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Edna Bonilla: “Lo de Oviedo es una fachada del uribismo, y espero que el país se dé cuenta”

La candidata vicepresidencial de Sergio Fajardo busca que el centro recupere el espacio que ha perdido en la campaña frente a la derecha. “Aquí hay más transparencia, más honestidad, más equipo y más coherencia”, afirma

Edna Bonilla en su despacho, en Bogotá.ANDRÉS GALEANO

La profesora universitaria Edna Bonilla (Bogotá, 55 años) vive acelerada desde el jueves, cuando Sergio Fajardo la presentó cómo su compañera de fórmula para las elecciones presidenciales de mayo. Fue el primer día en años en el que el cansancio le impidió ponerse su pijama antes de quedarse dormida. Su celular se llenó de centenares de mensajes que no logra responder. Saltó de una rutina como experta en temas educativos a la vorágine de una campaña que tiene solo dos meses para recuperar el espacio del centro político, relegado en las encuestas. “Tenemos que entender mejor a quienes se están sintiendo representados con este Gobierno y a los que están en contra de la forma más brutal”, comenta en una entrevista en el norte de Bogotá.

Su llegada a la campaña levantó pocas expectativas: no es muy conocida por la opinión pública, su cargo de mayor relevancia ha sido secretaria de Educación de Bogotá (2020-2023) y su perfil académico es similar al del candidato presidencial. Sin embargo, ya le ha dado una impronta más contundente a los mensajes de la campaña, usualmente señalados de ser demasiado mesurados. No duda en reconocer que su sector ha fallado en sus lecturas políticas y en cuestionar con dureza la incorporación del centroderechista Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial de la uribista Paloma Valencia, que busca llegar a los votantes más moderados. “Lo vi en una tarima al lado del expresidente [Álvaro] Uribe, callado. Son mensajes. A diferencia de él, yo no tengo ningún jefe político”, afirma.

Pregunta. ¿Cuál era su relación con Fajardo antes de que le propusiera ser su compañera de fórmula?

Respuesta. Desde hace muchos años coincidimos en escenarios del mundo de la educación, que es bastante chiquito. Y, en 2022, cuando él se presentó a la Presidencia, fuimos hablando más desde el punto de vista político. Ahí se terminó de afianzar la relación. Nos hicimos amigos y ahora somos equipo.

P. ¿Cómo fue el ofrecimiento?

R. Me escribió un mensaje el lunes: “Hola, ¿cómo ves el panorama político? Quiero tu lectura. ¿Nos podemos tomar un café mañana?’“. Le dije que estaba muy enredada, pero que podía a las 10.10. Llegué muy cumplida, y tuvimos una conversación muy bonita, de afecto. Le agradecí la propuesta, porque es un gran honor, pero le pedí el día para pensarlo con mi familia y un par de amigos que saben de política electoral. Por la noche, la decisión ya estaba tomada.

P. Usted fue secretaria de Educación de Claudia López, que hoy es la rival de Fajardo en el centro político. ¿Ella le ofreció ser su compañera de fórmula?

R. Lo habíamos hablado en alguna oportunidad, pero yo me preguntaba qué le sumaba a ella. Las dos somos mujeres, más o menos del mismo origen, con doctorados. Ella necesita a un hombre como compañero de fórmula y, en todo caso, se concretó primero la opción de Sergio.

P. Si López se lo hubiera propuesto antes, ¿hubiera aceptado?

R. No sé. Es cierto que, por un lado, he estado mucho más cerca de ella políticamente. Fueron muchas reuniones hasta las tres de la mañana cuando estábamos en la Alcaldía y es una mujer absolutamente correcta y honesta, por la que solo tengo admiración y gratitud. Pero no lee el momento político: el país no quiere tanto grito y necesita un poco más de calma.

P. Además de una mayor mesura, ¿por qué un votante de centro debe apoyar a su actual coequipero en vez de a su antigua jefa?

R. Fajardo ha mostrado coherencia y tiene, en este momento, más probabilidades de ganar. Puede dar la pelea frente a los extremos y transmitir los mensajes de que vamos a trabajar muy duro por la educación, de que vamos a proteger la institucionalidad, de que no habrá ninguna Asamblea Constituyente. Y me tiene a mí como vicepresidenta.

P. Cuando tomó el café con Fajardo, ¿cuál fue la lectura política que le compartió?

R. Las elecciones del domingo [legislativas y consultas presidenciales] mostraron un país excesivamente polarizado, y eso impide ver otras alternativas. Hay que reconocer que le fue muy bien al Pacto Histórico, que obtuvo la mayor bancada del Senado, y también al Centro Democrático. Y luego hay cosas que no entiendo: influencers sin propuestas a quienes les va bien. Me pregunto qué es lo que no estamos leyendo bien nosotros y los demás sí.

P. Las encuestas muestran que el 50% del país dice ser de centro, pero Fajardo y López apenas suman unos 10 puntos de intención de voto. ¿A qué lo atribuye?

R. Creo que la gente se dice de centro porque es políticamente correcto, pero a la hora de votar piensa: “Uy, no, mi hijo tiene el riesgo de no regresar esta noche a casa por la inseguridad, mejor voto a la derecha”. Es en eso en lo que tenemos que trabajar, en mostrarle a la gente que la seguridad no es un activo de la derecha, sino de todos. Lo mismo con el discurso de la izquierda frente a la pobreza o las dificultades sociales. Me niego a aceptar que sea una bandera solo de ellos. Los derechos son de todos, no de un sector político que se los quiere apropiar.

P. ¿Qué pueden hacer para recuperar espacio en los dos meses que quedan hasta la primera vuelta?

R. Tenemos que entender mejor a quienes se están sintiendo representados con este Gobierno y a los que están en contra, incluso de la forma más brutal. Preguntarnos qué quiere este joven, qué quiere esta mujer, qué quiere este hombre que no consigue ingresos para llevar a su casa. Y tenemos que saberles llegar con nuestro mensaje. Yo soy profesora, y tiendo a hablar, a especular en abstracto mientras puedo tener a un joven en mi clase que esté pensando cómo va a hacer para comer hoy. Tengo que ponerme en su lugar y ofrecerle alternativas pragmáticas, tangibles. La política no es para los ángeles, sino para nosotros, los humanos.

P. ¿Y si lo que pide la gente es más gritos, épica discursiva y polarización?

R. Hoy mi hijo me decía: “Mami, el discurso estuvo muy bien. Pero te falta gritar un poquito más”. Pero yo no creo en eso. ¿Por qué insultar? ¿Por qué nos debería representar una persona que grite? Tengo familiares de derecha y me toca decirles que están equivocados, pero también les digo que los quiero y los respeto. Lo mismo hago con mis amigos de izquierda.

P. Juan Daniel Oviedo captó gran parte del voto de centro en las consultas del domingo y ahora es el compañero de fórmula de la uribista Paloma Valencia. ¿Le da miedo su auge?

R. Él siempre ha trabajado con la derecha: trabajó con María del Rosario Guerra y fue director del DANE [Departamento Administrativo Nacional de Estadística] en el Gobierno de Iván Duque. A mí no me da miedo, quizá porque es mi amigo. Es un tipo valioso, académico, y nos entendemos con las cifras porque venimos de las ciencias económicas.

P. ¿No le preocupa que se quede con gran parte de los votos del centro?

R. No sé, porque ya lo vi en una tarima al lado del expresidente Uribe, callado. Son mensajes. A diferencia de él, yo no tengo ningún jefe político, y no negocié condiciones ni hubo líneas rojas [diferencias sobre los acuerdos de paz de 2016] para definir la fórmula. Tampoco hubo discusiones sobre cuántos votos aporto yo, qué puestos voy a tener o qué le quito a Fajardo. Sergio es mi coequipero y estamos juntos porque nos unen las mismas convicciones.

P. Fajardo y el izquierdista Iván Cepeda han apostado por fórmulas con fuertes afinidades ideólogicas. ¿No le están dejando a la derecha de Valencia y Oviedo el mensaje de los consensos y de la unidad en la diversidad?

R. Ellos apuestan a eso con un expresidente que es el que estaba parado en la tarima y que es el que habla.

P. ¿Considera la elección de Oviedo como una fachada del uribismo?

R. Sí. Y los respeto, cada uno tiene sus estrategias. Pero espero que el país se dé cuenta y vea que aquí hay más transparencia, más honestidad, más equipo y más coherencia.

P. En una columna hace dos semanas en Cambio señalaba que a los políticos no les interesa la educación porque no da votos y luego optó por anunciar su candidatura en la entrada de la Universidad Nacional. ¿No es demasiado idealista poner la educación como la principal bandera?

R. No sé si esa columna fue medio premonitoria. Yo estaba muy angustiada de que nadie hablara de educación: me puse a revisar las propuestas de 3.000 candidatos al Congreso —para eso sirve la IA— y era un tema totalmente ausente. Sergio me dijo que leyó esa columna y que, si tanto me quejaba, que viniera y habláramos de educación. Puede parecer contradictorio, pero prefiero verlo como un reto, algo que vamos a hacer sin pena.

P. ¿Qué propone en esta área?

R. Cuando mis hijos llegaron al colegio a los seis años, ya habían estado tres o cuatro en jardín. Los niños de las familias pobres no tienen esa posibilidad. Llegan con un rezago porque la educación inicial no es obligatoria y el Estado invierte poco en ella, lo cual es absurdo. Quiero cambiar eso: hay que invertir en jardines y que los primeros años, cuando se forma el cerebro, sean la prioridad. También quiero fortalecer la educación pública, pero trabajando con el sector privado. La estigmatización de la educación privada ha sido un gran error de este Gobierno.

P. Su esposo, Jorge Iván González, fue el primer director del Departamento Nacional de Planeación (DNP) de la Administración de Gustavo Petro y salió con fuertes críticas: dijo que el presidente era incapaz de ver las diferencias entre su discurso y la realidad. ¿Cómo vivieron esa salida?

R. Él tiene una historia más ligada a la izquierda, mientras que yo siempre he estado más vinculada al centro. Pero la decepción frente al Gobierno ha ido en aumento para ambos y su salida fue triste para nosotros como familia. Aun así, no puedo dejar que eso me enceguezca y me impida reconocer las cosas buenas.

P. ¿Qué valora de Petro?

R. Los ciudadanos y las ciudadanas se sienten más representados: el que llega a ministro no necesariamente viene de una elite. Y ha habido avances importantes para las personas más vulnerables, como la reforma laboral y la pensional.

P. ¿Qué cuestiona de estos años?

R. Lo que está pasando con el sistema de salud es absolutamente dramático. Y también el retroceso en seguridad: hemos dejado el territorio en manos de terroristas, de mafias. Es inaceptable, nunca debimos graduar de interlocutores políticos a unas personas que son unos mafiosos, unos hampones. Para ellos debió haber un cumplimiento estricto de la ley. También me preocupa enormemente el tema de la corrupción, nos hemos acostumbrado a vivir con un escándalo distinto cada día.

P. Fajardo señaló en diciembre en una entrevista con este periódico que ha aprendido de sus dos postulaciones anteriores, que ha cambiado y que por eso va a ganar. ¿En qué lo ve distinto?

R. Ha mantenido su coherencia, que siempre ha sido brutal, pero lo veo mucho más empático. Tiene más carisma, se ha soltado, está más conectado. Le digo lo que me decía un exjefe, Moisés Wasserman: “Profesora, tenga una dosis de realidad”. Creo que la está teniendo, y que está leyendo mejor al país.

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