Estados Unidos reclama a Cuba “cambios drásticos y muy pronto”
El secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene contactos con el nieto de Raúl Castro, según el digital ‘Axios’


Estados Unidos ha reclamado este miércoles a Cuba que aborde “cambios muy drásticos y muy pronto”, mientras incrementa la presión sobre una isla que atraviesa su peor crisis económica en décadas. Al mismo tiempo, su secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, el hombre fuerte del régimen, según el digital estadounidense Axios, que asegura que esas conversaciones se desarrollan al margen de los canales oficiales del Gobierno en La Habana.
“Es un régimen que está colapsando. El país está colapsando y creemos que lo que más les conviene es hacer cambios muy drásticos y muy pronto”, ha declarado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en una rueda de prensa este miércoles.
La portavoz del presidente, Donald Trump, no quiso confirmar la existencia de conversaciones entre Rubio y personalidades cubanas. Tampoco que el objetivo de la presión estadounidense sobre la isla sea provocar un cambio de régimen. Indicó que Estados Unidos quiere ver democracias prósperas en todo el mundo, y muy especialmente en América, pero rechazó abordar qué pasos precisos se plantea la Administración estadounidense para lograrlo.
Desde el ataque de Washington a Venezuela el 3 de enero, en el que fueron capturados el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el presidente Trump ha insistido en que Cuba no podrá sobrevivir sin la ayuda de su gran aliado y ha llamado al régimen castrista a negociar. La Habana debería “llegar a un acuerdo” con Washington, sostiene Trump, que amenaza con imponer sanciones a los países que procuren petróleo a la isla.
En varias ocasiones ha afirmado que ya hay conversaciones en marcha entre las dos partes; este fin de semana lo repitió y agregó un detalle: Rubio, hijo de emigrantes cubanos y para el que la caída del castrismo sería la culminación de un sueño, es quien participa en esos contactos por parte estadounidense.
Hasta el momento, La Habana se ha limitado a indicar que existen algunos contactos de tipo técnico, pero ha negado que se estén desarrollando conversaciones entre los dos tradicionales enemigos. Medios estadounidenses habían publicado en semanas anteriores que Washington trataba con Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, en conversaciones secretas en México, que nunca se han confirmado oficialmente.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha asegurado que su Administración sigue en conversaciones con el equipo de Trump para que su país sea un enlace de diálogo para resolver el conflicto de Cuba. “Hay pláticas para ver si es factible, pero depende de los dos gobiernos, no solamente de la voluntad del Gobierno de México, sino de la voluntad del Gobierno de Cuba y de la voluntad del Gobierno de Estados Unidos”, ha señalado este miércoles en rueda de prensa.
Por lo pronto, la mandataria ha prometido que seguirá enviando ayuda humanitaria a la isla. “Hicieron una colecta en el Zócalo de la Ciudad de México y estamos ayudando para que pueda llevarse a los barcos que ya vienen de regreso para poder cargar nuevamente”, ha indicado en referencia a los buques de la Armada que han emprendido el camino de vuelta a Veracruz tras descargar el primer envío de víveres en La Habana. En paralelo, la presidenta ha recordado que la Secretaría de Relaciones Exteriores sigue buscando una vía diplomática para aliviar el bloqueo de combustible a la isla y retomar los contratos que tenía Pemex con el Gobierno de Miguel Díaz-Canel para suministrarle petróleo, como hacía hasta mediados de enero, cuando se interrumpieron los envíos ante las amenazas arancelarias de Estados Unidos, informa Micaela Varela.
Según Axios, la Administración de Trump ve a Raúl Guillermo Rodríguez Castro (de 41 años, hijo de la hija mayor de Raúl Castro, Débora, y de Luis Alberto Rodríguez López-Callejas) y a su círculo como representantes de una nueva generación de cubanos centrados en hacer negocios, menos ideológicos y que encuentran que relacionarse con Estados Unidos puede acarrear beneficios.

“No les llamaría tanto negociaciones como ‘debates’ sobre el futuro”, ha declarado al digital un alto cargo de la Administración de Trump. “Nuestra posición —la posición del Gobierno de Estados Unidos— es que el régimen tiene que marcharse”, ha apuntado la misma fuente. “Pero exactamente qué forma vaya a tener eso es algo que dependerá de él (Donald Trump) y aún tiene que decidir. Rubio aún está en conversaciones con el nieto”.
Los asesores de Trump han hablado también con otros cubanos influyentes más allá de Raúl Rodríguez Castro —apodado por los cubanos como el Cangrejo, por tener un dedo deforme—, pero el nieto del presidente retirado está considerado la figura de mayor nivel con la que cultivar lazos dentro de la isla. “Es la niña de los ojos de su abuelo”, ha declarado una fuente a Axios, que califica los contactos entre el representante castrista y Rubio como “sorprendentemente amistosos”, ayudados por el acento y la cultura cubana comunes. “No hay disputas políticas sobre el pasado. Tratan del futuro”, agrega. “Esta podría ser una conversación entre dos tipos normales en las calles de Miami”. Rubio, puntualiza Axios, no ha hablado con el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ni otros altos cargos del régimen castrista.
Aunque por el momento Trump no ha decidido qué resultado exactamente quiere ver en Cuba, y se limita a asegurar que el régimen va a caer con toda seguridad ante la falta de apoyos, los analistas consideran que podría intentar repetir la misma hoja de ruta de Venezuela. Allí, tras la captura de Maduro, ha mantenido en el poder a la mayor parte del régimen, empezando por la propia actual presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, antigua vicepresidenta del chavista. El presidente estadounidense ha justificado esa decisión con la necesidad de no repetir el error de la invasión de Irak en 2003, cuando se apartó de su puesto a todo aquel que hubiera ocupado un lugar en la Administración de Sadam Husein, con consecuencias desastrosas.
En cualquier caso, para La Habana las opciones son tan limitadas como poco atractivas. O cede ante Washington con medidas que pongan en riesgo la supervivencia del régimen, o se enfrenta a una grave crisis humanitaria. El Gobierno de Díaz-Canel ya ha anunciado medidas de racionamiento que evocan los peores días del Periodo Especial de los años noventa, ante el corte en los suministros de petróleo que recibía de Venezuela.
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