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La oposición venezolana explora sus próximos pasos tras verse marginada por Trump

Marco Rubio afirma que “desafortunadamente” los dirigentes antichavistas están “fuera de Venezuela” y hay que actuar “a corto plazo”

Dos horas de bombardeos acabaron con la captura del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, y en menos de 48 horas el escenario del conflicto venezolano es otro. Estados Unidos avanza en sus planes con los dirigentes chavistas que están sobre el terreno. La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, es la sustituta encargada y Donald Trump asegura que trabajarán con ella, como si se tratara de un Gobierno aliado y tutelado por la Casa Blanca, “hasta el momento en que podamos hacer una transición segura, adecuada y sensata”. Ante las cámaras, Rodríguez se mantiene beligerante y asegura que “el único presidente de Venezuela” es Maduro, aunque ella ya ha recibido la aprobación del Tribunal Supremo para asumir esas responsabilidades.

La gran ausente de este momento decisivo para los venezolanos es la líder opositora María Corina Machado. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ofreció este domingo unas declaraciones que sientan un antes y un después. “María Corina Machado es fantástica, y es alguien a quien conozco desde hace mucho tiempo, al igual que todo el movimiento [opositor], pero estamos lidiando con la realidad inmediata”, dijo sobre la dirigente y premio Nobel de la Paz en el programa Meet the Press de la cadena NBC y reiteró que “desafortunadamente” la oposición “está fuera de Venezuela” y hay que actuar “a corto plazo”. Esa es la razón por la que “pondrá a prueba” a Rodríguez.

Machado estuvo hasta principios de diciembre en la clandestinidad en Venezuela, sometida a amenazas de cárcel por parte del chavismo y a la persecución de casi todo su equipo, que se encuentra preso o en el exilio. Salió de Venezuela tras una operación de extracción en la que asegura que contó con la colaboración de Estados Unidos. Apareció en Oslo, capital de Noruega, para recibir el Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento concedido por haber liderado un movimiento pacífico y demostrar que Edmundo González —que se convirtió en su representante político cuando el chavismo le negó el derecho a ser candidata— había ganado las elecciones en julio de 2024. Aunque cuando abandonó Venezuela dijo que regresaría enseguida, finalmente no ocurrió y empezó así una suerte de exilio clandestino, ya que ni ella ni su equipo informan sobre su paradero.

El realismo político de Rubio abre nuevos interrogantes sobre el papel que ocupará Machado y el liderazgo que aún mantiene en lo que puede ser el inicio de una transición política sin Maduro. Su equipo ha plasmado su posición en un comunicado titulado Llegó la hora de la libertad, en el que asegura que ante la negativa de Maduro a aceptar una salida negociada, el Gobierno de Estados Unidos ha cumplido su promesa de hacer valer la ley y dice lo que debería ocurrir ahora, que no está ocurriendo. “Es la hora de los ciudadanos. Los que arriesgamos todo por la democracia el 28 de julio de 2024. Los que elegimos a Edmundo González Urrutia como legítimo presidente de Venezuela, quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional y ser reconocido como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas”, dice el texto.

González Urrutia habló, finalmente, el domingo. Subió a sus redes sociales un video de poco más de tres minutos en el que pide por la libertad de los presos políticos y exige a las Fuerzas Armadas que hagan valer el resultado electoral. “La normalización real del país solo será posible cuando se libere a todos los ciudadanos privados de la libertad por razones políticas”, dijo.

El exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, cercano políticamente a Machado y exiliado en Madrid, también celebró la operación contra Maduro, dijo que “el régimen está liquidado” y pidió apoyar a González Urrutia. “No es inacción, es avanzar con firmeza hacia nuestro objetivo supremo: liberar plenamente a Venezuela”, escribió en un largo mensaje en sus redes sociales. “La transición legítima tiene nombre y apellido: Edmundo González. Su heredad democrática debe ser protegida de la expoliación. Cuando esa transición convoque elecciones libres, María Corina Machado las ganará con resultados inéditos”, escribió en un largo mensaje publicado en sus redes sociales.

En la nueva configuración del relato estadounidense de la crisis venezolana luego de los ataques, el 28 de julio —la gran bandera de Machado— parece haber quedado sin embargo en el pasado. Las prioridades se centran en el petróleo y Washington quiere asegurar la estabilidad política y las certezas institucionales que den garantías a nuevas inversiones. Pero en el ambivalente discurso de Trump el desplante a Machado y su aparente voto de confianza a Rodríguez para enmendar la relación entre los países ha sido equilibrado con una amenaza contra la nueva encargada de la presidencia de Venezuela. En una entrevista en The Atlantic, el propio Trump ha dicho que podría pagar “un precio muy alto”, incluso más que el de Maduro si no alinea su política en favor de las exigencias de Washington.

La otra oposición

El chavismo ha resuelto la captura de Maduro con una declaratoria de ausencia temporal del presidente que puede estar vigente por 90 días y prorrogarse por otros 90 si la Asamblea Nacional lo aprueba, antes de desembocar en el artículo 244 que establece que deben convocarse elecciones nuevamente. El alto mando revolucionario ha logrado postergar su salida —la caída— en un periodo en el que ahora Estados Unidos parece abierto a negociar sin bombazos.

Rodríguez ha construido un liderazgo dentro del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y se ha labrado una fama de gerente eficaz y de verdadera operadora política del país. Ha estado al frente de la economía y de las relaciones internacionales con los principales socios del Gobierno. Asumió la industria petrolera en 2024, cuando el chavismo hizo una de sus mayores purgas al defenestrar a Tareck El Aissami, el que era el segundo hombre al mando entonces.

La vicepresidenta despuntó dentro de la jerarquía del chavismo en la década madurista —después de una relación marginal y agria con Hugo Chávez— formando una dupla con su hermano Jorge Rodríguez. Este es jefe del Parlamento, fue operador político de Maduro y portavoz clave en las distintas negociaciones que el chavismo ha mantenido con Estados Unidos, incluso las de los últimos meses de grandes tensiones, y con algunos sectores opositores. Los hermanos mantienen su peso específico en la alianza de frágil equilibrio que se reconfiguró para sostener al chavismo luego de la crisis de legitimidad de 2024.

Este lunes se abre una nueva trama. Comienza el periodo de sesiones de una nueva Asamblea Nacional en la que un puñado de 14 opositores moderados —no alineados con la estrategia de presión de Machado— tendrá interlocución. Henrique Capriles, Stalin González, Luis Emilio Rondón y Tomás Guanipa son algunos de los dirigentes que apostaron por asegurar al menos un curul en el Parlamento para intentar hacer contrapeso a un chavismo más autoritario. Participaron en las cuestionadas elecciones de mayo pasado, con las que se buscaba pasar la página de las denuncias de fraude electoral que pesan sobre Maduro y barrer con cualquier espacio de disidencia. Unas elecciones que se hicieron en medio de la mayor represión registrada contra opositores que se cuenta en más de 1.000 presos políticos.

También los hay de otros sectores opositores, como Antonio Ecarri. En la víspera de la sesión, la mayoría aguarda con cautela en lo que reconocen como un “momento delicado”. El sector que acudió en bloque con Capriles a la cabeza se ha reunido este domingo para acordar la estrategia para afrontar este momento, que está condicionado por la caída de Maduro. La inexistencia de un frente común entre los distintos sectores que se oponen al chavismo y luchan por un cambio político ha sido por años el plomo en el ala de la oposición venezolana. Sin respaldo popular y con enormes diferencias, hay quienes señalan que su papel puede ser clave en este escenario en que Machado no tiene desplegados operadores políticos en el terreno.

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