Ir al contenido
_
_
_
_

Jean-Guihen Queyras, violonchelista: “Si queremos comprender a muchos de los compositores hay que acudir a su música vocal”

El franco-canadiense inicia una gira por Sevilla y Madrid interpretando las seis ‘Suites’ de Bach, en una maratón de casi tres horas

El violonchelista Jean-Guihen Queyras (Montreal, 58 años) describe su primer contacto con la música de Johann Sebastian Bach como una experiencia física, casi corporal: una relación visceral con el sonido que percibía desde la cama cuando era niño. El músico franco-canadiense lo recuerda en su libro de conversaciones con Emmanuel Reibel, Bach: les Suites en partage (Premières Loges, 2022), donde evoca cómo cada domingo se despertaba con alguna de las cantatas grabadas por Gustav Leonhardt y Nikolaus Harnoncourt, que sus padres escuchaban a todo volumen en el comedor, justo bajo su habitación.

“Fue una suerte que mi primer contacto con Bach comenzara por su música vocal”, afirma Queyras mientras guarda el Stradivarius Kaiser de 1707 —que toca por cortesía de la Nippon Music Foundation— en la colorida funda pintada por su hijo, Jérémie. “Si realmente queremos comprender a muchos de los compositores que tocamos, hay que acudir a su música vocal, que nos habla y nos cuenta historias, como sucede también con Mozart o Schubert”, añade.

El músico lleva casi cuatro décadas profundizando en la principal serie de composiciones que Bach dedicó a su instrumento: las Seis suites para violonchelo solo, BWV 1007-1012. Una maratón de casi tres horas que abordará esta semana en su gira por España, tanto en el Espacio Turina de Sevilla como en el Auditorio Nacional de Madrid, los días 20 y 25.

Queyras recibió a EL PAÍS durante su última visita a Madrid, en el camerino del Auditorio Nacional, para hablar de esta colosal partitura barroca formada por seis sucesiones de un preludio y cinco danzas. Bach las tituló en italiano, añadiendo el apelativo senza basso (sin bajo). “Conviene recordar que el bajo es el elemento más importante sobre el que se puede empezar a cantar; incluso cuando entonas Cumpleaños feliz hay un bajo subyacente”, señala.

Habla de las Suites como un desafío compositivo sin precedentes. “No solo convierte en protagonista a un instrumento como el violonchelo, habitualmente relegado al acompañamiento, sino que además lo hace sin ese elemento fundamental que es el bajo, invitando al oyente a imaginarlo. Eso vuelve esta música profundamente filosófica”, explica.

Cita como ejemplo extremo la sarabanda de la Quinta suite. “Es para mí el punto culminante de todo el ciclo: su desnuda línea melódica incluye numerosas alteraciones que sugieren armonías muy complejas. Es como si uno flotara en el espacio, con el tiempo completamente suspendido. Bach transforma aquí la aparente desventaja de un instrumento melódico frente a uno armónico, como el piano, en algo profundamente especial”.

Tras dos grabaciones del ciclo para el sello Harmonia Mundi y varios centenares de interpretaciones en concierto desde 1987, Queyras es hoy uno de sus principales intérpretes. Su acercamiento partió de dos modelos decisivos desde la adolescencia: Pablo Casals, redescubridor del ciclo y primer violonchelista en grabarlo íntegramente entre 1936 y 1939, y Anner Bylsma, autor en 1979 del primer registro con instrumentos de época, empleando un violonchelo sin pica, cuerdas de tripa y arco barroco.

“La primera grabación que escuché fue la de Casals”, reconoce. Recuerda una anécdota durante una sesión de escucha a ciegas para la revista alemana Concerti, en la que rompió a llorar tras oír los primeros compases de su grabación del movimiento lento de la Sonata núm. 5 de Beethoven. “Me dio mucha vergüenza, pero ningún violonchelista ha plasmado como él la esencia del ser humano en cada nota. Por eso te llega directamente al corazón, como cuando alguien te abraza y no necesitas hablar”, asegura.

Si Casals fue para él un modelo ético y humano, Bylsma le reveló una forma mucho más libre de afrontar las suites de Bach durante una clase magistral en el castillo de Villarceaux, en 1992, decisiva para su evolución como músico. “Me enseñó a encontrar la irregularidad y a ser un poco más irracional, pero también a dar mayor expresividad a las notas que sugieren la armonía subyacente”, explica. Su influencia se dejó sentir asimismo en el uso de cuerdas de tripa o arco barroco, aunque Queyras ha acabado integrando las aportaciones del historicismo en el violonchelo moderno. “Al final, como decía Harnoncourt, no se trata del instrumento que tocas, sino de cómo lo tocas”.

Con el tiempo, el violonchelista ha desarrollado además una lectura personal del ciclo como un viaje iniciático que va de lo natural a lo espiritual y lo universal. “Para mí la primera suite es la naturaleza; la segunda cultiva la melancolía; la tercera es jovial; la cuarta, solemne y majestuosa; la quinta, la más dramática y oscura, y la sexta, luminosa, como una declaración de amor universal”, sostiene.

También ha entendido estas obras como un diálogo estético, precediendo cada suite con música contemporánea para oxigenar su relación con Bach. “Es una consecuencia natural de mi vínculo con Pierre Boulez y de mi etapa en el Ensemble Intercontemporain, donde me acostumbré a trabajar con compositores vivos como György Kurtág o Helmut Lachenmann”, explica. Más adelante incorporó el lenguaje coreográfico, como en el montaje con cinco bailarines ideado por Anne Teresa De Keersmaeker, Mitten wir im Leben sind / Bach6Cellosuiten. Tampoco han faltado las redes sociales, con la extensa serie de vídeos explicativos filmados durante la pandemia para Idagio.

Todas estas experiencias han transformado su relación con las Suites, algo perceptible al comparar sus dos grabaciones del ciclo, de 2007 y 2023. “Con los años he ganado claridad en mi forma de tocar Bach, lo que me ha permitido dar mayor presencia al bajo y a las armonías subyacentes. Hoy me siento más libre, menos atado a la partitura y más cerca de lo esencial, para que la música vuele y respire”.

Sus próximos lanzamientos en Harmonia Mundi profundizan en ese diálogo entre pasado y presente. Incluyen un álbum conmemorativo de su dúo con el pianista Alexandre Tharaud, con la Sonata de Britten entre otras obras; el Concierto de Witold Lutosławski bajo la dirección de Gustavo Gimeno; una colaboración con Tabea Zimmermann y Javier Perianes en torno a la amistad entre Brahms y los Schumann; y una nueva entrega de Invisible Stream junto al saxofonista Raphaël Imbert, que tiende puentes entre la música clásica y la improvisación jazzística. Su compromiso con la creación actual iba a materializarse este enero con el estreno absoluto en Winterthur de un concierto de la compositora polaco-suiza Bettina Skrzypczak, finalmente sustituido por otro del joven compositor francés Benjamin Attahir.

La conversación concluye con su compromiso con Ucrania, país al que Queyras ha apoyado activamente desde la invasión rusa de 2022. “Más allá de las opiniones personales, vivimos en un mundo que se escora hacia la ultraderecha y el autoritarismo. Para mí, el pueblo ucraniano encarna hoy el sufrimiento por defender los valores europeos de democracia y libertad”, afirma. En abril participará en un concierto especial de la Sinfónica de Kiev en la Philharmonie de Berlín, donde interpretará el Triple Concierto de Beethoven junto al concertino de la Filarmónica, Noah Bendix-Balgley, y el pianista ucraniano Vadym Kholodenko. “Quien visite Ucrania no solo sentirá empatía, sino admiración por sus habitantes. Tenemos que estar muy agradecidos por lo que están haciendo”, concluye.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Pablo L. Rodríguez
Zamorano residente en Zaragoza, es doctor en Historia del Arte y Musicología. Colabora en EL PAÍS como crítico de música clásica desde 2013. Tuvo un pasado como violinista, pero finalmente se decantó por la teoría. Desde 1999, es profesor del Máster en Musicología de la Universidad de La Rioja, donde también coordina el Doctorado en Humanidades.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_