Pinchas Steinberg y Àlex Ollé firman un ‘Ariadna y Barbazul’ de referencia en el Teatro Real
El veterano maestro israelí y el director de escena catalán lideran el primer gran triunfo de la temporada del coliseo madrileño con la ópera de Paul Dukas, protagonizada por la lírica y versátil ‘mezzosoprano’ Paula Murrihy


En 2005, el veterano maestro israelí Pinchas Steinberg revolucionó el foso del Teatro Real con unas funciones magistrales de La mujer sin sombra, de Richard Strauss. Entonces realizó abundantes ensayos y diversas pruebas acústicas, hasta el punto de pedir que se retiraran los cortinajes de los palcos para ganar brillo y nitidez en una orquesta de 130 músicos. Cinco años después regresó para dirigir, con idéntico éxito, La ciudad muerta, de Erich Wolfgang Korngold. Pero su mayor desafío orquestal lo ha afrontado ahora, con 80 años recién cumplidos, ante una partitura tan fascinante como excesiva en lo sinfónico: Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas.
Steinberg convenció desde el preludio del pasado 26 de enero, que abre este “cuento musical en tres actos” basado en la exquisita adaptación de Maurice Maeterlinck del célebre relato de Charles Perrault. Lo hizo con una lectura tensa y admirablemente proporcionada de ese auténtico vivero de motivos que el compositor de El aprendiz de brujo elaboró a lo largo de siete años, entre 1899 y 1906.
Desde el tono postwagneriano del misterioso castillo, dibujado mediante columnas de maderas entrelazadas sostenidas por el estremecimiento de la cuerda grave, hasta el motivo cromático obsesivo de la rebelión de los campesinos; pero también desde el perfume impresionista que impregna el tema de Ariadna, de ritmos punteados en el metal, hasta el carácter brutal de Barbazul, definido por un salto precipitado que genera una inquietud inmediata.

A esta escritura orquestal densa, que ha exigido cerca de 90 instrumentistas en el foso, se suma el problema —nada menor— de no tapar a las voces. De entrada, el coro de campesinos que abre la ópera resulta extremadamente complejo, al estar dividido entre foso y escena, y por una escritura que sigue con rigor las acotaciones de Maeterlinck para representar a una multitud agitada e invisible que advierte a Ariadna del peligro de su matrimonio con Barbazul. A ello se añade el canto de la protagonista junto a la nodriza, nunca melódico, estrictamente sometido a la prosodia del francés hablado.
Los retos de esta ópera no terminan ahí. Dukas asumió como libreto una obra teatral simbolista de acción mínima, sin tramas secundarias, giros dramáticos ni acciones paralelas, y con personajes difíciles de caracterizar. La distribución es además muy desigual: Ariadna permanece siempre en escena, mientras que Barbazul interviene solo al final del primer acto, desaparece en el segundo y regresa como personaje mudo en el desenlace del tercero; Maeterlinck prescinde igualmente de la nodriza en el segundo acto para concentrarse en las cinco esposas de Barbazul. Todo ello exige una puesta en escena capaz de evitar el estancamiento sin caer en la exageración, en una atmósfera dominada por la penumbra.
Todas estas dificultades las ha sorteado admirablemente el Teatro Real en este primer éxito rotundo de la temporada, apenas dos meses después de haber presentado la otra ópera inspirada en el cuento de Perrault: El castillo de Barbazul, de Béla Bartók. Se trata, además, del regreso del infrecuente título de Dukas a Madrid, donde no se veía desde 1913; su última producción en España pudo verse en 2011 en el Gran Teatre del Liceu. A la dirección musical exigente y minuciosa de Steinberg al frente de los sólidos Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real se ha sumado un reparto excelente, encabezado por la mezzosoprano Paula Murrihy, y una brillante producción escénica de Àlex Ollé, estrenada en la Ópera de Lyon en 2021, en pleno confinamiento.

Del primer acto destacó con maestría la escena de las piedras preciosas, donde la nodriza va abriendo con agitación cada una de las seis primeras puertas, frente al distanciamiento de Ariadna, obsesionada con la séptima, la puerta prohibida. Dukas la concibe como seis coloristas variaciones del motivo de Ariadna, que Steinberg elevó con una suntuosidad sonora admirable. Pero fue todavía superior, en el segundo acto, ese largo y denso crescendo que escribe Dukas para representar el paso de la oscuridad a la luz, desde el tenebroso fa sostenido menor hasta el radiante si mayor conclusivo. Tampoco se quedó atrás la compleja construcción sinfónica en cuatro partes del tercer acto, donde la música recupera el tono oscuro y dramático, y la orquesta narró con tensión y viveza la revuelta de los campesinos y la captura de Barbazul.
Steinberg compartió ovaciones finales con Paula Murrihy. La cantante irlandesa brilló en su debut como Ariadna con una voz lírica de mezzosoprano bien administrada en los extensos monólogos en francés, aunque sin destacar por profundidad ni volumen. Compensó esa menor proyección y la falta de mordiente en el registro grave con un timbre bello, servido con nitidez y flexibilidad, y sostenido por un magistral acompañamiento orquestal. Brilló con poderío en el aria de los diamantes del primer acto, Ô mes clairs diamants, y añadió intimidad en la sección central Vous êtes purs. Pero donde más exhibió su versatilidad fue en el segundo acto, con el extenso arioso Ah! Je vous ai trouvées, lleno de cambios de textura para expresar el complejo cóctel emocional que experimenta al descubrir vivas a las cinco esposas de Barbazul.
La mezzosoprano Silvia Tro Santafé, que también debutaba en el papel de la nodriza, ofreció un excelente contraste con Murrihy. La cantante valenciana, que en sus últimas actuaciones ha frecuentado papeles belcantistas, mostró aquí garra y poderío en un repertorio completamente distinto, con exquisita dicción del francés y pleno dominio de la extensa tesitura de un personaje escrito para contralto. Buen ejemplo de ello fue su advertencia a Ariadna ante la apertura de la séptima puerta, resuelta con cuerpo y autoridad en la bemol grave sobre la palabra “mort”. El bajo Gianluca Buratto fue un Barbazul ideal, de voz cavernosa, y magnífico resultó el cuarteto vocal de las esposas, donde destacó el timbre oscuro y aterciopelado de la mezzosoprano francesa Aude Extrémo como Sélysette. A ellas se sumó, como quinta esposa, la efusiva Alladine de la actriz Raquel Villarejo Hervás.

Àlex Ollé orientó la trama simbolista de la ópera de Dukas hacia una lectura atractiva que combina su vigencia feminista con su conexión histórica con los albores del psicoanálisis. No abunda en la dirección de actores, pero sí ofrece un marco apropiado para la acción, bien coordinado con la música. Se beneficia, además, de una escenografía eficaz de Alfons Flores, junto a la crucial iluminación de Urs Schönebaum y el acertado vestuario de Josep Abril Janer.
Resultó menos convincente convertir la escena de las piedras preciosas y la apertura de la puerta prohibida en una secuencia onírica, pues ello elude una conexión visual con las predisposiciones sinestésicas que propone la música de Dukas. Todo mejora, sin embargo, con la posterior irrupción de un banquete de bodas, donde se sitúa la aparición de Barbazul. Lo mismo ocurre en el segundo acto, cuando las mesas y lámparas de ese banquete se apilan durante el citado crescendo musical de la oscuridad a la luz. Y fue especialmente acertado convertir el tercer acto en un homenaje a las víctimas de Barbazul, que recuperan su autoestima frente al público y culminan la acción con él sometido, en una poderosa imagen final que cierra la ópera evocando la misma música misteriosa del comienzo.
Ariadna y Barbazul
Música de Paul Dukas Libreto de Maurice Maeterlinck, basado en el cuento La Barbe bleue (1697), de Charles Perrault.
Gianluca Buratto, bajo (Barbe-Bleue); Paula Murrihy, mezzosoprano (Ariane); Silvia Tro Santafé, mezzosoprano (La nodriza); Aude Extrémo, mezzosoprano (Sélysette); Jaquelina Livieri, soprano (Ygraine); Maria Miró, soprano (Mélisande); Renée Rapier, mezzosoprano (Bellangére); Raquel Villarejo Hervás, personaje mudo (Alladine); Luis López Navarro, bajo (Un campesino anciano); José Ángel Florido, tenor & Nacho Ojeda, bajo (Campesinos).
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
Director del coro: José Luis Basso.
Dirección musical: Pinchas Steinberg.
Dirección de escena: Àlex Ollé.
Teatro Real, 26 de enero. Hasta el 20 de febrero.
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