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Los huérfanos de la violencia protagonizan la política en Colombia

La periodista Lariza Pizano presenta junto a Juan Fernando Cristo y Yesid Reyes ‘En el nombre del Padre’, el libro que recoge testimonios de víctimas emblemáticas

Yesid Reyes, Lariza Pizano, Juan Diego Barrera y Juan Fernando Cristo en la Feria de Libro de Bogotá, en Corferias.Sergio Yate

¿En qué se puede transformar el dolor por la ausencia del padre? Mientras le daba vueltas a esa pregunta muy personal, la periodista y politóloga Lariza Pizano se comenzó a dar cuenta de que muchas de sus fuentes estaban haciendo lo mismo, de maneras radicalmente distintas. “Algunos tramitaban su dolor desde la obsesión por la seguridad, por la mano dura. Otros, desde la apuesta por la paz negociada”, relata Pizano, que este sábado sostuvo una esperada conversación en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, la FILBo. “Ahí empecé a entender algo incómodo: que la polarización en Colombia, alrededor de la paz y la guerra, también tiene que ver con la forma en que sus líderes han tramitado sus duelos”, añade sobre el origen de su libro En el nombre del Padre, historias de orfandad política en Colombia (Planeta).

Con unos 10 millones de víctimas registradas a consecuencia de un conflicto armado de más de medio siglo, Colombia es también un país de huérfanos de la violencia política. Entre ellos, los exministros Juan Fernando Cristo y Yesid Reyes, quienes acompañaron a Pizano en una presentación cargada de emotividad. El libro indaga sobre cómo han tramitado varias figuras políticas en Colombia –vigentes y activas– la muerte violenta de sus padres, asesinados por los paramilitares, las guerrillas, el Estado o el narcotráfico. ¿Han superado el dolor con deseos de venganza? ¿Con expectativas de justicia? ¿Con vocación de paz? ¿Con la decisión de plantear políticas públicas específicas? ¿Qué significa vivir y hacer política en un país que ha normalizado la muerte violenta de sus dirigentes?

A mediados del año pasado, como recordó la autora, había cinco aspirantes a la Presidencia marcados por la orfandad producto de la violencia, entre ellos Iván Cepeda, que se mantiene como líder de las encuestas en la larga carrera presidencial. Su padre, el senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, fue asesinado por militares y paramilitares el 9 de agosto de 1994. Los demás eran Cristo, María José Pizarro, Juan Manuel Galán y Miguel Uribe Turbay, que además terminó siendo víctima directa de esa misma violencia, baleado por sicarios en un mitin en Bogotá. Pizano se dio a la tarea de hablar con ellos, y también con Miguel Uribe Londoño, el padre que recogió las banderas de su hijo asesinado; Aníbal Gaviria, en su caso por el asesinato de su hermano; el exsenador Rodrigo Lara y el exministro Reyes. El propósito era preguntarles a todos cómo habían sublimado su dolor –un término que se aplica en psiquiatría–.

“Uno finalmente es una víctima privilegiada en esta sociedad”, ha reflexionado Juan Fernando Cristo, que en el libro narra cómo la política se convirtió en su “diván”, en el espacio donde pudo convertir el dolor en una agenda legislativa que transformó la vida de millones de víctimas. “Yo he respetado mucho la forma cómo cada una tramita su dolor”, ha valorado sobre esa larga trayectoria política que le ha traído alivio. ”Esa condición de víctima nunca se pierde. El dolor nunca pasa, más bien se acostumbra uno a llevarlo”.

El excongresista y exministro del Interior en los gobiernos de Juan Manuel Santos y Gustavo Petro dedica sin falta cada 8 de agosto una columna en el periódico La Opinión de Cúcuta a contarle el acontecer político y familiar a su padre, el congresista y médico Jorge Cristo Sahium, asesinado por la guerrilla del ELN ese día de 1997 cuando llegaba a su consultorio. “Ese momento me cambió para siempre, me obligó a replantear mis prioridades, a tomar decisiones sobre mi futuro que jamás había considerado. Casi que a asumir la mayoría de edad. Esa sensación de orfandad como adulto es muy extraña. Mi papá me parecía inmortal y creía que iba a contar con él por mucho tiempo más. Con los años comprendí que esa muerte condicionó mi relación con el país, con la violencia, con Dios y con la manera en que concebí la política”, concede en el libro.

“Creo que el perdón es un problema individual interno de cada uno”, ha dicho por su parte Reyes, el hijo mayor del magistrado Alfonso Reyes Echandía, fallecido durante la feroz toma del Palacio de Justicia por parte de un comando de la guerrilla del M-19, y la posterior retoma de las Fuerzas Armadas, en noviembre de 1985. En ese trágica episodio, conocido en Colombia como el holocausto, el entonces presidente de la Corte Suprema le pidió al Ejército y al gobierno de Belisario Betancur, a través de Radio Todelar, un cese al fuego durante la retoma, una súplica que nunca fue atendida.

A pesar de ese antecedente, Reyes, un destacado penalista, tuvo como ministro un papel en la construcción del sistema de justicia transicional surgido del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, sellado a finales de 2016. “Lo hice sin pensar quién estaba detrás de ese acuerdo, más bien con una visión de futuro”, ha revindicado. “Creía y creo que vale la pena hacer lo que se pueda para conseguir un país mucho más justo y más equitativo”.

El asesinato de Miguel Uribe Turbay –quien murió el 11 de agosto, después de una agonía de dos meses en un hospital– trajo de vuelta los peores recuerdos en un país acostumbrado a los magnicidios, cuando parecía que semejante práctica por fin había sido erradicada. Los atentados se hicieron particularmente habituales en la sangrienta campaña de 1990, en la que fueron asesinados tres candidatos presidenciales. Entre ellos el amplio favorito para llegar a la Casa de Nariño, Luis Carlos Galán Sarmiento, el papá tanto de Juan Manuel –que ahora apoya la campaña de Paloma Valencia– como de Carlos Fernando, el alcalde de Bogotá. Y también el líder de la guerrilla del M-19 que acababa de firmar la paz, Carlos Pizarro Leongómez, el padre de la senadora María José Pizarro, actual jefa de debate de Iván Cepeda.

“En estas sublimaciones, cada uno de los entrevistados ha buscado hacer el bien, tramitando la pérdida de la mejor manera posible”, ha valorado en la charla el psiquiatra Juan Diego Barrera, que escribe el prólogo. Como declara la autora en sus páginas, En el nombre del padre busca iluminar, con sus testimonios diversos, el recorrido del duelo a la memoria, de la herida al legado, de la pérdida a la acción.

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