Cuba se abre a las inversiones de los cubanos que viven en el exterior
Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y sobrino-nieto de Fidel Castro, adelantó que la isla pretende “mantener una relación comercial fluida con las empresas estadounidenses”, en medio del diálogo con la Casa Blanca


En la noche de este lunes, el Gobierno cubano anunciará oficialmente la estrategia por la que parece estar apostando para lidiar con la histórica crisis en que está sumida la isla. El país que por años ha puesto límites con su diáspora, ahora estará abierto a que los residentes cubanos en el exterior puedan volver e invertir en el sector privado y ser propietarios de negocios, una de las reformas económicas que impulsarán en medio de la presión que ejerce la administración de Donald Trump. En declaraciones a NBC News, Oscar Pérez-Oliva Fraga, viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión de Cuba, adelantó que estaban abiertos a “mantener una relación comercial fluida con las empresas estadounidenses” y “con los cubanos residentes en Estados Unidos y sus descendientes”.
“Esto trasciende la esfera comercial”, dijo Pérez-Oliva al citado medio. “También se aplica a las inversiones; no solo a las pequeñas inversiones, sino también a las grandes inversiones, particularmente en infraestructura”.

Se trata del primer anuncio que el Gobierno cubano hace luego de que el pasado viernes el mandatario Miguel Díaz-Canel reconociera que el país estaba negociando con los Estados Unidos, algo que Trump había asegurado desde hace semanas, pero que la parte cubana insistió en negar. Unas semanas antes, en medio de la falta de combustible tras la restricción de la llegada de suministros desde Venezuela o México, el Departamento del Tesoro despejó el camino para que los empresarios privados de la isla importaran combustible ilimitado desde Estados Unidos para uso propio, sin que las transacciones pasen por manos del Estado. En la tarde de este lunes, la Unión Eléctrica de Cuba confirmó un nuevo apagón total en la isla por la desconexión del Sistema Electroenergético Nacional, a tres meses de que no llegue ningún barco de combustible al país.
La estrategia apunta hacia el protagonismo del sector privado para fortalecer una economía deprimida, con una inflación de más de 12%. El cubanoamericano Marco Rubio, en su rol de secretario de Estado, ha asegurado desde el inicio que su propósito es generar un cambio en la maltrecha economía cubana, antes que promover cualquier transformación política. El plan, que ha generado no pocas críticas dentro del ala más conservadora de la comunidad cubana, retoma algunas de las medidas que impulsó el ex presidente Barack Obama cuando en 2014 defendió la política de “engagement” o acercamiento con La Habana, fortaleciendo, entre otras cosas, el sector privado. No obstante, si el demócrata lo hizo a manera de intercambios de pueblo a pueblo, el republicano parece no estar dándoles otra opción. “Si durante Obama se esperaba un parto natural, gravitacional, de esa criatura denominada democracia, el enfoque actual parece un parto inducido”, dijo a EL PAÍS Joe García, quien fue congresista demócrata por Florida en la época del deshielo.
En sus declaraciones a NBC News, Pérez-Oliva Fraga no olvidó mencionar el reto que les ha impuesto el embargo estadounidense de más de 60 años hacia Cuba, que si bien ha sido un cerco económico y comercial para la isla en décadas, también le ha servido al Gobierno para justificar su ineptitud y constantes crisis todos estos años. “El bloqueo de Estados Unidos es, sin duda, un elemento que afecta el desarrollo de estas transformaciones”, sostuvo el funcionario, quien además es sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro. Algunos han especulado, incluso, con la posibilidad de que sea él el “Delcy Rodríguez cubano” en medio de las tensiones con Washington.
Las declaraciones del viceprimer ministro ya comienzan a crear dudas y cierto resquemor entre los cubanos y cubanoamericanos. “La retórica de esta entrevista resulta ridícula”, aseguró García en X, e insistió en que el funcionario se había dedicado a repetir “su interminable discurso victimista sobre el embargo”. “Los problemas de Cuba no radican en el embargo; este podrá ser un factor, pero es uno insignificante en comparación con todos los obstáculos que enfrentan el pueblo cubano, los inversores y todos aquellos que intentan realizar transacciones comerciales con Cuba”, sostuvo.

Esta apertura a las inversiones de cubanos en el exterior también ha sido acogida con recelo por una comunidad que ha sido pisoteada no pocas veces por el Gobierno de su país. En momentos anteriores, como la era Obama, cuando se le permitió a los emigrados cubanos regresar a la isla, hubo una avalancha de personas repatriándose, comprando propiedades en la isla e invirtiendo en el sector de la economía. Algunos, sin embargo, terminaron yéndose del país, con propiedades confiscadas e incluso pagando años de cárcel. El panorama genera muchas dudas.
La ingeniera Yulieta Hernández Díaz, CEO del Grupo de Construcciones Pilares, que brinda servicios en la isla, compartió su opinión en este diario sobre la reciente apertura para invertir en Cuba. “El problema no es quién invierte. El problema es cómo se organiza ese acceso a las oportunidades. Si la inversión —sea extranjera o de la diáspora— se gestiona dentro de un sistema opaco, sin reglas claras, sin equidad de condiciones y sin transparencia institucional, lo que se crea no es desarrollo, sino distorsión y desigualdad”, asegura. “Cuba necesita un marco que garantice equidad, transparencia y políticas públicas coherentes, que permitan que todos los actores económicos puedan crecer y desarrollarse”.

Atraer a los cubanos residentes en el exterior parece ser una de las cartas bajo la manga tanto del Gobierno cubano, pero también del estadounidense. En la comparecencia donde Díaz-Canel anunció oficialmente que ya estaban sosteniendo conversaciones con Washington -presuntamente encabezadas por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como El Cangrejo- separó un espacio para hablar del rol de los exiliados cubanos, quienes por año han sostenido con remesas y envíos de bienes de primera necesidad a sus familiares dentro de la isla que lidian con la falta de luz o la poca comida.
“Indudablemente la cifra de cubanos residentes en el exterior o que prolongan su estancia en el exterior, en estos momentos ha sido creciente, es numeroso, y por lo tanto es nuestra responsabilidad como gobierno acogerlos, escucharlos, atenderlos y proveerles que tengan un espacio de participación en el desarrollo económico y social de nuestro país”, sostuvo el mandatario. Por su parte, Trump se ha referido en varias ocasiones a la posibilidad de que los emigrados cubanos regresen a reconstruir eso que ha llamado “una nación fallida”.
“Estamos hablando con Cuba. Tenemos decenas de miles de personas que fueron expulsadas de allí. Quizás quieran regresar”, declaró el republicano en febrero a NBC News. Luego dijo: “Van a tener esa opción. Durante años se habló de que esto pasaría, y ahora está ocurriendo”. A bordo del Air Force One, también aseguró a la prensa que muchos cubanoamericanos estarían “muy felices cuando puedan volver y saludar a sus familiares”.
Aunque aún es un misterio cuáles serían los principales temas que están abordando ambos gobiernos, la Casa Blanca podría estar amasando la idea de que Cuba, que se reserva la elección de a quién admite de vuelta y a quién no, acepte muchos más vuelos de deportaciones que los que ha admitido hasta el momento, en medio de las expulsiones masivas de emigrantes que tienen lugar en Estados Unidos. De hecho, el pasado mes llegó a La Habana el primer vuelo que Cuba recibe con ciudadanos con delitos criminales, un cambio importante en la política que sostenía hasta el momento.
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