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Los cuatro de la Artemis 2: la aventura lunar de unos astronautas que han emocionado al planeta

En la primera misión espacial retransmitida en directo casi al completo, millones de ciudadanos han empatizado con la vida de la tripulación a bordo de la nave Orion

La tripulación de Artemis 2, compuesta por Christina Koch, Jeremy Hansen, Reid Wiseman y Victor Glover, se abraza tras completar su rodeo a la cara oculta de la Luna, el 6 de abril. NASA/ZUMA/Europa Press

A punto de afrontar el último tramo de su histórico viaje alrededor de la Luna, el piloto de la Artemis 2 expresó sus más profundos sentimientos ante la peligrosa maniobra de descenso a la Tierra: “Tenemos que conseguirlo y volver. Habéis visto ya muchas imágenes, pero lo mejor de todo viene de vuelta con nosotros. Tenemos muchas más historias que contar, muchas más fotos que enseñar. Todavía estamos empezando a procesar lo que hemos vivido, a formar unos recuerdos que nos durarán toda la vida”, afirmó Victor Glover en la madrugada del viernes a la prensa desde el espacio.

Horas después, cuando los tripulantes de la cápsula Integrity charlaron con congresistas y senadores de EE UU, Glover volvió a incidir en el valor que tiene la experiencia de ver con ojos humanos la cara oculta de la Luna como hasta ahora solo la habían visto sondas robóticas: “Una persona no solo recoge datos más rápido que un robot, sino que luego vuelve y te cuenta lo que se siente, no solo en un sentido técnico y médico, sino emocional. Aportamos la conexión humana, más allá de la exploración científica”, explicó el primer astronauta negro en viajar a la Luna, durante su última comparecencia pública antes de encarar —en la madrugada del viernes al sábado en España— un vertiginoso descenso de 13 minutos en los que, en sus propias palabras, irán “montados en una bola de fuego”.

A falta de saber si habrán culminado con éxito esa dramática reentrada en la atmósfera terrestre, los cuatro astronautas cuidadosamente seleccionados por la NASA ya han cumplido uno de sus grandes objetivos: lograr una conexión emocional con millones de personas en todo el mundo. Cuando los recortes que quiere imponer Trump llevan a la agencia espacial de EE UU a tener que elegir entre unos pocos —pero costosísimos— viajes tripulados para reconquistar la Luna y muchas sondas robóticas para explorar los confines de nuestro sistema solar, los tripulantes de la Artemis 2 han logrado volver a ilusionar con la idea de la exploración humana del espacio.

En la primera misión lunar que ha sido retransmitida en directo —casi al completo, incluyendo momentos íntimos como una ducha espacial de Glover—, el gran público ha tenido la oportunidad de empatizar con el día a día de cuatro astronautas flotando en el reducido espacio del interior de la Orion. Se han viralizado desde sus insólitas posturas para dormir y sus problemas con el retrete de la nave, o sus dulces favoritos y las cremas de sus rutinas de belleza, hasta los momentos más emotivos del viaje. El comandante de la misión, Reid Wiseman, no ha tenido ninguna duda al escoger cuál ha sido el que más le ha llegado al corazón: el instante en que sus compañeros de viaje solicitaron nombrar “Carrol” a un cráter lunar que acababan de observar, en recuerdo de su mujer, que falleció de cáncer en 2020.

En su última rueda de prensa antes del amerizaje previsto para esta madrugada, Wiseman relató cómo sus compañeros le hicieron la propuesta durante la cuarentena previa a la misión, en el Centro Espacial Kennedy (Florida, EE UU). “Me pareció un tesoro total, pero les dije que yo no podría hablar en ese momento. Jeremy [Hansen, el canadiense de la misión] dijo que lo haría él, es ese tipo de persona. Y cuando lo hizo, y deletreó el nombre de ella ‘C-A-R-R-O-L-L’, la emoción me superó y, al levantar la mirada, vi llorar a Christina [Koch, la primera mujer en viajar a la Luna] y todos nos vinimos abajo”. Los cuatro astronautas se fundieron entonces en un abrazo. Para el comandante de la Artemis 2, ese fue el gesto que más los ha unido durante sus casi 10 días de viaje espacial, y llegó justo antes de abordar el momento culminante de su misión: la observación científica de la cara oculta de la Luna, durante la cual pasaron 41 minutos incomunicados con la Tierra.

Durante sus comparecencias públicas desde el espacio, los cuatro astronautas han jugado a pasarse el micrófono y la mascota de la misión —Rise, una Tierra de peluche diseñada por un niño de 8 años de Mountain View (California)—. Los gestos de cariño y bromas entre ellos han sido constantes. Como cuando en la madrugada del viernes, el senador Ted Cruz —principal valedor del programa Artemis, ante los vaivenes de Trump— les preguntó quién querrían que interpretara su papel si se rodase una película de la Artemis 2. El comandante Wiseman eludió una respuesta seria al comparar a su compañero Jeremy Hansen con el siempre motivado personaje Buzz Lightyear de la saga de películas animadas Toy Story.

“A pesar de las extraordinarias vistas de la Luna que hemos contemplado, y algunas de ellas nunca imaginé que fueran así, nada cambia la perspectiva con la que empecé el viaje”, ha recalcado Hansen en varias de sus intervenciones. Para el tripulante canadiense, ver la Tierra desde lejos le ha recordado “que vivimos en un planeta muy frágil, en medio del vacío del espacio. Eso ya lo sabíamos gracias a la ciencia. Somos muy afortunados de vivir en la Tierra y nuestro propósito en ella ha de ser encontrar el gozo en ayudarnos los unos a los otros y encontrar soluciones juntos en lugar de destruirnos”.

Esas declaraciones, que apelan a la cooperación internacional, al cuidado del planeta y se dirigen a toda la humanidad como civilización, han sido compartidas por los cuatro miembros de la tripulación; y contrastan con el discurso nacionalista del presidente estadounidense Donald Trump, quien se refiere al programa Artemis como una iniciativa suya para “consolidar la supremacía de Estados Unidos en el espacio”; o del máximo responsable de la NASA, Jared Isaacman, que insiste en la necesidad de ganar a China esta nueva carrera espacial.

Y frente a la imagen heroica de los cowboys espaciales que ganaron para EE UU la primera carrera hacia la Luna, Christina Koch —la astronauta que más récords ha batido durante esta misión ha querido revestir de modestia y realismo el papel que ella y sus compañeros tendrán en la historia, como los astronautas que reanudaron los vuelos espaciales al espacio profundo, después de un parón de más de medio siglo.

Koch, que en el primer día de misión no dudó en remangarse para reparar el que ya es el retrete más famoso del Sistema Solar, sostiene que toda la tripulación de la Artemis 2 tiene claro que son solo el primer relevo en una carrera mucho más larga. “Cada cosa que hacemos durante esta misión, la hacemos pensando en la siguiente tripulación, en cómo podemos ayudarles a que tengan éxito”, explica la astronauta, quien se refiere con eso tanto al pilotaje manual de la nave Orion que han probado como a cualquier detalle del día a día, en un espacio reducido y muy difícil de compartir.

“Cualquier cosa que haces aquí, cualquier movimiento o tarea como tomar una foto, es una actividad que implica a cuatro personas. Puede parecer un incordio, pero también es realmente divertido”, afirma Koch. En su última comparecencia desde el espacio, respondiendo a los congresistas y senadores estadounidenses, reconoció que espera servir de inspiración a las niñas que sigan su aventura, como le inspiró a ella una visita al Centro Espacial Kennedy con sus padres cuando tenía 10 años: “Soñaba con volar al espacio desde ahí algún día, aunque seguro que no lo creía posible”.

Mientras Christina Koch pronunciaba esas palabras, a falta de justo 24 horas para el final de su viaje, la Orion superaba el punto medio de su regreso desde la Luna a la Tierra. Y es que, en el último de los cuatro días que dura el viaje de vuelta, la nave ha acelerado y multiplicado su velocidad hasta alcanzar la atmósfera terrestre, a los 40.000 kilómetros por hora con los que va a iniciar su vertiginoso descenso final hacia el océano Pacífico, en un punto frente a las costas del sur de California.

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