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El presidente Xi conversa con Lula y reafirma la apuesta de China por Latinoamérica

El brasileño intensifica los contactos diplomáticos con aliados diversos tras el ataque militar de EEUU contra la vecina Venezuela

Xi Jinping y Lula da Silva

El ataque militar de Estados Unidos contra la vecina Venezuela, las amenazas de Donald Trump de apropiarse de Groenlandia y su ofensiva contra el multilateralismo han llevado al veterano presidente de Brasil a intensificar sus contactos con aliados de todos los colores en este agitado arranque de 2026. Los movimientos diplomáticos de Luiz Inácio Lula da Silva culminaron este jueves por la noche con una conversación telefónica de 45 minutos con Xi Jinping. El presidente chino prometió a su homólogo mantener el apoyo a Brasil “en estos tiempos turbulentos” y reafirmó la apuesta de la superpotencia asiática por Latinoamérica, según la nota sobre la conversación difundida por la agencia china Xinhua.

Xi afirmó, al teléfono con Lula, presidente de la primera economía latinoamericana, que “China está comprometida a ser siempre un buen amigo y socio para los países en América Latina y el Caribe y avanzar conjuntamente en la construcción de una comunidad de futuro compartido”. El mandatario chino también puso en valor la importancia ambos países en el Sur Global y enfatizó la necesidad de “salvaguardar conjuntamente el papel central de las Naciones Unidas”.

Para la parte brasileña, el reconocimiento de su papel en la escena internacional y la defensa de la ONU por parte de Pekín son esenciales frente a un Trump absolutamente desbocado. Lula destacó que “Brasil y China (…) desempeñan un papel central en la defensa del multilateralismo, el derecho internacional y el libre comercio”, según el comunicado de la Presidencia.

Lula enfatizó en un reciente artículo en The New York Times que la incursión estadounidense en Venezuela es, “en 200 años de historia independiente, el primer ataque militar directo de EEUU contra Sudamérica”. Añadió el brasileño que “por muy fuertes que sean esas potencias, no pueden basarse únicamente en el miedo y la coerción”. Lula busca reforzar el perfil de su país, una potencia media con enorme apego a la neutralidad, en este creciente desorden mundial.

La conversación con Xi este jueves por la noche (ya viernes en Pekín) culmina una amplia ronda de contactos de Lula con mandatarios extranjeros desde que un comando de soldados estadounidenses capturó a Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero. Desde entonces ha hablado con socios de los BRICS como el ruso Vladímir Putin o el indio Narendra Modi, con los líderes de otras potencias medias como Mark Carney, de Canadá, a la cabeza de la resistencia a Trump; Claudia Sheinbaum, de México; Recep Tayyip Erdogan, de Turquía; con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, entre otros.

La decapitación del chavismo, que tiene estrechas relaciones con Pekín, ha puesto a prueba la enorme influencia y creciente expansión de China en toda Latinoamérica. El gigante asiático es el primer socio comercial de América del Sur, donde también tiene enormes proyectos de infraestructuras. Los EE UU de Trump han dejado muy claro, con la intervención en Venezuela, el anuncio de que su interés prioritario allí es el petróleo y las abiertas injerencias en varias elecciones, que quieren retomar el dominio de la región y alejar a los adversarios de lo que vuelve a considerar su patio trasero.

Brasil, su diplomacia y sus empresas hacen enormes esfuerzos para mantener buenas relaciones tanto con Washington como con Pekín, algo que la creciente hostilidad entre ambos dificulta.

Tanto Xi como Lula se comprometieron a profundizar las relaciones bilaterales, y en el seno de los BRICS, el bloque del Sur Global, y el brasileño anunció que eximirá de visado a algunos de sus compatriotas. Mientras, Lula analiza con su equipo desde hace días la propuesta de Trump para participar en el Consejo de la Paz que está creando. Su principal asesor en política internacional, el diplomático Celso Amorim, ha dejado claro públicamente que se inclina por no aceptar porque considera que el nuevo organismo supone sustituir a la ONU.

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