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La paradoja de Trump: saca pecho de la misión a la Luna mientras exige brutales recortes a la NASA

La Casa Blanca intenta mermar la inversión en ciencia, incluida la agencia espacial, que tendría que cancelar 40 misiones y recibiría un tijeretazo del 23%

01:21
Trump a los astronautas de Artemis 2: "Hoy han hecho historia"
La tripulación de la misión Artemis 2 en una imagen tomada el martes y facilitada por la Nasa. Desde la izquierda, Christina Koch, Jeremy Hansen, Reid Wiseman y Victor Glover, en el interior de la cápsula Orión. Foto: AP

Puede parecer una contradicción, pero tal vez no lo sea. Con tan solo cuatro días de diferencia, el presidente de Estados se ha apropiado del éxito de la primera misión tripulada a la Luna en más de medio siglo, y ha mandado al Congreso un documento presupuestario en el que pide por segundo año consecutivo unos recortes en ciencia inéditos desde la Segunda Guerra Mundial. En la mente de Trump, adelgazar al máximo el Estado no es incompatible con presumir de los logros del Estado.

“En mi primera legislatura tuve que tomar la decisión de qué hacer con la NASA, cerrarla o resucitarla”, les dijo esta semana Trump a los cuatro astronautas de la misión Artemis 2, que acababan de cumplir con éxito sus mayores hitos, y ya estaban de regreso a casa. “En mi mente no había alternativa, así que gastamos lo que había que gastar”, aseguró el presidente mientras el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas Christina Koch y Jeremy Hansen escuchaban en silencio poco después de haber sido los primeros en contemplar zonas enteras de la cara oculta de la Luna por primera vez, y convertirse en los humanos que más lejos han viajado en el espacio. Trump defendió su decisión de volver a la Luna con el programa Artemis, y lo relacionó con la creación de las Fuerzas Armadas del Espacio, a las que definió como su ”bebé”.

La primera vez que la humanidad orbitó la Luna fue en 1968, con la misión Apolo 8. La hazaña sucedió durante el peor año de guerra en Vietnam, con más de 16.000 soldados estadounidenses caídos. Medio siglo después, el país vuelve a estar sumido en una guerra contra Irán que lucha de la mano con su aliado Israel. La incógnita es si la vuelta a la Luna podrá desviar la atención del mundo e inspirar un mensaje de conciliación universal, como persigue la NASA.

Tras llegar a la Casa Blanca por primera vez en 2017, Trump agarró la vuelta a la Luna como una bandera política que agitar como parte de su victoria contra los demócratas. Su predecesor, Barack Obama, había luchado justo por lo contrario: no volver a la Luna —“ya hemos estado allí”— sino aterrizar sobre un asteroide para aprender a salvar a la Tierra de un posible impacto catastrófico. Fue así como el programa Artemis, una versión reacondicionada de antiguos planes lunares de legislaturas anteriores, principalmente el Constellation impulsado desde 2004 por el entonces presidente republicano George Bush, tomó nombre, forma y disfrutó de un presupuesto creciente.

Trump quería posar astronautas en la Luna en 2024, pero finalmente la fecha se ha ido retrasando hasta 2028. Según sus planes actuales, ese año, el último útil de su segundo mandato, habrá hasta dos aterrizajes de astronautas en el satélite. Será el comienzo de la colonización de la Luna, donde Trump quiere bases permanentes en 2032, incluida una central de fisión cuyo uranio llegaría en cargueros desde la Tierra. Todo para ganarle la carrera a China, que prevé llegar al satélite con sus astronautas antes de 2030. “Nunca seremos los segundos”, repite una y otra vez el presidente Trump.

Los nuevos presupuestos para 2027 propuestos por la Casa Blanca, presentados el viernes, incluyen 8.500 millones de dólares para el programa Artemis. El proyecto aporta todos los fondos necesarios para aterrizadores lunares, trajes espaciales, sistemas en la superficie lunar, y transportes para llevar astronautas a la Luna de forma “segura” y “rentable” para “aumentar la presencia de Estados Unidos en la Luna”, reza el documento. El proyecto incluye objetivos de incierto significado, como “eliminar requerimientos innecesarios y simplificar procedimientos operacionales complejos para tomar un camino mucho más directo” hasta el satélite.

También se crea un nuevo paquete de 175 millones para misiones robóticas que apoyen la creación de las primeras colonias. Estas bases “establecerán la dominancia de Estados Unidos en la Luna, permitirán una explotación más intensa de los recursos lunares por parte de la NASA y de las empresas estadounidenses, y servirán de campo de pruebas de tecnologías” que serán usadas para ir a Marte.

La gran incógnita en todo este plan son precisamente las empresas estadounidenses, en concreto dos: SpaceX, de Elon Musk, y Blue Origin, de Jeff Bezos. Ambas pugnan por ser las contratistas favoritas de la NASA para desarrollar los futuros módulos de aterrizaje en la Luna que la NASA necesita para poder reconquistar el satélite. Este martes, el administrador de la NASA, el multimillonario Jared Isaacman, dijo que sigue adelante la próxima misión, Artemis 3, que debe probar el acoplamiento de la nave Orion con esos módulos el próximo año. Pero no dio más detalles. Y tanto SpaceX como Blue Origin parecen aún muy lejos del objetivo, a juzgar por sus últimas pruebas. Durante esa rueda de prensa, una periodista le preguntó a Isaacman por los brutales recortes en la NASA que persigue el Gobierno de Trump. La presentadora del acto se apresuró a retirar la pregunta, porque no estaban allí para hablar de otra cosa que no fuera Artemis 2.

Por segundo año consecutivo, el Gobierno de Trump quiere amputar el presupuesto de la NASA. En esta ocasión se busca un recorte del 23% del presupuesto total de NASA. Artemis se salva, pero se amputan 3.400 millones del presupuesto científico de la agencia, reduciéndolo a la mitad, y cancelando más de 40 misiones “de baja prioridad”.

El Congreso de Estados Unidos tumbó una propuesta casi idéntica a principios de año, financiando completamente la cartera científica de la NASA, incluidas las ciencias de la Tierra. Al igual que el año pasado, la política científica de Trump ha sido recibida con protestas de importantes grupos de presión. “Esta propuesta resucita una amenaza existencial para el liderazgo de Estados Unidos en ciencia y exploración espacial”, ha dicho en un comunicado la Sociedad Planetaria, una organización no gubernamental creada en 1980 por el científico y divulgador Carl Sagan. La entidad le ha pedido a todos los miembros del Congreso que rechacen los nuevos recortes de Trump, y ha comenzado una campaña de recogida de fondos para “salvar la ciencia” en la NASA. La agencia ha perdido a uno de cada cinco trabajadores desde la llegada de Trump al poder y la imposición de los recortes promovidos por el magnate Elon Musk en 2025 al frente de su departamento de desmantelamiento estatal Doge.

El plan de Trump busca recortes en las agencias federales que financian o efectúan investigaciones sobre salud, espacio y medio ambiente. Algunas de las bajadas más pronunciadas se harían a la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) y a la Agencia de Protección Ambiental (EPA): los presupuestos de ambas caerían más del 50% en 2027 en comparación con sus niveles actuales. El presupuesto de los Institutos Nacionales de Salud, el mayor organismo de investigación biomédica del mundo, se reduciría un 13%.

A cambio, el presupuesto aumenta un 40% el gasto en defensa, mientras el gasto en programas civiles cae un 10%.

En última instancia, es el Congreso quien decide cómo se gastará el presupuesto federal, no el presidente. El Congreso rechazó las solicitudes de la administración para grandes recortes en 2026, restaurando la financiación de muchos de los programas que la Casa Blanca buscaba eliminar. La propuesta de Trump es un punto de partida para las negociaciones del Congreso, que podrían prolongarse hasta el inicio del año fiscal 2027 el 1 de octubre.

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