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El enigma sobre el próximo gobernante de Cuba: quién se perfila como el “Delcy Rodríguez” del castrismo

En medio de un liderazgo gerontocrático y masculino, emergen políticos más jóvenes y de perfil bajo que ya ocupan puestos de poder, como el sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro

Oscar Pérez-Oliva Fraga, el 23 de enero de 2025.

Ni tiene cuenta de X, ni de Facebook, ni se sospecha dónde o cómo vive, y la gente ni siquiera intuye exactamente de quién se trata. “Nunca he oído hablar de él”, dice la trabajadora de una panadería en Bauta, un municipio al oeste de La Habana. “Ni idea de quién es”, responde una ama de casa de Pinar del Río cuando le preguntan si conoce a Óscar Pérez-Oliva Fraga, el sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro y quien, según varios analistas, podría desempeñar en Cuba el mismo rol de Delcy Rodríguez en Venezuela. Es el tecnócrata que reúne las condiciones para ocupar el puesto de presidente de Cuba en caso de negociaciones con Washington. Su perfil es discreto, una buena señal en la estrategia de supervivencia del linaje castrista, si decidieran apostar por su ascenso.

Pérez-Oliva Fraga, el ingeniero electrónico de 54 años que ha se ha posicionado aceleradamente en la cúpula de poder habanera en los últimos meses, acumula varias de las razones por las que algunos expertos piensan en él como una ficha política ante la incertidumbre que presupone el actual momento de tensión. Es hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, la hermana mayor de Fidel y Raúl. Tiene, casi comprimidos en el cuerpo, los rasgos físicos del apellido: facciones bien definidas, medio severas, ojos pequeños, y un destello casi marcial en el rostro. No porta, sin embargo, el “carisma” que ostentaba alguien como Fidel. Sergio López Rivero, profesor de Historia de Cuba que ha estudiado el proceso histórico del castrismo, cree que el personaje “carece de la relación con la masa que necesitan los líderes populistas, y de toda la objetivación mítica que en los orígenes rodeó a sus antepasados”.

Tiene, en cambio, otros atributos que hacen de él un candidato: es relativamente joven, en comparación con los añosos dirigentes de La Habana, y no se trata de un nombre que muchos asocien con la política de mano dura del Gobierno cubano, porque viene de la rama económica. Lleva experiencia al frente de la empresa comercializadora de tecnologías Maquimport, o trabajando en proyectos en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, y ocupa hoy los cargos de viceprimer ministro de la República de Cuba y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, lo cual lo conecta directamente con la estructura económica y militar GAESA. Es “un cuadro preparado que tiene todas las cualidades para asumir las nuevas tareas asignadas”, dijo hace un tiempo el primer ministro cubano Manuel Marrero Cruz, dejando claro que ostenta el beneplácito del poder.

Aunque aún “resulta arriesgado prever una figura de reemplazo, teniendo en cuenta la lógica autoritaria y la evidente crisis de liderazgo del régimen cubano”, según piensa Rivero, Pérez-Oliva Fraga ha escalado a un último puesto de importancia que lo conduciría al cargo. A finales del pasado año fue designado como diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular. “Es el paso necesario para que, de acuerdo a la legislación vigente, pueda ocupar la presidencia en la isla”, dice Rivero.

Desde inicios de la Revolución, fue Fidel la figura que acaparó el mando absoluto del país, primero en el cargo de primer ministro, y luego como presidente, tras su designación oficial el 3 de diciembre de 1976. No fue hasta 2006 que, ante el evidente deterioro de su salud, su hermano asumió el mando de Cuba. Dos años después, Fidel “renunciaba” formalmente a los cargos de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe, no sin garantizar que el poder permaneciera en manos de la dinastía familiar. Luego hay un salto importante al 19 de abril de 2018: en una foto simbólica, se ve cuando Raúl, de 86 años, le agarra la mano izquierda al entonces primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, casi 30 años más joven, declarándolo así el próximo presidente de la isla. En casi siete décadas, el cargo se ha repartido de mano a mano. “Estas tres figuras han ejercido el poder sin contar con un voto directo de la sociedad, sino un voto de ratificación a sus candidaturas por parte de las respectivas Asambleas Nacionales”, asegura el doctor en Ciencias Políticas Carlos M. Rodríguez Arechavaleta, especializado en historia institucional republicana en Cuba, transición política y democratización.

El voto de vuelta al pueblo

Desde que la captura de Nicolás Maduro derivara en amenazas de una asfixia a La Habana por parte de Washington, algunos se han preguntado quién sería esa persona en condiciones de dialogar con la administración de Donald Trump. Aunque se cree que Alejandro Castro Espín, coronel del Ministerio del Interior, exjefe de la Contrainteligencia cubana e hijo de Raúl Castro, es quien está al frente de las presuntas negociaciones con los estadounidenses en México —a pesar de que Cuba niega tales diálogos—, serían otros los candidatos más afines al cargo.

Varios expertos consultados por EL PAÍS mencionan, además de Pérez-Oliva Fraga, nombres relevantes en la política de la isla, como el actual primer ministro, Manuel Marrero; o Roberto Morales Ojeda, secretario de Organización del Partido Comunista de Cuba (PCC). Nadie ve un liderazgo femenino en un país donde han prevalecido los hombres en los altos cargos. No obstante, Sergio Ángel Baquero, profesor e investigador del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda, piensa que estas “son personas que han estado muy cercanas al modelo actual de gobierno de Díaz-Canel y difícilmente podrían representar algún tipo de cambio, sino que se mantendrían en la lógica de continuidad” del castrismo, asegura.

La Constitución de la República de Cuba de 2019, que establece un límite de dos periodos de mandato, indica que el presidente del país deberá tener nacionalidad cubana, una edad mínima de 35 años, tendrá que ser elegido previamente como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y recibirá los votos de los miembros de dicha Asamblea. “No es un voto directo del pueblo, sino indirecto, y debe ser por mayoría absoluta, es decir, más del 50%”, sostiene el investigador. La persona en el cargo también deberá ser miembro del PCC, el único en el país. Arechavaleta, por su parte, insiste en que “la elección del presidente poco depende de la información y las preferencias del ciudadano de a pie; más bien, es una ‘elección’ cupular, según criterios de lealtad ideológica y persistencia del régimen”.

En medio de una situación incierta, resulta evidente el descrédito de la dirigencia en Cuba, sus pocas capacidades y las desventajas del envejecido núcleo que gobierna desde hace años. Los expertos siguen resaltando a Pérez-Oliva Fraga como personaje emergente, en medio de un vacío de liderazgo. Baquero cree que, incluso, “podría representar una transformación”, por “su perfil más comercial”, en un contexto donde se hace necesaria una “transformación económica profunda”, y teniendo en cuenta que el Gobierno estaba posicionando para el cargo al general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, ex yerno de Raúl al frente del militar GAESA, quien falleció repentinamente a los 62 años en 2022.

“Creo que su perfil tecnocrático y su trabajo en la diplomacia comercial le permitirá a Pérez-Oliva Fraga conocer de cerca las nuevas dinámicas geopolíticas y las reglas del comercio exterior y la inversión extranjera, lo cual puede acercarlo a una posición reformista ante la rigidez estructural de la cúpula del régimen cubano”, piensa Arechavaleta, quien persiste en que los cubanos “poco conocemos de su perfil político, el cual creo que apenas comienza a desarrollar”.

A pesar de que el presidente Trump ha asegurado que este es el último año de la dictadura cubana en el hemisferio occidental, hasta hoy se desconocen los planes de Washington hacia La Habana más allá del cerco económico. Los expertos consideran que “la manera de gobernar de Trump conduce, irremediablemente, a forzar negociaciones”, como lo ha planteado su administración desde que decidió cortar el suministro de combustible que llegaba desde Venezuela. “En este orden, quizás la pregunta no sería si hay otras figuras en Cuba, sino qué formas de transformación pueden venir o qué suerte de aperturas se pueden dar en este nuevo escenario”, sostiene Baquero.

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