Abelardo de la Espriella capitaliza su discurso como ateo arrepentido para conquistar el voto evangélico
El candidato de ultraderecha ha hecho de su relato de conversión un eje de campaña, respaldado por pastores influyentes y una agenda conservadora que conecta con el electorado religioso en Colombia


De tildar el matrimonio religioso de “estupidez y tontería” a llorar en iglesias y levantarse a las cinco de la mañana a rezar. Esa es la transición que cuenta el candidato presidencial de ultraderecha, Abelardo de la Espriella, hoy ubicado entre el segundo y tercer lugar en las encuestas de intención de voto. El abogado penalista ha contado en que se trata de una “conversión genuina” ocurrida tras una tragedia familiar hace seis años. Pero sus críticos ven en ese giro una estrategia política para captar el voto religioso, un sector que puede ser decisivo en las elecciones.
Sea cual sea su orígen, la narrativa de su conversión es un eje de su campaña, tanto que en su página web tiene un artículo explicando cómo fue y la menciona constantemente en eventos. De la Espriella ha resaltado una actitud profética que, apoyada por pastores y líderes de mega iglesias, y asumiendo causas y banderas conservadoras, le ha permitido consolidar respaldos clave en el sector. El más reciente fue la adhesión, el fin de semana pasado, del partido cristiano Colombia Justa Libres, pero desde antes lo apoyaban varios pastores y líderes de mega iglesias como la Misión Carismática Internacional, una de las iglesias evangélicas más influyentes del país y a la que pertenecen sus copartidarias en Salvación Nacional, Sara Castellanos y Carol Borda.
El éxito de Abelardo, como le dicen en campaña, entre los creyentes, tiene que ver con su historia de conversión, un elemento clave dentro del cristianismo. Bibiana Ortega, experta en religión y política y profesora de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, lo explica: “Quienes no han sido criados en una familia cristiana pueden tener una experiencia de conversión en cualquier momento, incluso al final de la vida”, señala. Esa idea, la posibilidad de redención y transformación, es clave para entender por qué este relato resulta tan potente entre creyentes. “Un cristiano está en la vida para hacer que otros se salven”, resume la experta. De la Espriella sería uno de los salvados.
En ese contexto aparece una figura bíblica recurrente en el discurso del candidato: Ciro el Grande, un rey persa que, según la Biblia, permitió el retorno del pueblo de Israel del exilio en Babilonia. Es decir, un líder no religioso que fue instrumento de Dios para apoyar sus causas. De la Espriella ha adoptado esa imagen y se ha presentado como “el Ciro que necesita Colombia”, comparándose a la realeza e incorporando un tono profético que conecta con sectores religiosos. “Un creyente escucha eso y dice ‘si hay una profecía que habla de la figura de Ciro, este señor se identifica con eso y además defiende las causas en las que yo creo, esta es la persona, el profeta’”, asegura Ortega.
La conexión no se limita a la narrativa simbólica. También se construye sobre una agenda concreta: defensa de la familia tradicional, oposición al aborto y promoción de valores conservadores. Carol Borda, elegida hace un mes como representante a la Cámara por Salvación Nacional, asegura que “más que si es creyente o no, lo importante es que defienda nuestras causas”. Y agrega: “Ser cristiano no es solo una posición respecto a la fe, sino que tenemos una cosmovisión que atraviesa la forma de gobierno y eso lo vemos en el programa de Abelardo”. Para ella, en todo caso, su conversión es auténtica. “Una persona sin convicción no podría sostener banderas que representan tanto al sector cristiano”, afirma.
Ortega añade que el candidato encarna atributos valorados por estos sectores: una familia tradicional “aparentemente funcional”, participa en los cultos y la idea del “temor a Dios”, entendida como una brújula moral que guía el comportamiento. “Para muchos es fundamental que alguien que quiera estar en la autoridad y en un poder político tenga temor de Dios porque eso significa que va a actuar de manera correcta”, señala.
En todo caso, el ascenso entre cristianos de De la Espriella no se entiende sin el respaldo de líderes religiosos influyentes. “Está rodeado de pastores que son muy relevantes en este país, líderes de mega iglesias que son referentes en el mundo envangélico. No es el pastor de la iglesia de garaje de mi barrio, sino pastores con relevancia nacional e internacional y eso le da credibilidad a lo que dice”, remarca Ortega. Entre ellos destaca el pastor cartagenero Miguel Arrázola, líder de la iglesia cristiana Ríos de Vida, muy influyente en Cartagena, quien ha sido clave en su proyección. Fue uno de los primeros en referirse a De la Espriella como “el Ciro que necesita Colombia” y ha dicho que el candidato es un enviado de Dios. En una entrevista en marzo de 2025 entre Arrázola y Cindy Jacobs, una líder religiosa estadounidense y autodenominada profetisa, ella asegura que Dios le mostró que “Satanás quiere poner a un dictador en el poder en Colombia [...] necesitamos pedir al poder del señor [...] Dios quiere levantar un Ciro para esta nación”. Además de ellos también cuenta con el apoyo de otros pastores como Enrique Gómez, del Centro Misionero Bethesda, y el pastor y ex senador de Colombia Justa Libres, John Milton Rodríguez.
Desde entonces, explica Ortega, Arrázola y su esposa comienzan un proceso de movilización entre líderes religiosos y fomentan encuentros de oración “para que Dios indique cuál debe ser el camino”. En esa búsqueda, entonces, encuentran a Abelardo. El candidato asiste con frecuencia a los cultos cristianos, a veces más de una vez al día, “se presenta como el Ciro, habla de su proceso de conversión” y utiliza un lenguaje que conecta con el elector cristiano porque le toca fibras de su fe: la lucha contra el demonio, contra el comunismo y, al final, contra el presidente Gustavo Petro y lo que representa.
Este fenómeno se enmarca además en una “batalla cultural” entre conservadurismo y progresismo, que cobró fuerza tras el plebiscito de 2016, especialmente en torno a la llamada “ideología de género”: un bulo que teme que se imponga la diversidad sexual y de género en los colegios. El propio De la Espriella lo ha expresado de esa manera. En una entrevista con RCN, por ejemplo, aseguró: “Aquí hay que hacer una contrarrevolución cultural [...] han contado la historia de la subversión y del narcoterrorismo como les ha dado la gana y además de eso han sacado a Dios de los salones y han metido a la ideología de género”.
Su atractivo dentro del electorado cristiano supera al que puede tener la otra candidata de derecha, Paloma Valencia, a pesar de ser ella una histórica defensora de postulados conservadores y detractora de la supuesta “ideología de género”. Ortega lo atribuye, en parte, al desencanto de sectores religiosos con partidos tradicionales, como el Centro Democrático, al que pertenece Valencia, tras el plebiscito del 2016, cuando sintieron que fueron utilizados políticamente para movilizar el voto negativo sin obtener nada a cambio. También influye, claro, su elección vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, una persona de la comunidad LGTB. “La defensa de la familia tradicional es muy importante y eso es como si (Valencia) mostrara que está dispuesta a negociar sus principios, mientras que Abelardo no, eso lo hace ver más coherente”.
Ese cruce entre fe, defensa de causas conservadoras y apoyos clave, ha permitido a De la Espriella mostrarse como una figura que atiende la necesidad de representación religiosa con una oferta política que la interpela. Una combinación que, más allá de su autenticidad, está demostrando ser eficaz electoralmente.
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