Efraín Juárez: “Hay gente que cambia cuando los critican y se vuelven políticamente correctos”
El entrenador del Pumas analiza en entrevista con EL PAÍS el papel de los estrategas mexicanos, los consejos de Javier Aguirre y el presente del fútbol del país


Efraín Juárez (Ciudad de México, 38 años) llegaba a casa tras los partidos, buscaba una de sus libretas y se ponía a escribir. Ahí volcaba la táctica que les hizo ganar, el consejo de sus entrenadores o incluso los regaños de Ricardo Tuca Ferretti. Esos diarios le sirvieron para fraguarse como uno de los entrenadores revelación de México. Y aún sigue escribiendo. Fue campeón del mundo juvenil en 2005 y jugó el Mundial de 2010. Ahora quiere engrandecer a los Pumas de la UNAM. Recibe a EL PAÍS en el Estadio Olímpico Universitario.
Pregunta. Usted es parte de la generación de la ruptura mexicana que ganó el Mundial sub 17. Está hecho con un chip ganador. ¿Cómo transmite ese apetito a sus pupilos?
Respuesta. Somos la generación de la realidad. Nunca me imaginaba ser futbolista. Cuando venía el Mundial, pensaba en que íbamos a competir por ser campeones del mundo y la realidad siempre me llevaba a... No una decepción, pero sí a un ‘¿qué pasa? ¿Cuál es la situación por la que no ganamos?’ A los seis años crees que México es el mejor del mundo. Soñaba con Brasil-México en la final. Cuando pasó el campeonato juvenil y ganamos, mis papás me preguntaron: ‘¿Qué sigue?’ No podíamos vivir solo del sub 17. Se festeja en la noche y al otro día se debe pensar en el siguiente objetivo. Ahora que soy técnico y puedo decir que no vivo de lo bueno que se hizo, sino de lo siguiente. Con el pasado, sea bueno o malo, no puedes hacer absolutamente nada. Es cómo mejorar día a día sin importar el resultado.
P. Para usted y para el resto de esa selección juvenil, ¿fue una losa de presión al haber sido campeones del mundo y satisfacer las expectativas?
R. Fuera de la presión, había mucha expectativa. La estadística te da que de los sub 17 pocos se consolidan. De esa generación se consolidaron hasta 8 o 10, más de lo normal. Consolidar para mí es que jugaron en Primera División, que pisaron selección mayor y algunos representamos a México. La expectativa era eso: ‘Estos son los que nos van a llevar a ganar el Mundial’. Y la realidad es que éramos unos adolescentes. De esa sub 17 fui el último en debutar. Me fui a Barcelona a tres meses de ser campeón. Cuando llegué a España, sinceramente, fui uno más, o menos que uno más. Es ahí cuando a mí la realidad me abre los ojos para decir: ‘Falta muchísimo para consolidarte’. Debuto a los 20 años, la mayoría de mis compañeros ya había debutado a los 17 o 18. Me ayudó porque regresé más maduro.
P. ¿Qué le hizo ser entrenador?
R. Desde los 23 años, cuando empecé a ir a selección, antes del Mundial, decía: ‘Cuando me retire debo estar envuelto en la parte técnica-táctica’. Una de las cosas que más me gusta es enseñar, aportar mi poquita o mucha experiencia. Cada charla, cada ejercicio que me gustaba, lo apuntaba. De vez en cuando echo unos vistazos. Me quedan grabadas frases de cuando íbamos perdiendo 2-0 en casa y estaba la frase de un técnico que te picaba el orgullo para salir y remontar. Quería ser entrenador inconscientemente.

P. ¿Qué lecciones le dejó Javier Aguirre?
R. Ganamos la Copa de Oro, fuimos al Mundial, pero también me tocó una época complicada cuando no se daban los resultados en España con el Zaragoza. Una de las virtudes de Javier es su temple a pesar de las circunstancias. Siempre con la virtud de ser honesto, a veces hasta doloroso porque te dice la verdad, pero siempre por un bien común del equipo. Esa honestidad la impregna con el ejemplo. Eso es lo más difícil en el fútbol. Muchas veces nos callamos cosas por no herir. Lo único que vale es la honestidad: por qué juegas o por qué estás en la banca.
P. ¿Ya puede darle consejos a Aguirre?
R. No, ¡imagínate! Él tantísimas batallas que tiene. Javier es el mejor técnico mexicano de la historia, va a ser difícil de superar lo hecho en su carrera.
P. ¿Cómo ve a la selección?
R. No la juzgo como entrenador, sí como aficionado. Tienen una gran oportunidad de hacer el mejor Mundial de nuestra historia. Hay una buena calidad de jugadores aunado con una experiencia del cuerpo técnico. Podemos dar una sorpresa linda.
P. Su personalidad lanza guiños a la de Hugo Sánchez. Alguien muy seguro, pero que a veces eso choca con mucha gente.
R. Me llevó a una pretemporada con Pumas a mis 15 años. Es un tipo fuera de serie más allá de lo que la sociedad lo pueda juzgar. Una de las cosas que lo define y que comparto es: ‘Ten la lengua larga, pero la cola corta’. Y él sabe perfectamente quién es. Esa seguridad es incómoda para algunos. Hay gente que cambia en el camino cuando los critican y se vuelven políticamente correctos. Tienes que morirte con la tuya, con lo que crees, con lo que piensas, no puedes complacer a nadie, solo a ti mismo. Solo la almohada lo juzgará.
P. Si usted tuviera pasaporte argentino o español, ¿se le criticaría menos?
R. Quisiera creer que no. He sido un poco irreverente. Hubo un momento en el que empecé a actuar políticamente bien en mi carrera. No me gustaba esa forma, quería ser yo. Nunca voy a traicionar lo que creo por más a que a mucha gente no le guste. En nuestro país, no le damos el propio valor a lo que tenemos en casa y no es queja. Gran parte de mi carrera la he pasado fuera siendo extranjero. No hay ningún país como México en el trato hacia el extranjero. En cualquier otro país, como extranjero, tienes que demostrar que eres lo mejor que hay para que tengas el respeto y aquí damos por concebido que lo que viene es mejor de lo que hay.
P. ¿El entrenador mexicano está en peligro de extinción?
R. Sí. Hay menos oportunidad para el técnico y para el jugador mexicano. Hoy tienes la obligación de alinear a cuatro mexicanos cuando antes lo máximo de extranjeros eran cuatro. Es consecuencia de la globalización. Respeto mucho a todos, pero muchas veces al técnico extranjero se le da más oportunidad por ser extranjero. Hay un talento de técnicos mexicanos impresionante.
P. ¿Cómo digiere la idea de que México no tiene paciencia con los proyectos de largo aliento?
R. Eso es muy común en el fútbol pero en México es... ¡Uf! Aquí la evaluación es de acuerdo al resultado y desafortunadamente de 18 equipos solo uno es campeón. ¿Cómo evalúas a los otros 17? Quiere decir que tienes que correr a 17 técnicos y que el campeón conserva su trabajo. ¡Cosa que no es verdad! Creo en el proceso y en su evaluación. ¿Tu equipo juega mejor? ¿Hay una idea clara de juego? ¿Hay una comunión con la afición? ¿Te acompañan los resultados? Oye, aunque no seas campeón quiere decir que el proceso va hacia adelante. En México, no hay tiempo porque el resultado vale más que el proceso. El problema viene de cómo te evalúa el directivo. ¿Basado en qué? Hay equipos que cambian hasta tres veces de entrenador en seis meses.
P. Y, sin embargo, fue campeón de Liga y Copa con el Atlético Nacional.
R. Uno despierta todos los días para ser campeón. Unos procesos por calidad de plantilla son más rápidos, pero el plan de trabajo es exactamente el mismo. Puedo decir con resultados que lo que hago funciona. No solo en Nacional. En MLS, tardamos dos años en ser campeones. En Brujas, tardamos un año. En Nacional, fueron seis meses. ¿De qué depende? De la plantilla, suerte, trabajo o asimilación de las ideas. He hecho siempre lo mismo porque, para mi punto de vista, funciona.

P. ¿Cómo fue ese fichaje?
R. Estaba en un proceso buenísimo en mi carrera: de MLS salto a Europa con el Standard de Lieja y luego a un equipo de Champions como el Brujas. Cuando tienes esos procesos y experiencias, los clubes empiezan a preguntar. Conocí a la gente encargada del Atlético Nacional y me preguntaban, sin ser entrevista, cómo se trabajaba en Europa. Cuando les expliqué, me preguntaron: ‘¿Todo eso haces?’ A las dos semanas ya era técnico. El entrenador tiene que ser muy egoísta, tiene que pensar en lo que hace más allá de lo que importa: la familia porque, si no, no puedes dedicarte a esto al 100%.
P. ¿Usted se ve a sí mismo como un Quijote? Un tipo que va a contracorriente.
R. (Se ríe) Lejos de verme así creo mucho en lo que hago, en mis valores y principios. Esos no son negociables. Prefiero no hacer cosas que no soy. No voy a contracorriente, voy en lo que Efraín Juárez piensa, siente, sueña. No estoy aquí para caer bien, no vine a hacer amigos. Me dedico a hacer lo que he aprendido en 16 años fuera de mi país. Quiero que se me recuerde como un tipo honesto, sin filtro, leal y que me juzguen como quieran. No me importa.
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