Ir al contenido
_
_
_
_

El retorno de los cubanos a la isla, en los planes de Trump: “Quizás quieran regresar”

Más allá del cerco económico, la llegada del primer vuelo de deportación con criminales en décadas muestra que la migración también entra en los cálculos del Gobierno republicano

Calles de La Pequeña Habana, en Miami, el 19 de febrero.Eva Marie UZCATEGUI

Sin ahondar en un plan, el presidente Donald Trump ha deslizado durante las últimas semanas cuál es la posición de su Gobierno respecto a Cuba: empezó repitiendo que era una “nación fallida”, que “fracasará muy pronto”, y ha terminado especulando sobre un posible diálogo con la cúpula habanera. Entre tanta expectativa sobre lo que podría o no suceder en el futuro cercano, hay una idea en la que se ha puesto menos atención, pero que Trump, muy a tono con su política doméstica, se ha encargado de reiterar en varias de sus recientes declaraciones: la posibilidad de que los migrantes cubanos regresen a una isla que les abra las puertas. O, en otras palabras, incluir las deportaciones en la mesa de negociaciones.

Así sucedió con Venezuela en febrero del pasado año, cuando el país petrolero comenzó a aceptar, después de un largo tiempo en pausa, los primeros vuelos de deportados, tras una visita del enviado de Trump para operaciones especiales, Richard Grenell. En ese entonces, Nicolás Maduro lo llamó un “paso favorable y positivo” en las relaciones entre ambos países. Casi un año después, el líder chavista estaba siendo despojado del poder en una operación militar especial estadounidense. Aunque todo indica que la estrategia con La Habana llegará por la presión económica y no a través de una intervención militar como la ejecutada en Caracas, el tema de la migración también podría ser parte del diálogo con los cubanos.

“Estamos hablando con Cuba. Tenemos decenas de miles de personas que fueron expulsadas de allí. Quizás quieran regresar”, declaró Trump este mes a NBC News. Luego dijo: “Van a tener esa opción. Durante años se habló de que esto pasaría, y ahora está ocurriendo”.

No es la única afirmación de este tipo que ha hecho el republicano al respecto. En enero, desde el Air Force One, aseguró que muchos cubanoamericanos estarían “muy felices cuando puedan volver y saludar a sus familiares”. Incluso fue más allá y afirmó que quería poner atención en las personas “que vinieron de Cuba y que fueron obligadas a irse bajo presión, y que ahora son grandes ciudadanos de Estados Unidos”. ​​“Hay mucha gente en este país que quiere regresar a Cuba y ayudar a Cuba”, sostuvo en una reunión con directores ejecutivos de varias compañías petroleras en la Casa Blanca a principios del mes pasado. “No tenían nada, se hicieron muy ricos en nuestro país y desean con todas sus fuerzas regresar y ayudar a Cuba. Eso es algo que Cuba tiene y que muchos otros lugares no tienen”.

Para María José Espinosa, experta en política exterior y directora ejecutiva del Centro para el Compromiso y la Incidencia en las Américas (CEDA), este tipo de comentarios confluye con la visión de Trump “de la migración como un fenómeno temporal vinculado a condiciones políticas que, según él, podrían cambiar”. Por otra parte, podría interpretarse como un mensaje dirigido a la comunidad cubanoamericana del sur de Florida, añade Espinosa. “Ese discurso responde a sectores del exilio que históricamente han priorizado temas como la restitución o la compensación de propiedades confiscadas, la protección de reclamaciones legales bajo la Ley Helms-Burton y beneficios diferenciados para la diáspora cubana en un eventual proceso de transición. En ese sentido, la narrativa del ‘retorno’ funciona como una señal, tanto interna como externa, sobre las condiciones bajo las cuales Estados Unidos estaría dispuesto a reconfigurar su relación con Cuba”.

Aunque una nebulosa rodea todavía las intenciones de Washington con La Habana, los primeros vuelos de deportación a Cuba en 2026 marcan un punto de giro respecto a lo que han estado haciendo ambos países a lo largo del último año en materia de migración. El 9 de febrero, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) deportó un total de 170 migrantes cubanos con delitos criminales. En un comunicado en el que las autoridades revelaron algunas de sus identidades, los cubanos fueron catalogados como “asesinos, secuestradores, violadores, narcotraficantes y otros delincuentes”. Las acusaciones van desde asesinato en segundo grado hasta posesión de una licencia de conducir inválida.

Se trata del primer grupo de este tipo que Cuba acepta en décadas. Hasta el momento, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel se había negado a recibir a criminales o exconvictos que llegaron a Estados Unidos antes de 2017, cuando se retomaron los acuerdos de deportación como parte del restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Administración de Barack Obama. Por tanto, al menos 3.757 cubanos deportados desde Estados Unidos en 2025 terminaron en terceros países como Esuatini, en África, y, en mayor medida, en México, a donde unos 4.883 cubanos arribaron el pasado año.

El patrón de deportaciones a la isla, no obstante, podría estar empezando a cambiar. “El hecho de que en el vuelo reciente se incluyeran personas con antecedentes por delitos graves sugiere un posible cambio —ya sea temporal o estratégico— en la postura cubana frente a las negociaciones sobre migración entre ambos gobiernos”, asegura Espinosa.

Durante enero —el mismo mes del ataque a Venezuela y en el que Trump declaró la emergencia nacional sobre la isla— no hubo ningún vuelo de deportación a Cuba. El siguiente mes, un grupo de cubanos que habían estado, por primera vez, recluidos en la Base de Guantánamo desde mediados de diciembre fueron deportados a La Habana en el vuelo del 9 de febrero, en el que también iban los migrantes con antecedentes penales graves.

“Estos acontecimientos sugieren que la cooperación migratoria entre Estados Unidos y Cuba está cada vez más influida por presiones políticas y económicas más amplias, con Cuba negociando desde una posición de escaso margen de maniobra en medio de un embargo petrolero estadounidense que amenaza con sumir a toda la isla en la oscuridad y provocar un colapso humanitario”, sostiene Espinosa.

La Administración de Trump ha dejado un saldo particular en una comunidad que por años había transitado de manera fácil la regularización en Estados Unidos. Los cubanos no han escapado de la persecución antiinmigrante orquestada en todo el territorio nacional, en un momento donde más de 500.000 ciudadanos de la isla se encuentran en un limbo migratorio en EE UU.

Trump ha sido el presidente que más cubanos ha deportado, a pesar de que la comunidad cubanoamericana en noviembre de 2024 le garantizó la mayoría de votos en Florida. En lo que va de su segundo mandato, suman 1.668 los cubanos deportados a la isla, y 5.053 el total de los retornados durante sus dos mandatos.

No son pocos los que, en medio de una crisis como la que vive Cuba hoy, temen tener que estar de vuelta en un país sin luz, con escasos alimentos o transporte público. Roxana Torres no imagina el retorno de su esposo, que lleva meses detenido en el temido centro de detención Alligator Alcatraz, en Florida. Hace al menos cuatro meses, ella y su hijo de poco más de un año se paran cada domingo a las afueras del centro a exigir la liberación de Maikel Rojas Pérez. “Jamás me imaginé que nos iba a pasar esto”, dice Roxana. En medio del actual cerco económico en la isla, vive con el “miedo a que lo deporten”, a que los separen indefinidamente. “Mi esposo está renuente a irse, él quiere estar acá con su familia”.

El Dr. Luis Martínez-Fernández, historiador y experto en migración de la University of Central Florida, cree que las declaraciones de Trump sobre los migrantes cubanos son parte de “la presión adicional” de un paquete mucho mayor “de presiones sobre Cuba”. También considera que las condiciones en la isla no están dadas para que se pueda recibir a los millones de migrantes que de allí han escapado en los últimos años. “No creo que haya las condiciones para que Cuba absorba a una población que ya está acostumbrada a ciertas cosas. No creo que sean muchos los que vayan a regresar a establecerse permanentemente. Bajo las actuales circunstancias, el Gobierno no puede ofrecer al pueblo ni comida suficiente, ni agua potable, ni electricidad. Y lo menos que quiere el régimen de Cuba es que le regresen en grandes cantidades a los emigrados”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_