En los pasillos del foro internacional para América Latina: “Mirémonos de tú a tú, como vecinos”
La cita de CAF congrega a 6.000 participantes y un nutrido grupo de mandatarios inédito en los últimos años


A las siete de la mañana, cuando el calor húmedo ya dominaba la bahía, una multitudinaria y silenciosa fila serpenteaba alrededor del Centro de Convenciones de Ciudad de Panamá. Soldados armados vigilaban cada acceso mientras periodistas con mochilas llenas, asesores pegados al teléfono, activistas con acreditaciones colgando del cuello y ejecutivos de traje oscuro avanzaban a paso lento, resignados al protocolo y a los controles de seguridad. Sentado solo, en una silla a un costado de la entrada al auditorio principal, un alto directivo de Volkswagen Brasil observaba el hormigueo sin hablar con nadie. Había llegado para escuchar, para tomar nota. Ojalá que para abrir nuevas oportunidades. “Vengo a ver al que puede ser el último suspiro del multilateralismo”, dijo, sin darle demasiada importancia. La frase sonó grave, pero no derrotista. Si el mundo tal como se conocía se desarma, vino a decir, tal vez sea el momento de mirar hacia adentro, de explorar soluciones propias, regionales, menos dependientes de los sobresaltos ajenos.
Esa fue la idea que flotó durante toda la jornada y fue el centro de los discursos de los siete jefes de Estado —Brasil, Colombia, Panamá, Bolivia, Jamaica, Ecuador y Guatemala— y un presidente electo —Chile— que participaron. El Foro Económico Internacional, organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), fue autobautizado por los asistentes como una especie de foro de Davos regional, una cita que ha logrado más presencia de mandatarios latinoamericanos que cualquiera de las últimas cumbres internacionales organizadas en la región.
“Nuestras cumbres están vacías”, se quejó Luis Inácio Lula da Silva en su intervención. Durante décadas hemos acumulado papers brillantes y discursos correctos, pero millones de ciudadanos están encerrados en la pobreza, inseguridad y miedo”, coincidió José Antonio Kast, presidente electo de Chile. Desde el estrado, todos apelaron a la unidad en un mundo cuyas reglas tradicionales parecen resquebrajarse.

El mensaje se repetía con distintos acentos: la región necesita coordinarse más, confiar más en sí misma y tomarse en serio. “Mirémonos de tú a tú, como vecinos”, invitaba Jaqueline Ruíz, funcionaria de Naciones Unidas Panamá. En los pasillos, el tono era similar. “Este foro está sirviendo para que América Latina se mire a sí misma”, resumía Roberto Brenes, empresario panameño de largo recorrido gremial, que caminaba de un lado a otro con su pajarita azulgrana. A su lado, su esposa, la también empresaria Mercedes Eleta, se detenía a comentar los discursos. En general, gustó el de Lula y no se entendió bien el del presidente colombiano Gustavo Petro, que suele divagar en sus alocuciones. A Eleta le llamó la atención el mensaje de Kast, a quien celebró por poner el acento en la ejecución y no en la épica. “Está bien hablar de grandes ideas, pero es hora de cumplir objetivos reales de crecimiento y dejar los discursos vacíos”, decía, mientras saludaba a conocidos y desconocidos con la naturalidad de quien se mueve como en casa.
En los márgenes, las reuniones improvisadas, los saludos apurados y los almuerzos de pie se multiplicaban. Se organizaban citas con una aplicación que te permitía contactar con cualquiera de los 6.000 asistentes en el evento. La comidilla de la mañana fue que Petro llegó tarde a la toma de la primera foto de familia y se la perdió. También corrió rápido el comentario sobre su primer cruce con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, tras una semana de tensiones diplomáticas que nadie consigue desescalar. Fue incómodo.
En un foro dominado por trajes oscuros y voces masculinas, dos empresarias brasileñas, con décadas de experiencia a cuestas, reivindicaron el papel de la mujer en una región que mantiene una brutal brecha de género. Janete Paz, presidenta del Consejo del Grupo Sabin y vicepresidenta del Foro Nacional de Mujeres Empresarias, recordó que en Brasil solo el 14% de las mujeres participa en la industria. “Tenemos que hablar de la internacionalización de las mujeres y sus dificultades”, apuntó. A su lado, Gloria Guimarães fue más contundente: “No será la inteligencia artificial lo que marque este siglo, será la equidad de género”.

En otra fila interminable, la del café —uno de los puntos más concurridos del evento—, un tropiezo casual dio pie a una conversación que revela el interés de las regiones en conectarse entre sí. El pisotón era de Okechukwu Ihejirika, ejecutivo del Afreximbank, el banco africano de importación y exportación. El nigeriano aterrizó en Panamá con la misión de abrir un corredor entre África y América Latina y el Caribe. “En el contexto de los problemas geopolíticos que atraviesa el mundo, necesitamos crear nuevas amistades y abrir oportunidades para fortalecer las relaciones comerciales entre nuestros países”, explicó impresionado por la cantidad de participantes en la segunda edición del foro.
Al caer tarde, mientras los presidentes visitaban ese Canal de Panamá codiciado por Donald Trump, el ritmo se relajó. No hubo anuncios espectaculares ni grandes acuerdos, pero sí una sensación compartida, la de una región tanteándose a sí misma, midiendo fuerzas, probando alianzas posibles en un tablero cada vez menos previsible. Era América Latina y el Caribe hablándose cara a cara, ante un mundo que se da la espalda.
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