El exdirector de Chevron en Venezuela informó a la CIA de que la oposición tendría dificultades para controlar el país
Moshiri informó que apostar por Delcy Rodríguez daría más estabilidad porque la opositora María Corina Machado no tenía influencia sobre el aparato de seguridad del Estado


Estados Unidos preparó con meses de antelación el golpe en Venezuela que terminó con la captura del expresidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. También planificó la sucesión y definió la transición política cuando cayera el líder chavista. El exejecutivo de Chevron en Venezuela, Ali Moshiri, fue clave para que Washington apostara por Delcy Rodríguez en detrimento de María Corina Machado, la líder opositora que había reconocido como ganadora de las elecciones de 2024.
El pasado 3 de enero, el ejército estadounidense desplegó una misión militar en Caracas en la que participaron más de 150 aviones y helicópteros y un equipo de los Delta Force, la unidad de élite entrenada para operaciones especiales. En apenas unos minutos entraron en Caracas y apresaron a Maduro. Washington apostó por dejar a Delcy Rodríguez, la número dos del gobierno chavista, al frente del país. Era la opción más segura según los informes recabados por los agentes de la Agencia Central de Información (CIA), que infiltraron a un comando en el país caribeño meses antes del ataque.
Los oficiales de la agencia de espías tenían dos misiones. La primera, localizar a un objetivo que proporcionara información sobre los movimientos de Maduro, su estilo de vida y su círculo más cercano. Lograron captar un activo importante que facilitó la información decisiva sobre el expresidente venezolano. Así supieron que esa noche el líder chavista estaba en su residencia en la instalación militar de Fuerte Tiuna, al sur de Caracas.
La otra misión consistía en reunir información para analizar cómo podría ser la transición política del país tras la caída de Maduro. La Casa Blanca quería decidir si se podía apostar por la oposición, que había ganado las elecciones celebradas en 2024, aunque la victoria no fue reconocida por Maduro, que se mantuvo en el poder. O, por el contrario, había que negociar con el régimen chavista bajo la amenaza de una intervención militar de mayor escala.
En ese punto surge la figura de un hombre decisivo, Ali Moshiri, el exejecutivo de Chevron en Venezuela. La petrolera era la única compañía estadounidense que seguía operando en Venezuela tras las sanciones y el embargo decretado por la Casa Blanca.
Moshiri declaró a la CIA que si el gobierno estadounidense intentara derrocar a todo el régimen de Maduro e instaurar a la oposición democrática liderada por María Corina Machado, se encontraría ante otro atolladero como el de Irak, según ha adelantado The Wall Street Journal.
El directivo de Chevron argumentó que Machado carecía del apoyo de los servicios de seguridad del país, ni podría controlar a los círculos de poder económico influidos por más de dos décadas de chavismo.
Moshiri aconsejó a la CIA que Estados Unidos apostara por Delcy Rodríguez; aunque había sido leal a Maduro como su número dos y su hermano controlaba el parlamento, había opciones para negociar con ellos una transición. El informe de la agencia de espías llegó al despacho de Trump. Las semanas previas a la operación militar que acabó con Maduro en una cárcel de Manhattan (Nueva York), el mandatario estadounidense celebró varias reuniones con su estado mayor para fijar los términos de la operación militar al tiempo que negociaba con Maduro.
El papel de Moshiri, que dejó de trabajar para Chevron en 2017, pero siguió prestando apoyo como consultor en la operación, revela cómo Washington recabó información de la industria petrolera.
Además, marca un giro radical para las perspectivas de Chevron en Venezuela, donde la decisión de la compañía de mantener su inversión durante décadas de inestabilidad política le otorga ahora una ventaja estratégica a medida que el petróleo comienza a brotar de nuevo.
Chevron, que ha operado durante décadas en Venezuela y se mantuvo pese a las condiciones de Caracas con Chávez y Maduro, se encuentra ahora en una posición privilegiada cuando se está reanudando el comercio de crudo con Estados Unidos. La compañía petrolera ha rechazado que tenga que ver con la CIA y enfatiza que no proporcionó información para la misión militar que acabó con Maduro.
Nacido en Irán y casado con una venezolana
Moshiri rechaza hablar en público de su papel como agente colaborador de la agencia de espías. Pero sí expresa sus dudas sobre el papel de la oposición venezolana: “La oposición venezolana cree que debemos construir desde abajo, que necesitamos deshacernos de todo esto. Ese es el modelo de Afganistán e Irak”.
Tanto la Casa Blanca como la CIA han desmentido o restado importancia al papel de Moshiri. The Wall Street Journal explica que la información aportada por Moshiri fue un capítulo más de la extensa información recabada por el equipo sobre el terreno de la CIA que tejió contactos a diferentes niveles en el Gobierno de Venezuela.
Pero Moshiri era un activo importante. Su conocimiento de las relaciones empresariales y políticas y el acceso a los círculos de poder de Caracas lo convertían en un personaje muy interesante para la CIA con la que llevaba años colaborando. El exejecutivo de Chevron nació en Irán, pero de joven se trasladó a Oklahoma para estudiar ingeniería. Poco después, en 1978, entró a trabajar en la petrolera. Se casó con una venezolana y aprendió español.
Moshiri logró ganarse la amistad del expresidente Hugo Chávez, fallecido en 2013. Le ofrecía consejos sobre la industria petrolera, y le advertía del despilfarro y el robo de algunos proyectos. En aquella época, Moshiri ya facilitaba información a la agencia de espías estadounidense sobre el mandatario caribeño.
En aquella época, el exejecutivo de Chevron logró conectar con Delcy Rodríguez, un seguidora de Chávez que se convirtió en una figura clave. Con los años, Rodríguez ascendió a altos cargos del gobierno venezolano. Como vicepresidenta de Maduro, dirigió el sector petrolero del país y supervisó el aparato de seguridad del Estado, acusada de encarcelar a miles de presos políticos.
El ascenso de Rodríguez
Chevron y las pocas compañías occidentales que aún operaban en el país consideraban que Rodríguez era una persona con la que se podía hacer negocios. “Era una negociadora dura y decidida”, dispuesta a cambiar de opinión si escuchaba un argumento convincente, aseguró Moshiri.
En 2024, Washington reconoció a la oposición venezolana como ganadora de las elecciones celebradas aquel año, al tiempo que los observadores internacionales denunciaron a Maduro por no reconocer su derrota.
Trump, que ya había intentado desalojar a Maduro de la presidencia de Venezuela durante su primer mandato, decidió que había que acelerar el cambio. La CIA tenía poca información sobre Venezuela, ya que había dedicado las últimas décadas al terrorismo y a China. Además, tras el cierre de su embajada en 2019, apenas tenía información. “Venezuela era una caja negra. Es un territorio en el que nos hemos cegado”, afirma Fulton Armstrong, exanalista de la CIA, al Journal.
Contactos con la CIA
“Hablamos constantemente con el gobierno”, dijo Moshiri en la entrevista, en la que rechazó realizar comentarios sobre la CIA. “Constantemente, porque se necesita seguridad. Y si se ponen en contacto con nosotros, hablamos con nuestro gobierno. Somos ciudadanos del país. Hablamos con ellos, sean quienes sean”.
Su información y la de otras fuentes convencieron a la CIA del plan de sucesión que finalmente se concretó: mantener a Rodríguez y a sus aliados de los servicios de seguridad en sus puestos. En las semanas previas a la acción militar, la CIA redactó un informe evaluando la opción más estable para una transición para el presidente Trump. Moshiri avaló a Rodríguez como la opción natural si el gobierno quería asegurar el flujo de petróleo y evitar una violenta lucha por el poder, resalta el diario estadounidense.
La operación salió bien para Washington. Logró capturar a Maduro, acusado de “narcoterrorismo”, y elevar a Delcy Rodríguez como presidenta interina. Estados Unidos mantiene una tutela sobre el Gobierno venezolano, mientras la decepción cunde en el entorno de María Corina Machado, que, pese a reunirse en varias ocasiones con Trump e incluso regalarle la medalla del premio Nobel, no consigue que apoye su causa de momento.
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