hecho puntual u obedece a un patrón de conducta que necesita ser modificado. Según Mayoral, el factor humano es el más frecuente en los accidentes de tráfico. “Toda la inversión en seguridad tiene un retorno económico. Se salvan vidas, se producen menos averías y reparaciones, hay menos bajas de los conductores, los costes van decreciendo y se paga menos a los seguros”, resume el director de Seguridad. Por eso, la empresa cuenta con 90 formadores que imparten cursos de reciclaje por las sedes de toda España.

Controles aleatorios de droga

La siguiente batalla que está librando el sector es el realizar controles de alcoholemia y drogas a los conductores de manera aleatoria. Las empresas quieren evitar que, si su chófer ha consumido marihuana o cocaína en una fiesta hace dos días, se ponga al volante. El problema es que, pese a estar ya incluido en la Ley de Tráfico, el Gobierno no ha aprobado todavía el correspondiente real decreto que lo desarrolle. Deberían hacerse con todas las garantías legales y sanitarias y, hasta la fecha, están encontrando gran resistencia por parte de los representantes de los trabajadores.

Un hecho importante es saber si los conductores profesionales cuentan con todos los puntos, ya que en su vida particular pueden ser sancionados y perderlos y no existe la obligación de comunicárselo a la empresa. Ahora las compañías disponen de un sistema de semáforos que permiten consultar el estado de los puntos de cada chófer. Si les sale una luz roja, significa que ha perdido todos los puntos. En amarillo supone que está cerca de perderlos todos y el verde que no hay problema.

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Sobre la firma

F. Javier Barroso
Soy redactor de la Unidad de Edición de EL PAÍS, periódico al que llegué en 1994 para trabajar en la sección de Madrid. He colaborado en la SER, Onda Madrid, TVE, Telemadrid y Cuatro, entre otros medios. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, estoy especializado en Sucesos y Tribunales. Además, soy abogado y criminólogo.
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