Vivir la cultura: una oportunidad para la seguridad y el crecimiento económico
Si Chile busca avanzar hacia un nuevo ciclo de estabilidad, seguridad y crecimiento, conviene ampliar la mirada para dar a la cultura un lugar importante como pilar del desarrollo y como una inversión estratégica en cohesión social y prevención

Un paseo por el barrio París–Londres hoy nos dice más sobre seguridad que muchos discursos. No porque el delito haya desaparecido, sino porque el barrio volvió a ser vivido. Hay programación cultural –que también impacta en el turismo–, espacios para emprendedores y una circulación continua que reinstala reglas básicas de convivencia. Este caso sirve para discutir dos prioridades que hoy concentran la atención pública en Santiago centro y, posiblemente, en el país completo: seguridad y crecimiento económico.
Proyectos inmobiliarios como los que se van a ejecutar en la Avenida Presidente Balmaceda o en el edificio de la Bolsa de Comercio dan cuenta de un escenario distinto al de años más críticos, ya que como lo han dicho varios líderes empresariales, el centro se está recuperando y proyecta un escenario optimista. Frente a este panorama la cultura tiene mucho que aportar. De hecho, podría ser una gran aliada para la regeneración urbana de varios sectores, contribuyendo con herramientas que permitirían reactivar barrios, atraer públicos y restituir condiciones de vida.
Lo anterior me lleva a plantear una afirmación que suele incomodar al debate público: la seguridad y el crecimiento no se sostienen únicamente con medidas duras. Pueden ser necesarias, pero son frágiles si no se apoyan en un marco cultural que vele por la convivencia y reconstruya la confianza. Porque la cultura, entendida más allá de las artes —es decir, como valores, prácticas y normas compartidas—, es mucho más que un enunciado teórico. Es parte de la infraestructura social que vuelve viables las políticas públicas.
En materia de orden, esto es especialmente evidente. La seguridad pública es una responsabilidad central del Estado, pero no se agota en él. Estudios sobre inseguridad en Santiago muestran que el arraigo barrial, la cohesión social y la confianza entre vecinos se relacionan con menores niveles de inseguridad percibida. Dicho de otro modo: cuando el espacio se usa, se cuida y se reconoce como propio, el miedo retrocede, posiblemente, incluso antes de que cambien las estadísticas.
Estos datos permiten leer con mayor profundidad los resultados de una encuesta realizada en 2025 por la Cámara Nacional de Comercio en el casco histórico de nuestra capital. Para un 72% de los locatarios, la seguridad es la principal prioridad, pero junto a ello, los propios comerciantes identifican como clave la reactivación de la economía local. No hay contradicción: existe una comprensión práctica de que es necesario el control, y, además, la activación económica, pero si existe una base cultural el problema puede reducirse o incluso resolverse.
En este entramado de seguridad, economía y cultura se inscribe, por ejemplo, la visión de la naciente Red Cultural Alameda, una articulación inédita entre centros culturales, museos y universidades –instituciones tanto públicas como privadas– ubicadas a lo largo del principal eje cívico de Santiago, que busca aportar a estas dimensiones a partir de su programación, creando una verdadera ruta de la cultura en el centro de la capital. Una iniciativa que reafirma nuestra convicción institucional de vivir la cultura.
Por otra parte, si se analiza desde la vereda del campo económico, una sociedad que aspira a crecer de manera sostenida requiere estabilidad, cooperación y capacidad de adaptación, y estas condiciones no se producen solamente a través de reformas o inversiones. También se requieren marcos culturales que favorezcan el aprendizaje, la creatividad y la innovación.
La relación entre cultura y desarrollo tampoco surge de forma intuitiva. A nivel internacional, la evidencia muestra que las industrias creativas se han consolidado como componentes relevantes para el crecimiento económico. De acuerdo con la Unctad su contribución al PIB oscila entre el 0,5% y el 7,3% según el país, y su capacidad para generar empleo alcanza hasta un 12,5% de la fuerza laboral. El dinamismo se concentra especialmente en los servicios creativos, cuyas exportaciones han crecido con fuerza en la última década, generando billones de dólares.
La evidencia comparada muestra que las industrias culturales y creativas también pueden incidir positivamente en el ingreso per cápita y en los procesos de desarrollo territorial, aun cuando su impacto sigue estando poco considerado en las estadísticas a nivel nacional. Además, un aumento en la participación de estas industrias tiende a asociarse a mayores niveles de bienestar, lo que explica por qué muchos procesos de regeneración urbana en América Latina han incorporado la cultura como eje estructural.
Si Chile busca avanzar hacia un nuevo ciclo de estabilidad, seguridad y crecimiento, conviene ampliar la mirada para dar a la cultura un lugar importante como pilar del desarrollo y como una inversión estratégica en cohesión social y prevención. La estabilidad democrática requiere construir y mantener un espacio común que vuelva a ser habitado y valorado, donde la confianza deje de ser excepcional.
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