José Manuel Restrepo, el economista que quiere ser puente entre De La Espriella y la derecha establecida
El exministro de Hacienda y rector universitario es la fórmula vicepresidencial del ultra, a quien vio en apenas cuatro ocasiones antes de aceptar


El jueves 5 de marzo, José Manuel Restrepo le respondió a EL PAÍS una invitación a escribir una columna de opinión con una frase que hoy suena irónica: “Pero si yo soy economista, no político”. Cuatro días después, el exministro de Hacienda y hasta entonces rector de la Universidad EIA aceptó ser la fórmula vicepresidencial del candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella. La velocidad del giro lo dice todo sobre la naturaleza de este proceso electoral y sobre Restrepo, quien llega a la campaña sin votos propios, sin partido y habiendo visto a su fórmula apenas cuatro veces. Lo que trae es otra cosa.
Bogotano de 55 años, Restrepo Abondano viene de una familia arraigada en la historia del país. Entre sus antepasados están Francisco de Paula Santander, el primer vicepresidente y segundo presidente de Colombia, y el historiador José Manuel Restrepo Vélez, el primer secretario o ministro del Interior del país y autor de una de las primeras grandes historias de la nación independiente. El ahora candidato creció en Bogotá, estudió en el tradicional colegio Gimnasio Campestre y se graduó de economista en la Universidad del Rosario, la más antigua del país. Luego hizo un doctorado en dirección de instituciones educativas en la Universidad de Bath, en el Reino Unido, el área en la que construyó la primera mitad de su carrera.
Esa trayectoria inició en su alma mater, donde fue secretario académico de su facultad, director de una especialización, subdirector y director de planeación, y vicerrector. Con esa hoja de vida, luego fue rector de tres universidades privadas de alto perfil: primero la bogotana CESA, especializada en administración y negocios; luego el Rosario; y más recientemente la Universidad EIA, en Medellín, institución originalmente enfocada en ingeniería que lleva años ampliando su oferta hacia la administración y carreras afines. En cada una dejó una huella de gestión institucional que lo fue construyendo como figura del mundo académico y empresarial, con relaciones en su ciudad natal y en Antioquia, tierra de su antepasado y tocayo. En todo ello también fue dejando una trayectoria de vínculos con el conservatismo.
Ese vínculo se hizo más notorio en 2018, cuando dejó la rectoría de El Rosario para entrar a la administración pública. El presidente Iván Duque lo designó ministro de Comercio, Industria y Turismo, un cargo sectorial que Restrepo ocupó con un perfil técnico y dialogante. Era cercano a dos figuras del Gobierno: la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y, sobre todo, la entonces senadora uribista María del Rosario Guerra, de quien había sido asesor en una entidad pública dos décadas atrás y quien también fue su jefe en el Rosario. Restrepo, sin embargo, siempre se cuidó de mantener distancia de las etiquetas partidistas. “Nunca he militado en el Centro Democrático ni en ningún partido, no soy uribista, duquista, ramirista”, dijo esta semana a este diario.
El momento más exigente de su paso por el gobierno llegó en 2021, cuando Duque lo movió de Comercio a Hacienda. Su antecesor, el economista ortodoxo Alberto Carrasquilla, había intentado una reforma tributaria que aumentaba el IVA e imponía impuestos de renta a las clases medias, todo ello en medio de una crisis fiscal y otra social alimentadas por la pandemia. La propuesta encendió la mecha del estallido social de ese año, uno de los más difíciles del gobierno Duque. Restrepo llegó al rescate: con una lógica más política y más sensible al costo social de las decisiones, ayudó a sacar adelante una reforma enfocada en las empresas y a manejar las finanzas públicas en los meses más turbulentos. Una de sus decisiones más reveladoras de su mirada fue la de postergar el desmonte del subsidio a la gasolina, una medida que entre 2021 y 2022 le costó 14 billones de pesos al erario, pero que era políticamente inmanejable en ese momento. Técnico sí, pero no ajeno a la política.
Ese olfato político, sumado a su capacidad para conversar con actores distintos sin polarizar, es lo que De la Espriella fue a buscar en él. El economista aceptó la oferta de ser su fórmula cuando se habían visto tan solo cuatro veces: una marcha, un foro, una reunión sobre economía y una cena en Barranquilla el lunes anterior al anuncio. “Sentados con nuestras esposas, me explicó quién es, qué ha hecho, cuál es su planteamiento”, cuenta Restrepo. Al día siguiente, a las seis de la mañana, De la Espreilla hizo el anuncio en redes sociales.
Su motivación, dice, no es electoral sino estratégica, pues ve en otro cuatrienio de la izquierda, y en su propuesta de constituyente, un riesgo para la estabilidad económica del país. “Creo que debo gastarme el liderazgo que tenga en construir una unidad que lo evite.” Su apuesta es ser puente entre De la Espriella y Valencia en una eventual segunda vuelta. Eso implica una tensión evidente. Restrepo participó en la gesta inicial de la Gran Consulta que ganó Valencia y que De la Espriella no integró. Reconoce que es arriesgado ser ahora la fórmula del outsider ultraderechista, pero insiste en que De la Espriella tiene algo electoralmente valioso: “genera emoción, pasión, algo muy importante en la política actual”, dice.
En casa, Restrepo es un hombre de vida ordenada y tradicional. Casado, tiene tres hijos y vive en una casa campestre en las afueras de Bogotá. Tiene perro. Es, en muchos sentidos, el arquetipo del tecnócrata de élite: formado en los mejores colegios y universidades del país, con doctorado en el exterior y apellidos que pesan. Pero es también alguien sencillo, que abre la puerta de su casa para una entrevista y que dice haber pensado siempre en los de abajo. “Mi prioridad siempre ha sido el capitalismo popular: cómo atender al que tiene un micronegocio”, afirma. Dos veces intentó sacar una ley para combatir el crédito caro, informal y violento. Dice que eso sigue pendiente.
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