Costa Rica vota bajo la sombra de una deriva autoritaria
Laura Fernández, la candidata del presidente, Rodrigo Chaves, es favorita en todos los sondeos para las elecciones de este domingo


Carla Miranda tiene 18 años y votará por primera vez este domingo en Costa Rica. La joven, que la tarde del sábado cargaba una bandera de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC) en el parque de Alajuela, una ciudad a una hora de la capital, se muestra entusiasmada como electora primeriza. “Me he informado sobre los partidos, no solo sobre la cara de quienes quieren ser presidente”, afirma. A su juicio, buena parte del electorado costarricense no indaga en qué propone realmente cada agrupación.
La convicción de Carla es una muestra de cómo los ticos —como se autonombran los habitantes del país— acuden este domingo a lo que aquí llaman una “fiesta electoral”: unas elecciones generales cruciales en las que está en juego la continuidad de una democracia de larga tradición o un giro hacia el modelo “refundacional” que propone el actual presidente, el populista Rodrigo Chaves, con una mayor concentración de poder en el Ejecutivo, la reducción de los contrapesos institucionales y reformas a la Constitución.
La campaña se ha desarrollado en un entorno mediático crispado y de alta polarización, con Chaves —que no puede presentarse a la elección— como protagonista principal, denostando a las candidaturas de la oposición, una veintena de partidos que aspiran a forzar una segunda vuelta. La candidata del oficialismo, Laura Fernández, confía en alcanzar el 40% necesario para evitarla. Las mesas electorales abrirán de seis de la mañana a las 18:00 horas y se espera que el Tribunal Electoral dé a conocer los primeros resultados antes de las 22 horas.

Por encima de los ataques políticos queda un electorado dividido entre quienes se muestran desencantados con el sistema, los indecisos y aquellos que ya han tomado partido y lo exhiben con orgullo, como Carla. Votará por Claudia Dobles, del CAC, a quien describe como una figura preparada, con ética y capacidad para responder con solvencia en los debates. Reconoce que el principal partido de la coalición, el PAC, arrastra desgaste por candidaturas pasadas y por su paso por el poder, pero cree que esta vez hay una oportunidad de cambio. “Confío en ella”, insiste.
El parque central de Alajuela, donde Carla portaba la bandera de su partido, es una postal de este país que ha convivido en paz desde que abolió el Ejército en 1948. Aquí no hay espacio para insultos entre votantes. En su familia, la abuela apoya al Frente Amplio y el abuelo al partido oficialista. En el parque, simpatizantes del Gobierno se mezclan con opositores, todos sonrientes y expectantes ante la jornada electoral.

Uno de ellos es Freddy Ramírez Mora, de 76 años, profesor jubilado de Historia y Geografía, que ha votado en casi todos los procesos electorales desde 1970. Esta será, calcula, su decimotercera o decimocuarta elección. Camina por Alajuela con una camiseta de Laura Fernández sin temor ni reproches. Para él, esa normalidad es prueba de que Costa Rica sigue siendo una democracia sólida. “Por eso nos llaman la Suiza de Centroamérica”, dice orgulloso.
Ramírez votará por Fernández convencido de que la continuidad del Gobierno de Rodrigo Chaves es necesaria. Considera que cuatro años no bastan para cerrar proyectos y que los gobiernos deberían tener al menos dos periodos consecutivos para consolidar políticas públicas. Defiende la gestión del presidente saliente, a quien atribuye la estabilización de la economía, el control de la inflación, un tipo de cambio cercano a los 500 colones por dólar y avances en infraestructura. Recuerda que antes de Chaves el dólar rozó los 700 colones y el impacto en el costo de vida fue severo.
Valora especialmente el estilo directo del mandatario. Cree que en Costa Rica existe una incomodidad frente a la franqueza y que esa es una de las razones del rechazo que despierta Chaves entre sus críticos. Rechaza las acusaciones de autoritarismo y de amenazas a la democracia, que atribuye a una estrategia de la oposición, en particular de Liberación Nacional, partido al que acusa de décadas de corrupción y control del Congreso.
Quien no ve a Chaves de la misma manera es Karla Chaves Brenes. La candidata a diputada por San José de la Coalición Agenda Ciudadana recorría Alajuela en la víspera electoral con una convicción que no disimula: Costa Rica se enfrenta, a su juicio, a la elección más delicada en décadas. Lo que está en juego, sostiene, no es un simple cambio de Gobierno, sino la preservación de las garantías individuales y de la institucionalidad democrática.
Chávez ve en el proyecto continuista del oficialismo una amenaza directa al Estado de derecho. Considera que, bajo el discurso de “ordenar el país”, el Gobierno ha chocado con prácticamente todas las instituciones, sin mostrar resultados claros en seguridad ni en la lucha contra la delincuencia organizada. A su entender, la intención es ganar otros cuatro años para seguir debilitando los contrapesos y abrir la puerta a una eventual reforma constitucional que permita la reelección consecutiva.

Por eso, insiste en que el principal adversario de esta jornada es el abstencionismo. “Cuando la gente no vota, le facilita el camino a los candidatos autoritarios”, repite, mientras anima a respaldar a las opciones que —dice— defienden la democracia, la libertad de expresión y la división de poderes. En su caso, promueve el voto por Claudia Dobles.
Chávez percibe un clima electoral distinto al de otras épocas. Habla de menos banderas, menos expresiones públicas de preferencia y de un “voto silencioso” marcado por el miedo. Asegura que hay personas que evitan manifestar su postura política por temor a represalias laborales y subraya la apatía de parte de la juventud, aunque confía en un despertar tardío del entusiasmo cívico. Las mujeres y los jóvenes, afirma, serán decisivos. Pero reconoce que esta campaña ha perdido brillo y color, una señal —advierte— de retroceso democrático. “Aún estamos a tiempo”, dice. “Mañana se puede derrotar al continuismo”.
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