México libera tensión al invitar a Irán al Mundial mientras la FIFA afronta un dilema político y logístico
La posibilidad de trasladar a territorio mexicano los partidos de la selección iraní es aún incierta, a pesar de que la federación persa descarta viajar a Estados Unidos


Al presidente Donald Trump, “realmente no le importa” si el equipo iraní va a los partidos que tiene programados para la Copa del Mundo en Estados Unidos, mientras Irán reclama que teme por la seguridad de su delegación en caso de asistir a ese país. Con la ronda eliminatoria a la vuelta de la esquina y el torneo a 85 días, la FIFA afronta los retos logísticos que implican que un equipo se baje del torneo a esta altura. México, además, ha puesto sobre la mesa una nueva posibilidad que ha aumentado la incertidumbre, al decirse dispuesto a acoger los encuentros de Irán. La propuesta, deslizada en plena escalada de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha introducido una nueva variable en una ecuación donde solo la FIFA tiene la última palabra, mientras el máximo órgano del fútbol, hasta ahora, se mantiene en silencio.
La selección de Irán aseguró su clasificación al Mundial desde marzo de 2025 tras derrotar a Uzbekistán. Ya colocado en el grupo G, tiene previsto enfrentarse a Nueva Zelanda y Bélgica en la sede estadounidense de Inglewood, California, y contra Egipto en Seattle. Pero la ofensiva de Washington sobre Teherán que comenzó hace poco más de dos semanas, ha instalado la incertidumbre en varios aspectos del torneo. Trump afirmó que el equipo iraní es “bienvenido”, a la vez que sugirió que quizá sería mejor que no participara “por su propia seguridad”. Los representantes iraníes entonces, exploran otras alternativas, como trasladar sus partidos a México, otro de los países anfitriones. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, confirmó este martes que la opción está siendo considerada en conversaciones con la FIFA.
México como país sede no tiene facultad de modificar el calendario ni reacomodar los partidos. Que la presidenta ofreciera al país para recibir a Irán sabiendo que no tiene el poder de decidir eso, es “una postura diplomática”, considera Patricia Martínez Torreblanca, especialista en estudios del deporte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Puede tener repercusiones en otros ámbitos como la relación comercial con Estados Unidos. Pero creo que ella lo plantea desde la idea del deporte como un espacio de paz, concordia y unidad. Así propone a México como un lugar donde Irán podría jugar”, apunta. En el escenario —poco probable, según Martínez—, de que México acoja los encuentros de Irán, la sede ideal sería Monterrey, Nuevo León, pues Ciudad de México está atrasada en algunas obras y enfrenta desafíos de movilidad, y Jalisco ha tenido problemas de seguridad.
El Mundial de 2026 será el primero con 48 selecciones, organizado de manera conjunta por tres países y presentado por la FIFA como un símbolo de cooperación internacional. Sin embargo, su presidente, Gianni Infantino, se ha acercado especialmente a Estados Unidos al estrechar su relación con Trump. Una relación que alcanzó su punto máximo cuando le entregó personalmente el “Premio FIFA de la paz”, creado única y especialmente para el magnate, mientras este reclamaba no haber recibido el Nobel en la misma categoría, —que le fue regalado más tarde—. Ahora, después de que Estados Unidos ha atacado a Irán, la organización se encuentra en una posición incómoda y el calendario presiona a la FIFA a tomar una decisión pronto. Según algunos medios deportivos, el organismo ha descartado modificar las sedes, aunque no ha hecho un comunicado oficial.
La lógica del Mundial, en cualquier caso, está diseñada para evitar improvisaciones. Las fechas, sedes y rutas de viaje de las selecciones se definen desde años antes del torneo. Cambiar un solo elemento implica alterar toda una cadena de decisiones logísticas. Los boletos ya están vendidos, las transmisiones tienen compromisos firmados y las ciudades anfitrionas planificaron la llegada de sus equipos y aficionados. En el primer torneo que se jugará en tres países, el desafío es todavía mayor. “No se trata solo de Irán, se trata de reorganizar a todas las selecciones con las que comparte grupo”, agrega Martínez.
La FIFA, además, procura mantener un equilibrio entre las confederaciones que participan en el torneo. Las plazas del Mundial están distribuidas geográficamente y cualquier sustitución debe respetar ese balance. Si Irán, que pertenece a la Confederación Asiática de Fútbol, finalmente decide no participar, el escenario más probable sería que otro equipo asiático ocupara su lugar. El país que podría beneficiarse en esa situación es Irak, que se encuentra en la siguiente posición dentro de la clasificación regional. Pero esa alternativa, también en riesgo por el papeleo que ha frenado a la selección de asegurar su viaje a México, también implicaciones que van más allá del fútbol. “Desde el punto de vista deportivo tendría sentido”, explica la académica. “Pero en términos geopolíticos sería una decisión delicada”, asegura.
Las selecciones que clasifican al Mundial reciben recursos de la FIFA para financiar su participación en el torneo. Si un equipo decide retirarse en esta etapa, tendría que devolver esos fondos y enfrentar otras sanciones, como multas que superan los 300.000 pesos. Pero más allá de las sanciones, la cuestión central es política. El repechaje, donde se definen las últimas plazas del torneo se juegan en México en los próximos días.
No es una situación nueva para el evento deportivo más visto del planeta. A lo largo de su historia, la FIFA ha tenido que navegar conflictos políticos, boicots y tensiones internacionales. “La FIFA funciona casi como un organismo supranacional”, señala la especialista. “Tiene más federaciones afiliadas que la propia ONU y maneja enormes recursos económicos”, apunta.
Ante todo el panorama, Martínez espera “flexibilidad para permitir que Irán participe y que esto no se interprete como un boicot al Mundial 2026”. La especialista concluye: “En este momento la FIFA está en medio de un conflicto que no depende de ella. Lo único que puede hacer es intentar tomar la mejor decisión posible para proteger el torneo, el deporte y, sobre todo, a quienes lo juegan. Por ahora, todas las opciones siguen abiertas, pero la decisión final tendrá implicaciones deportivas, políticas y diplomáticas”.
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