El preconteo, los E-14 y la tecnología de Thomas Greg: el paso a paso del escrutinio electoral en Colombia
El presidente Gustavo Petro ha cuestionado a la Registraduría y ha advertido que puede haber fraude en las elecciones de este domingo. Los expertos explican que hay un sinnúmero de salvaguardas para prevenirlo


El sistema de escrutinio en Colombia ha quedado en el ojo de la tormenta en las últimas semanas. El presidente Gustavo Petro ha enfatizado una y otra vez, en discursos y trinos, que tiene dudas sobre su confiabilidad en manos de la Registraduría, una entidad autónoma. Ha pedido que los testigos electorales formulen reclamaciones en todas las mesas en las que haya la más mínima duda y ha solicitado acceso al código fuente del programa informático que contabiliza los votos a partir de formularios impresos. Ha recordado que miles de sufragios del Partido MIRA fueron indebidamente anulados en 2014 y que en 2022 hubo una diferencia de 600.000 votos entre el conteo rápido y el escrutinio formal de la lista al Senado de su partido, el Pacto Histórico. “Estamos en un inmenso peligro de fraude electoral”, advirtió.
Los entes de control y la sociedad civil han rechazado estos cuestionamientos: las fallas del pasado fueron situaciones aisladas, se descubrieron por las salvaguardas que existen y provocaron mejoras para evitar que se repitan. “El sistema electoral no da lugar a alteración o fraude, porque siempre queda evidencia física de los votos y de las actas de mesa”, declaró el registrador, Hernán Penagos, en una entrevista con este periódico. El procurador, Gregogio Eljach, advirtió al presidente que no puede jugar con “la honra” de organismos autónomos. La defensora del Pueblo, Iris Marín, dio un parte de tranquilidad. “Ha habido alteraciones de resultados electorales en el pasado, pero fueron resueltas adecuadamente por las autoridades. Confiemos en que las instituciones tenemos la capacidad de resolver”, subrayó.
Los expertos consultados descartan un fraude masivo. “El sistema no es invulnerable, pero es absolutamente auditable y hay muchas instancias para reclamar”, afirma por teléfono Alfonso Portela, exregistrador delegado para lo electoral. “Es imposible comprar a los 850.000 jurados, y a los miles de transmisores, digitadores y receptores”, añade, sobre los encargados del sistema manual que permite verificar lo que contabiliza la tecnología. Algo similar dice Frey Muñoz, subdirector de la Misión de Observación Electoral (MOE), en una conversación telefónica: “El sistema está diseñado para subsanar las reclamaciones. No hace bien a la confianza que se lo critique por hechos pasados o presuntamente futuros, hay que criticarlo por lo que se evidencie en el momento”.
Para entender el debate, EL PAÍS explica cómo funciona el escrutinio.
¿Qué sucede tras el cierre de urnas?
Una vez concluida la votación, a las cuatro de la tarde del domingo, comienzan los escrutinios de las mesas. Los encargados son los seis jurados que han estado a cargo de cada una de ellas, ciudadanos nombrados de manera aleatoria a partir de listados que envían entidades públicas, empresas privadas, instituciones educativas y partidos políticos. Lo primero que hacen, en presencia de los testigos de han presentado las colectividades y que suman más de un millón de ciudadanos, es “limpiar la mesa”: desechan los tarjetones sobrantes para evitar que sean incluidos como votos adicionales en las urnas. También contabilizan el número de votantes y la cantidad de sufragios emitidos. Si hay más tarjetones depositados que sufragantes, deben “nivelar la mesa”: destruir los excedentes al azar, sin abrirlos.
¿Qué es el conteo y cómo se realiza?
Los jurados luego cuentan los votos de cada candidato o lista —en el caso de este domingo, primero van las consultas presidenciales, luego el Senado, finalmente la Cámara de Representantes—. Para Muñoz, de la MOE, es el momento de mayor riesgo. Por ello, señala, “es tan importante que no exista homogenización” entre los jurados de cada mesa: la idea de asignarlos al azar es que no simpaticen con el mismo partido ni se conozcan previamente entre sí, para así controlarse mutuamente. “Es difícil una homogenización en las ciudades. El riesgo está en los municipios más pequeños, donde además es más fácil comprar o constreñir jurados”, comenta.
La mayor salvaguarda, en caso de irregularidades, son los testigos de los partidos. Ellos pueden expresar su desacuerdo sobre si un voto es nulo, en blanco o por una colectividad u otra. Si no llegan a un acuerdo, los jurados deben registrar esas reclamaciones en un formulario (E-25). “Podrían negarse, pero siempre va a haber presencia de la Policía, la Registraduría o la Procuraduría. Además, si un jurado niega la reclamación, se le puede colocar una denuncia penal por prevaricato”, apunta Muñoz. El presidente ha llamado a aprovechar esta obligación. “Mientras más mesas impugnadas haya, mayor claridad”, dijo esta semana en un discurso. Sin embargo, el subdirector de la MOE llama a la cautela. “Un abuso del Derecho podría llevar a demoras en el escrutinio”, dice.
¿Qué es el E-14 y por qué hay tres ejemplares?
El E-14, el más conocido de los 28 formularios del proceso, es el acta en la que los jurados registran los resultados de cada candidatura o lista. Diligencian tres ejemplares idénticos. Uno es el de transmisión, que se escanea o se dicta por vía telefónica para el preconteo —son los datos, sin validez jurídica pero de gran impacto político, que comunica la Registraduría en la noche electoral—. El segundo es el de delegados, una versión digitalizada que se sube a internet para que la revisen los partidos, los veedores o cualquier interesado. El tercero es el de claveros y es el que se utiliza para el escrutinio definitivo.
Esos formularios permiten sumar los votos por municipio, luego por departamento y finalmente de todo el país, y desplazan a las urnas como elemento clave. Los tres ejemplares permiten detectar inconsistencias, como ocurre si un transmisor dicta en una llamada del preconteo que un partido tuvo “doce votos” y la persona del otro lado de la línea escucha “dos”. La versión digitalizada del E-14 posibilita que una colectividad afectada detecte la incongruencia y la denuncie. En caso de que sea necesario, se pueden reabrir las urnas afectadas para volver a contar los votos.
Muñoz, de la MOE, recuerda que hubo problemas en el diligenciamiento de los E-14 en 2022. “La lista cerrada del Pacto Histórico al Senado, que representaba una sola línea en el formulario, estaba en la misma hoja que una lista abierta [con 100 renglones]. Los jurados estaban acelerados y muchos no vieron esa línea final cuando llenaban el E-14 de transmisión”, comenta. Estos descuidos contribuyeron a que el Pacto Histórico tuviera una diferencia de 600.000 votos entre el preconteo y el escrutinio definitivo, que estudió miles de reclamaciones de la coalición. Muñoz señala que la Registraduría ha hecho ajustes para prevenir que esta situación se repita. “Cada partido y cada línea está en una hoja separada. Eso va a reducir mucho el margen de error”, subraya.
¿Qué sucede con las urnas después del preconteo?
Las urnas, con los votos emitidos, deben guardarse durante cuatro años para poder revisarlas. Un problema en elecciones anteriores ha sido que no fueran depositadas en sitios con condiciones adecuadas. “En 2014, el partido MIRA tuvo alteraciones de sus resultados electorales a partir del software [de contabilización de los E-14], que no coincidía con los registros de los testigos. Cuando se fue a revisar los materiales probatorios, las urnas estaban carcomidas por los ratones, llenas de moho”, rememora Muñoz sobre uno de los puntos de una sentencia del Consejo de Estado que encontró irregularidades, pero no asignó responsabilidades penales. “Ahora son más rigurosos en la custodia del material”, afirma.
¿Qué son las comisiones escrutadoras?
Las comisiones escrutadoras, conformadas por jueces, notarios y registradores de instrumentos públicos, suman los E-14 y oficializan el resultado del área que tienen asignadas. Hay distintos niveles: comisiones auxiliares, municipales, departamentales. Las primeras instancias comienzan el escrutinio a las cuatro de la tarde, apenas cierra la votación, y continúan hasta la medianoche. Si no terminan, se extienden en jornadas diarias que van desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche. Las departamentales inician sus labores el martes siguiente. El Consejo Nacional Electoral (CNE), la última instancia, está activo desde el primer momento porque está a cargo de todo el escrutinio del voto en el exterior.
El exregistrador delegado Portela comenta que una de las salvaguardas del proceso es que los partidos pueden formular reparos en cualquier instancia. La cantidad que se presenten hace que varíen los tiempos hasta la declaratoria definitiva, desde un par de días hasta varias semanas. “Las curules de la Cámara de Representantes suelen definirse en una semana o dos. El Senado es más complicado porque se presentan muchas reclamaciones y hay mucho interés político. Se toman todo el tiempo para revisar minuciosamente cada una de las circunstancias, y han llegado a tardar hasta cuatro meses, la víspera de la instalación del Congreso”.
¿Qué funciones cumplen los programas informáticos?
Gran parte de los procesos cuentan con asistencia tecnológica: la asignación de los jurados, la sumatoria de los E-14 en el preconteo, el escrutinio definitivo. La Registraduría contrató a la unión temporal Integración Logística Electoral 2026 por 2,1 billones de pesos (unos 550 millones de dólares). Allí, tiene una amplia participación Thomas Greg & Sons, una empresa colombiana a la que el presidente Petro suele cuestionar por su manejo de los datos de los colombianos en varias entidades. El último tramo, de consolidación del escrutinio definitivo, lo maneja el Estado: la Registraduría compró un programa a la multinacional española Indra.
Petro ha insistido en varias ocasiones en que los programas tecnólogicos no son confiables. “El problema está en los algoritmos. Por algo, la Registraduría no entrega a los partidos el código fuente completo de Thomas Greg, verdadero registrador de las elecciones”, escribió a finales de febrero en X. Arremetió, además, contra la MOE por no apoyarlo en la solicitud de este código fuente, que permite conocer el diseño del programa y si hace lo que dice hacer. “La respuesta es silencio”, reprochó. Muñoz, el subdirector de la plataforma de oenegés, explica que ellos lo han solicitado en varias ocasiones, pero que la autoridad electoral siempre lo ha negado por razones de propiedad intelectual o por considerar que los riesgos aumentan si más personas conocen el programa. “En todo caso, ningún sistema es impenetrable. Una persona bien pila siempre va a poder encontrar la vulnerabilidad del software y hackearlo, así tengamos el código fuente”, añade.
Los expertos consultados minimizan los riesgos informáticos porque, explican, el sistema electoral es mayormente manual. “Si fuera de voto electrónico, me amarro en Registraduría hasta que me den el código fuente para supervisar el comportamiento de la maquina. Pero el sistema de base es escriturado. El software solo sirve para consolidar los datos”, dice Muñoz. Portela enfatiza que incluso el mejor hacker no lograría más que unos contratiempos temporales que se resolverían al revisar las actas. “La combinación de automatización y manualidad, que deja la traza, hace que el sistema sea robusto. No sirve de nada alterar el software del preconteo o el de la verificación si luego hay un escrutinio en el que finalmente se ve la realidad”, apunta.
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