Cuba llama a los cubanos en el exterior a invertir en agro, infraestructura y finanzas
La apertura también se extiende a las empresas estadounidenses


El Gobierno cubano anunció oficialmente lo que ya habían dejado saber en la mañana de ese lunes: que preparará el terreno para que los emigrados cubanos puedan regresar a la isla con el fin de oxigenar la economía de un país en sus últimas. El panorama de Cuba resulta intrigante todavía, en un momento en que el Gobierno le abre las puertas a sus residentes en el exterior, al mismo tiempo en que fuentes cercanas a la administración de Donald Trump aseguran que Washington amasa la idea de sacar del poder al mandatario Miguel Díaz-Canel.
A pesar de que para la noche del lunes la isla estaba sumida en un apagón generalizado, Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión de Cuba, compareció en el programa oficial Mesa Redonda y anunció las medidas de cara a que los cubanos en el exterior, que incluso hayan perdido su estatus de residentes en la isla, puedan volver a invertir en negocios privados, proyectos productivos y participar del sistema financiero nacional.
En adelante, según el funcionario —sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro y de quien se ha dicho que podría ser el “Delcy Rodríguez cubano”—, los emigrados podrán participar como socios o propietarios de empresas privadas en el país, pero no solamente en pequeños negocios, sino también en proyectos de mayor nivel. Incluso podrán asociarse con empresas cubanas, tanto estatales como privadas. En sus declaraciones, Pérez-Oliva Fraga dejó claro, además, que esta apertura no se restringe solo a los cubanos fuera de la isla, sino que están abiertos al comercio con empresas estadounidenses.

Las nuevas medidas dictadas desde La Habana llegan después de cuatro días de que Díaz-Canel reconociera en la televisión nacional lo que por semanas habían estado negando, es decir, que Cuba y Estados Unidos están sentados a la mesa de negociaciones, en medio de la mayor crisis del castrismo en su historia.
Aunque por décadas Cuba ha acumulado una crisis sobre otra que parecen no tener solución, la situación en la isla empeoró desde el pasado 29 de enero, en que Trump declaró la emergencia nacional, amenazando con multar los aranceles de los países que les envíen petróleo. Si bien algunos gobiernos, como el mexicano, han seguido proveyendo ayuda humanitaria a la isla, Díaz-Canel dijo que desde hace tres meses no llega ni una gota de combustible. Jorge Piñón, experto en energía al frente de un equipo en la Universidad de Texas que realiza un seguimiento del petróleo de Cuba, declaró a EL PAÍS que “si a finales de marzo no se ve la chimenea de un tanquero en el horizonte, llegó la hora cero para Cuba”.
Eso es lo que parece estar evitando Washington, o sea, cargar sobre sus hombros una crisis humanitaria a 90 millas de Florida, después del ataque a Venezuela y con las manos embarradas de la guerra en Irán. “Desde el punto de vista de los intereses nacionales, ellos temen las consecuencias de un desenlace de la crisis humanitaria que sea peor de lo que ya están viviendo los cubanos”, asegura Michael Bustamante, profesor de la Universidad de Miami y autor del libro Cuban Memory Wars. “Temen la desestabilización de la sociedad, por eso quizás están buscando llegar a algún tipo de trato que implique concesiones grandes de parte de las autoridades cubanas en el terreno económico, y quizás algunas cosas en el terreno político”.
Aunque aún está por verse qué clase de concesiones políticas hará La Habana —hace unos días excarcelaron 51 reclusos, entre ellos algunos presos políticos, aunque los cubanos exigen la liberación de los más de 1.000 que permanecen en las cárceles—, ni Trump ni su secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, han dicho en sus declaraciones sobre Cuba que el objetivo con la isla sea provocar un cambio de sistema.

Los planes económicos, sin embargo, ya han comenzado a andar. En las declaraciones de este lunes en la noche en la televisión nacional, Pérez-Oliva Fraga también anunció que los cubanos en el exterior podrán participar del sistema financiero-bancario nacional, con la posibilidad de abrir cuentas bancarias en divisas en bancos cubanos, y podrán obtener licencias para participar como proveedores de servicios de activos virtuales. El plan contempla, incluso, la entrega de tierras en usufructo, con el fin de inyectar vida al sector agropecuario, tan debilitado desde hace décadas en una isla que lleva años importando casi todo lo que consume.
Las nuevas aperturas no llegan con mucho entusiasmo a manos de la comunidad cubana en el exterior, que en momentos anteriores, como en la época del deshielo del expresidente Barack Obama, apostó por regresar a invertir en el país y terminaron con pérdidas, expropiaciones, y algunos incluso tras las rejas. Hay quien desde ya se hace preguntas sobre la legalidad, la claridad, la transparencia y las garantías que ofrecerá el Gobierno cubano en este escenario.
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