Una oposición fragmentada se aferra a una segunda vuelta en las elecciones de Costa Rica
El oficialismo llega con ventaja holgada y opciones de ganar en primera vuelta para afianzar el proyecto de Rodrigo Chaves

Las principales fuerzas opositoras de Costa Rica llegan al tramo final de la campaña electoral con la expectativa de forzar una segunda ronda y evitar que los comicios del próximo domingo se resuelvan de manera definitiva a favor de la candidata oficialista, Laura Fernández. La politóloga de 39 años, abanderada del Partido Pueblo Soberano (PPSO), encabeza con holgura las encuestas y podría superar el umbral clave del 40% de los votos, lo que le permitiría al movimiento del presidente Rodrigo Chaves retener el poder sin necesidad de balotaje. El oficialismo, además, aspira a conquistar una mayoría legislativa suficiente para consolidar, durante el cuatrienio 2026-2030, el proyecto político rupturista impulsado por Chaves.
Frente al PPSO, al menos cinco candidaturas opositoras mantienen viva la esperanza de disputar el segundo lugar y prolongar la contienda. En los últimos días han endurecido sus críticas contra Fernández y contra el Gobierno, al que acusan de promover prácticas “antidemocráticas”, en un intento por frenar el avance del oficialismo. Sin embargo, las encuestas elaboradas por las universidades estatales apuntan a una alta probabilidad de que el movimiento chavista celebre su triunfo la noche electoral. El último estudio del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) otorga a Fernández un 44% de respaldo entre quienes aseguran que acudirán a las urnas.

A unos días de la votación, a la que están convocados 3,7 millones de costarricenses, un 26% del electorado se declaraba indeciso, un segmento que podría resultar determinante para el desenlace, aunque no existe certeza sobre su comportamiento final ni sobre cuántos de ellos terminarán engrosando el abstencionismo. En las elecciones de 2022, la abstención alcanzó el 40%. En total, compiten 20 candidaturas presidenciales, pero solo cinco opositoras superan el margen de error de la encuesta del CIEP y ninguna rebasa el 10% de intención de voto, según la medición difundida el último día permitido por la ley electoral.

La mayoría de los aspirantes opositores coincide en advertir que un triunfo del oficialismo supondría un riesgo para la estabilidad democrática de Costa Rica, un país que durante décadas ha gozado de instituciones sólidas, estabilidad política y condiciones de bienestar superiores al promedio regional. Alertan, en particular, sobre la intención del presidente Chaves de impulsar una reforma constitucional con el argumento de “limpiar” al Poder Judicial y fortalecer al Ejecutivo. Aunque el mandatario no podría postularse de nuevo antes de 2034, sus críticos señalan que una modificación de las reglas constitucionales podría alterar ese límite.
También cuestionan la propuesta de Fernández, inspirada en el modelo de seguridad de El Salvador, de recurrir a un “estado de excepción” para combatir al narcotráfico y al crimen organizado. A su juicio, una medida de ese tipo abriría la puerta a abusos de poder y a la persecución de ciudadanos y grupos críticos del Gobierno.
El opositor mejor posicionado en las encuestas es el economista Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional (PLN), de tradición socialdemócrata, con un 9% de respaldo. El PLN encarna para muchos votantes la política tradicional y carga con parte del desgaste que el chavismo explota al denunciar que el país vivió “70 años de dictadura” antes de las elecciones de 2022. Dentro del margen de error, Ramos aparece empatado con Claudia Dobles, candidata de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC), de base progresista. Dobles enfrenta el desafío de distanciarse de la impopularidad del Gobierno de su esposo, el expresidente Carlos Alvarado (2018-2022), marcado por la gestión de la pandemia y por una dura reforma fiscal que estabilizó las finanzas públicas a costa de un fuerte sacrificio en inversión social.

Ese recorte social es una de las principales críticas de Ariel Robles, candidato del Frente Amplio, que obtiene un 4% de intención de voto. Le sigue José Aguilar Berrocal, del partido emergente Avanza, con un 3%, respaldado por sectores cercanos a la familia Bukele en Costa Rica. Su esposa es prima del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, una figura admirada por parte de la población por sus políticas de mano dura contra el crimen y a quien Chaves ha presentado como un aliado regional.
El sondeo final también registra un leve repunte de Juan Carlos Hidalgo, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), la otra fuerza histórica del bipartidismo del siglo XX, hoy debilitada tras años de castigo electoral. En contraste, Fabricio Alvarado, el predicador evangélico que protagonizó la polarizada elección de 2018, cae hasta el 1,5%, lo que sugiere que parte de su base conservadora se ha desplazado hacia el oficialismo, que ha estrechado vínculos con líderes cristianos.
En uno de los últimos debates, Fernández, Alvarado y Aguilar Berrocal se mostraron dispuestos a activar un estado de excepción en un país sin fuerzas armadas. Aguilar matizó que sería un recurso extremo y defendió la labor de los cuerpos policiales del Poder Judicial, cuyo presupuesto ha sido recortado y que ha sido objeto de duras críticas por parte del Gobierno.
Más allá de su rechazo al popular presidente Chaves, a quien comparan con el chavismo venezolano, las fuerzas opositoras exhiben profundas diferencias ideológicas y programáticas. Mientras tanto, un amplio sector de la ciudadanía reproduce los mensajes del mandatario contra los partidos tradicionales, la institucionalidad y las élites. Desde la oposición, en cambio, se acusa al oficialismo de intentar construir una nueva élite política y económica, de tolerar el avance del crimen organizado y de reducir la inversión social necesaria para prevenir la inseguridad.
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