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Cuba negocia con Estados Unidos por primera vez en más de una década en medio de la asfixia de la isla

Miguel Díaz-Canel admite los severos efectos del cerco energético y asegura que el diálogo bilateral está centrado en “buscar soluciones”

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Díaz-Canel confirma buscar "canales de diálogo" con EE UU tras tres meses de escasez de combustible
Miguel Díaz-Canel en La Habana, este viernes.Foto: EFE | Vídeo: EPV

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó en la mañana de este viernes que funcionarios de su Gobierno recién comenzaron las conversaciones con representantes de la administración de Donald Trump, en medio de la debacle económica que atraviesa la isla. Insistió en que ha sido práctica de la Revolución Cubana no “responder a las campañas especulativas sobre este tipo de tema”, tras varias filtraciones que apuntan a que el diálogo, en realidad, ya había comenzado hace semanas. A pesar de que el propio Trump dejó saber en varias ocasiones que estaban conversando con La Habana, la parte cubana mantuvo el silencio, y en ocasiones incluso negó que se estuviese llevando a cabo algún tipo de negociación.

Quince minutos antes de la transmisión que había sido anunciada para las 7:30 (hora de La Habana y de Washington, dos menos en México y cinco más en la España peninsular), la prensa oficialista adelantó que Díaz-Canel, desde la sede del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en una reunión con miembros del Buró Político, del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista, y del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, dijo que “estas conversaciones han estado orientadas a buscar soluciones, por la vía del diálogo, a las diferencias bilaterales que tenemos entre las dos naciones”. “Hay factores internacionales que han facilitado estos intercambios”, sostuvo.

“En los intercambios que se han sostenido, la parte cubana ha expresado la voluntad de llevar a cabo este proceso, sobre bases de igualdad y respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía, y a la autodeterminación de nuestros gobiernos”, dijo el mandatario cubano.

Trump, por su parte, reaccionó al anuncio a eso de las 10:00. Lo hizo en Truth, su red social. No fue esta vez uno de sus hiperbólicos mensajes, sino que se limitó a retuitear un artículo del diario USA Today, cuyo titular dice: “Cuba confirma las conversaciones con los funcionarios estadounidenses, lo cual acrecienta la esperanza de un acuerdo”. Ese mismo periódico publicó el domingo pasado una información que hablaba de la inminencia de un pacto económico, aunque no daba más detalles sobre su contenido. No obstante, deslizó que el plan de la Casa Blanca era quitar del medio a Díaz-Canel, pero mantener en la isla a los herederos del apellido Castro.

El mensaje de Díaz-Canel se ha emitido en medio de una histórica crisis económica y mientras La Habana se mantiene bajo una presión creciente por parte de Estados Unidos. Horas antes de esta comparecencia, el Gobierno cubano anunció la liberación de 51 presos por mediación del Vaticano. “Es una práctica soberana, nadie nos la impone”, dijo este viernes Díaz-Canel. “Responde a nuestra vocación humanista”. No queda claro, hasta el momento, si las decenas de presos por liberar incluyen a algunos de los más de 1.000 presos políticos que permanecen en las cárceles cubanas. Desde ya, la ciudadanía exige que cualquier acuerdo con Washington debe contemplar la amnistía para los presos de conciencia.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez

Después de 12 años del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas por Barack Obama y Raúl Castro en diciembre de 2014, esta es la primera vez que el Gobierno cubano se sienta con su contraparte estadounidense, en aras de llegar a un acuerdo. Si en aquella ocasión el llamado fue a través del soft power (poder blando), con énfasis en el engagement (compromiso o involucramiento) entre ambos pueblos, hoy a Cuba no le ha quedado más remedio que transar con los estadounidenses, que le han puesto la soga al cuello tras la emergencia nacional decretada el pasado 29 de enero, que privó al país del combustible que llegaba de manos de Venezuela o México.

“Hace más de tres meses que no entra un barco de combustible en el país. Estamos trabajando en unas condiciones muy adversas, con un impacto inconmensurable en la vida de todo nuestro pueblo”, sostuvo. Ciertamente, esta es una situación que ha paralizado la vida en general, con la suspensión de escuelas, el escaso transporte, los largos apagones. Desde hace una semana, los cubanos se unen cada noche en cacerolazos a modo de protesta por una situación que se les hace insostenible.

En la aparición de Díaz-Canel de este viernes, llamó la atención, particularmente, la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como El Cangrejo. El coronel de 41 años es quien, presuntamente, está manteniendo conversaciones con el secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, en quien Trump ha depositado la misión del futuro de Cuba, un territorio que el político de Florida conoce bien.

Aunque aún es una incógnita qué clase de temas están abordando La Habana y Washington, los primeros pasos de un posible deshielo parecen haber comenzado ya. Los permisos para que el sector privado importe petróleo a Cuba directamente desde Estados Unidos, los constantes comentarios de Rubio sobre la importancia de un cambio económico en la isla y la excarcelación ahora de decenas de presos podrían dar indicios de lo que se está abordando en la negociación entre ambos países. Cuando en 2014 los entonces presidentes de ambos países anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas, el deshielo también llegó de la mano de ciertas aperturas para el sector privado y la liberación de 53 presos, también por mediación del Vaticano.

Aunque hay muchas similitudes entre ambas políticas, los expertos también hablan de marcadas diferencias entre Obama y Trump respecto al acercamiento con Cuba. “La administración Obama intentó normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sin derrocar al régimen de La Habana. En cambio, la segunda administración Trump se ha centrado en impulsar un cambio en el liderazgo cubano y lograr reformas económicas en la isla”, dijo a EL PAÍS Jorge Duany, exdirector del Instituto Cubano de Investigaciones y catedrático emérito de la Universidad de Florida. “Mientras Obama adoptó una retórica conciliadora hacia Cuba, Trump ha insistido en la confrontación con el régimen socialista. Obama facilitó los viajes y el comercio entre Estados Unidos y Cuba, buscando sustituir el aislamiento por el engagement. Por su parte, Trump 2.0 ha aplicado una política de máxima presión y asfixia económica para precipitar la caída del gobierno cubano”.

La aparente cordialidad del diálogo

Sin entrar en especificidades ni muchos más detalles sobre las conversaciones con la Casa Blanca, el mandatario cubano dijo que se trata “un proceso muy sensible, que se conduce con seriedad y responsabilidad, porque afecta los vínculos bilaterales entre las dos naciones y demanda enormes y arduos esfuerzos para encontrar solución y crear espacios de entendimiento, que nos permitan avanzar y alejarnos de la confrontación”.

En todo momento, Díaz-Canel trató de transmitir cordialidad entre las negociaciones con Washington. Incluso habló sobre el ataque a una lancha de exiliados cubanos el pasado 25 de febrero, que se pensó podía desatar la ira de Washington, pero que ha resonado con poca fuerza en la Casa Blanca.

La embestida dejó el saldo de cuatro personas fallecidas y seis heridos, quienes se acercaban a las costas de Villa Clara desde Florida, y que fueron atacados por los Guardacostas cubanos. Se trató de una “infiltración armada con fines terroristas”, “financiada desde territorios de EEUU”, dijo el mandatario. “En las investigaciones todos han reconocido su participación, que fueron ellos los primeros que dispararon contra nuestra embarcación de Guardacostas”, sostuvo. También aseguró que los heridos han recibido la debida atención médica y que los cadáveres fueron reconocidos por sus respectivos familiares. No obstante, hasta el momento varios familiares han afirmado no haber recibido información alguna de parte del Gobierno cubano.

El mandatario dijo que la Casa Blanca ha estado informada del incidente, que implicó a dos ciudadanos estadounidenses. “Han agradecido la información que se les ha dado. Han planteado su disposición de participar de conjunto en el esclarecimiento de los hechos”, sostuvo. Incluso dejó saber que están a la espera de expertos del FBI que participarán de las investigaciones junto a las fuerzas del Ministerio del Interior cubano.

El discurso, que desde bien temprano del viernes esperaban los cubanos tanto dentro como fuera del país, se presentó por el Gobierno como una continuación de la comparecencia del 5 de febrero, cuando Díaz-Canel dejó claro que “Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos”. “Hay muchas cosas en las que podemos trabajar juntos, sin prejuicios”, insistió entonces.

Cuba, el próximo objetivo de Trump

Han pasado 43 días desde que la Administración de Trump declaró la emergencia nacional hacia la isla. Desde entonces, la vida en el país, que ya era precaria, se ha vuelto mucho más insostenible. Esa presión es parte, al parecer, del plan que tienen Trump y Rubio, quien ha dicho que, antes cualquier libertad política, Cuba necesita regenerar su economía.

Vehículos se forman en una gasolinera en Matanzas, Cuba

Trump, a quien se le ha pedido un posicionamiento directo respecto a Cuba luego de la intervención en Venezuela, promete que la isla verá un cambio antes de fin de año. La imprevisibilidad de la guerra en Irán lanzada con Israel amenaza con enlentecer el avance de sus prioridades, pero incluso en mitad de un conflicto que cada día está un poco más fuera de control, Trump no ha dejado de girarse hacia la isla.

La última vez que se refirió a Cuba fue el sábado pasado, durante la presentación en su hotel del Doral (Florida) del llamado Escudo de las Américas, una alianza de Gobiernos latinoamericanos ideológicamente afines para combatir el narcotráfico. En ese foro, el presidente de Estados Unidos, que a menudo vincula el porvenir de La Habana con la experiencia personal de alguien que ha convivido con “ese problema desde pequeño”, afirmó que espera “con muchas ganas el gran cambio que pronto llegará a Cuba”. En el caso de Rubio, se trata de algo personal: el secretario de Estado es hijo de inmigrantes cubanos y producto del anticastrismo más convencido de Miami.

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