Las elecciones al Congreso ponen a prueba la rebeldía electoral de Bogotá
Varios analistas prevén una votación más conservadora que como reacción al gobierno nacional, en línea con la histórica tendencia bogotana de votar en contracorriente

Hace cuatro años, tras las elecciones legislativas de 2022, la prensa bogotana destacaba que el Pacto Histórico, la coalición de partidos y movimientos de izquierda que llevó a Gustavo Petro a la presidencia de Colombia ese mismo año, se convertía en la principal fuerza en la capital. Con 816.000 votos, se llevó 7 de las 18 curules que tiene el Distrito en la Cámara de Representantes. Recibió el apoyo de 3 de cada 10 votantes, un porcentaje muy alto en la mayor ciudad de Colombia. Según expertos y las experiencias pasadas, se trataba más de la rebeldía capitalina, que suele votar en contra del poder nacional, que de un giro a la izquierda: en la ciudad han ganado sectores de oposición en la gran mayoría de votaciones de las últimas décadas.
“Esa fuerza ya no la tiene el Pacto Histórico”, afirma confiado Daniel Briceño, cabeza de lista para la Cámara por Bogotá del partido de derecha Centro Democrático. Su apuesta es que la colectividad llegue a los 550.000 votos, lo que, según sus cálculos, se traduciría en al menos cinco curules a la Cámara, un gran salto desde las dos obtenidas en 2022. Recuerda que en las elecciones locales de 2023, el Centro Democrático obtuvo el mejor resultado de su historia en el Concejo de Bogotá, con siete curules, las mismas que el Pacto Histórico, pese a no contar con candidato propio a la Alcaldía.
De su lado, en el Pacto no creen haber perdido terreno y confían en mantener sus siete curules en la Cámara. “En las estadísticas de aprobación del presidente Petro, Bogotá suele estar por encima del promedio nacional”, asegura la concejal Donka Atanassova. “No veo que el Pacto, como visión de país, haya perdido”, dice, y descarta que la capital se esté “derechizando”.
Para los analistas consultados, no existen evidencias de un cambio ideológico estructural en una ciudad que en lo que va de este siglo ha votado más hacia el centro y la izquierda. Pero sí anticipan una votación más conservadora propia de un voto volátil, de opinión y que suele castigar a los Gobiernos nacionales. Así lo explica Diego Rubiano, coordinador del Observatorio Político Electoral de la Democracia de la Misión de Observación Electoral, quien considera previsible una mejor votación por la derecha.
La más reciente encuesta de Atlas Intel, publicada por la revista Semana, muestra en Bogotá una intención de voto a las elecciones presidenciales favorable para el candidato ultra Abelardo de la Espriella, muy por encima del oficialista Iván Cepeda, quien lidera esa misma encuesta a nivel nacional. En un escenario de primera vuelta entre ambos, el penalista obtendría el 37,7% frente al 19,3% del senador. En escenarios con terceros candidatos, como Sergio Fajardo o Paloma Valencia, el primero también encabeza por amplios márgenes. En segunda vuelta, De la Espriella vencería a Cepeda con un 47,3% frente a un 27,8%.
Aunque se trata de una sola encuesta, la realidad reciente indica una dirección similar. En 2023, el candidato del Pacto Histórico a la Alcaldía, Gustavo Bolívar, ocupó un distante tercer lugar, detrás del hoy alcalde Carlos Fernando Galán, de perfil centrista, y de Juan Daniel Oviedo, quien hoy participa en la consulta en la que la derecha elige su candidato presidencial.
Por eso, Rubiano señala una constante histórica. Bogotá, recuerda, fue una de las primeras ciudades colombianas en las que se consolidó la figura del outsider político, con la elección de Antanas Mockus en 1995. Ese hito rompió con el bipartidismo tradicional y marcó una dinámica que se ha mantenido: votar en contraste con el poder nacional. Así, mientras Colombia era gobernada por presidentes de derecha como Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos o Iván Duque, Bogotá eligió alcaldes de izquierda o centroizquierda como Luis Eduardo Garzón, que inició una sucesión de gobiernos del Polo Democrático Alternativo, Gustavo Petro y Claudia López. “Manteniendo esa perspectiva histórica, no sería raro que se dé un voto más conservador y de derecha”, concluye el analista.
Sebastián Líppez-De Castro, decano de la facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, coincide. A su juicio, es previsible que la capital vuelva a buscar la contención del poder central. “Es un voto de opinión que trata de generar un contrapeso”, explica. “En este caso frente a la izquierda, pero también podría ser, como ya ha sido, frente a la derecha”. El catedrático describe al voto bogotano como “más libre” de las dinámicas partidistas tradicionales, aunque aclara que también existen estructuras, que de hecho están bien organizadas y suelen incidir más en elecciones a corporaciones como el Concejo, que a las de Alcaldía o presidencia.
Más allá de esa tendencia a un voto de castigo, los expertos coinciden en que la izquierda, y en particular el gobierno de Gustavo Petro, conserva una base de apoyo sólida en Bogotá. Es justamente el argumento de la concejal Atanassova, que apunta a que se mantendría la izquierda. “Es una base que, pase lo que pase, se mantiene leal”, afirma Líppez-De Castro. Rubiano añade que la ciudad es un eje clave para los sindicatos, actores fundamentales del proyecto político de la izquierda en Colombia.
Tanto ellos como otros analistas coinciden en que el verdadero termómetro será el 8 de marzo. Para Carlos Augusto Chacón, director del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga, esas elecciones no solo “ordenarán el tablero interno de cada sector”, sino que “ayudarán a aclarar si las fortalezas actuales son coyunturales o si efectivamente estamos ante una reconfiguración más profunda del electorado” capitalino.
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