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México, Colombia y Brasil piden “el cese al fuego inmediato” en la guerra de Irán

La posición conjunta de los tres países es una de las primeras escenificaciones de peso de un bloque progresista latinoamericano luego del Escudo de las Américas impulsado por Trump

Ataque aérea en Irán, este viernes.Amr Abdallah Dalsh (REUTERS)

México, Colombia y Brasil se han sumado a las voces críticas contra la guerra en Irán. En un comunicado conjunto, los tres países piden “el cese el fuego inmediato en Oriente Medio” e instan “a la necesidad de que las diferencias entre Estados se resuelvan mediante la diplomacia internacional”. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbuam, adelantó el anuncio durante su conferencia matutina de este viernes. “Fue una iniciativa del presidente Petro invitar a países de América Latina y Europa para hacer un llamado a la paz y a que se usen las vías diplomáticas para resolver el conflicto actual”, añadió. Esta misma semana, ambos mandatarios han intensificado las conversaciones de cara a la celebración la próxima semana de la cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en Bogotá. Los tres países, una suerte de eje progresista en la región, son además objetivo habitual de los ataques de Donald Trump. El presidente estadounidense volvió a cargar durante la presentación el sábado pasado del llamado Escudo de las Américas, una alianza de gobiernos latinoamericanos ideológicamente afines para combatir el narcotráfico.

La posición conjunta sobre la guerra, iniciada hace dos semanas por Estados Unidos e Israel, supone una de las primeras escenificaciones de peso de ese eje progresista. Ya el año pasado, Sheinbaum, Lula y Petro buscaron una mayor unión latinoamericana durante la cumbre de la Celac celebrada en Honduras, marcada en ese momento por la guerra comercial de Trump. Pero no se llegó a ningún acuerdo concreto, más allá de una posible candidatura latinoamericana en consenso, impulsada por Brasil, para la Secretaría General de la ONU, que se renueva este año.

La mandataria mexicana añadió este viernes que es una guerra “que está afectando a todo el mundo” por la subida del petróleo y recordó que “recientemente se celebró el aniversario de los tratados de Tlatelolco que hablan de América Latina como una región libre de armas nucleares”. Sheinbaum añadió que la postura anunciada este viernes contra la guerra está alineada con uno de los principios vectores de la política exterior mexicana, “el respeto a la soberanía y el principio de no intervención”. El mismo mantra que ha puesto sobre la mesa en el caso del ataque de Estados Unidos contra Venezuela o la asfixia económica de Cuba. Un mensaje de firmeza con el que la mandataria busca también protegerse ante la posibilidad de que los ataques se contagien a México.

Gustavo Petro lleva meses insistiendo en que la guerra entre Israel e Irán tiene salida negociada. Este miércoles dio un paso concreto: habló con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva para coordinar un pronunciamiento conjunto con México y otros países que llame al diálogo. La firma de los tres mandatarios no es solo un gesto diplomático. Para Petro, que ha hecho de la salida negociada un principio rector —tanto frente a los grupos armados en Colombia como en conflictos internacionales— el respaldo de Lula y del Gobierno mexicano amplifica su voz en un momento en que ha trabajado por recomponer su relación con Donald Trump, a quien visitó en Washington y con quien habló por teléfono el mismo jueves.

La sintonía actual entre Petro y Trump contrasta con una relación que estuvo al borde de la ruptura. En enero de 2025, tras la intervención estadounidense en Venezuela, el colombiano llegó a hablar públicamente de la posibilidad de un ataque en su contra. Meses antes, los dos gobiernos habían protagonizado una crisis diplomática cuando Washington envió vuelos con deportados colombianos inmovilizados de pies y manos, lo que desató una guerra de aranceles que finalmente se desactivó. Entre medias, Petro había aprovechado la Asamblea General de la ONU para tomar un micrófono en las calles de Nueva York y llamar a los soldados estadounidenses a desobedecer a Trump si este los ordenaba intervenir en Gaza, un gesto que le costó la revocación de su visado. Fue una llamada telefónica, en el momento de mayor tensión, la que distendió la situación. Desde entonces, los dos presidentes han mantenido una alineación llamativa para dos mandatarios en las antípodas ideológicas.

Bolsonaro’s son ties with Lula

La posición conjunta contra la guerra se produce en un momento peculiar en las relaciones entre Brasil y Estados Unidos. Ambos gobiernos han superado su peor crisis en décadas y ahora están inmersos en una ardua negociación sobre el contenido de la anunciada visita de Lula a Trump en Washington, que aún no tiene fecha. Sobre la mesa, cómo combatir al crimen organizado. Trump apuesta por métodos antiterroristas mientras Lula quiere más cooperación en inteligencia.

Folha de S.Paulo revela este viernes que EE UU ha propuesto a Brasil que acoja delincuentes presos al estilo de El Salvador; Brasil se ha negado. El trasfondo de ese tira y afloja son las elecciones brasileñas, en octubre, y el pulso derecha-izquierda en el debate sobre seguridad pública.

Durante los tres mandatos de Lula, Brasil siempre ha tenido vocación de jugar un papel central en la escena global y de tener una enorme proyección internacional. Solo en este mandato, el presidente brasileño se ofreció a mediar en los conflictos de Venezuela y de Ucrania. Su propuesta al presidente Trump de interceder entre él y el chavismo en los días en que el despliegue militar ante el país caribeño iba engordando no llegó a cuajar. Washington intervino militarmente en el país vecino y Nicolás Maduro está en Nueva York a la espera de juicio. Tampoco prosperaron los esfuerzos públicos del brasileño para intermediar entre Rusia y Ucrania.

Años atrás, en su anterior paso por el poder, Lula y el turco Recep Tayypp Erdogan mediaron entre Irán y Estados Unidos con el objetivo de que parte del uranio iraní quedara bajo custodia de Turquía. La Administración Obama les agradeció el esfuerzo, pero rechazó la idea. Años después, Washington y Teherán alcanzaron su propio acuerdo, que Trump rompió en su primer mandato.

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