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Abelardo de la Espriella: “Vamos a recuperar a este país de las garras de la izquierda”

El líder ultra lanza su campaña presidencial desde Cali, bastión del petrismo

Abelardo de la Espriella en la apertura de su campaña, en el Arena Cañaveralejo, en Cali, este jueves.MARIANO VIMOS

En el barrio Los Cámbulos, al suroccidente de Cali, solo había policías y lluvia hacia la una de la tarde. La oficina de la Registraduría de la ciudad esperaba al candidato presidencial Abelardo de la Espriella, con la indiferencia burocrática propia de los edificios públicos: paredes blancas con funcionarios dentro, los agentes fuera y el agua cayendo sin prisa sobre la tercera ciudad de Colombia. Es jueves 12 de marzo, día de inscripción de su candidatura presidencial. La ciudad le ha dado al oficialista Pacto Histórico de Gustavo Petro el 40% de los votos al Senado el domingo pasado y El Tigre —como se hace llamar el ultra— se estrena en plaza ajena.

El tiempo pasa y el primero en llegar es su fórmula vicepresidencial: el exministro de Hacienda de Iván Duque, José Manuel Restrepo. “Queremos recuperar la esperanza, y lo que se siente en Cali es que quiere dejar de mirar al pasado, quiere enamorarse del futuro”, comenta a este diario. Un grupo de jóvenes lo recibe con vítores: “¡Vice! ¡Vice! ¡Vice!”. Aunque no hay uniformes, han escogido la vestimenta a propósito: camisas negras y blancas con el lema del movimiento de Firmes por la Patria. De la Espriella llega después, envuelto en su esquema de seguridad, y en el ambiente flota la sensación de que es un rockstar. Saluda a Restrepo con un estrechón de manos. “El mejor vicepresidente que tendrá Colombia”, augura, mientras le acomoda la corbata al economista con el que busca encontrar un voto técnico, fuera del radar emocional que promueve. Elegir Cali no es fortuito, y el simbolismo que busca De la Espriella con ello es bastante directo: “Marcar un contraste fuerte y generar ruido”, anota el politólogo Juan Giraldo.

Firman su inscripción formal y dan una escueta rueda de prensa en donde De la Espriella vuelve a defender a Restrepo: “El vice queda a cargo cuando el presidente no está. Dios no quiera, pero si yo llego a faltar, me voy tranquilo al sepulcro porque sé que la Patria queda en buenas manos. Y les pregunto [a los periodistas]: ¿Ustedes quedarían tranquilos con las otras figuras que están de vicepresidentes?”. Es más un ejercicio de retórica, puesto que a la pregunta de una periodista sobre lo que opina de Juan Daniel Oviedo, fórmula de la uribista Paloma Valencia, evita responder. Solo insiste en que Restrepo da seguridad y agrega: “Yo no soy de extrema derecha, soy de extrema coherencia”.

Tras la formalización de la candidatura, se desplaza al escenario central de su apuesta: la Plaza de Toros, a la vera de la mítica Calle Quinta. Por la ciudad encharcada, con los murmullos de la lluvia aún de fondo, suena Cali Ají y El Tigre avanza. El abogado penalista de 47 años ha crecido en la costa Caribe y tiene una reputación construida a punta de casos polémicos. Ha defendido a empresarios acusados de lavado de activos, a figuras del narco y al testaferro de Nicolás Maduro, Alex Saab. Tiene ciudadanía italiana, graba discos de tenor y vende ron, vino y sombreros bajo su propia marca (aunque sus negocios no generan mucha rentabilidad). En las encuestas se perfila como el rival directo de Iván Cepeda, el candidato abanderado de la izquierda en Colombia. Así lo explica uno de los caleños que lo apoyan, José Wilson Valencia, seguidor del expresidente de derecha Álvaro Uribe Vélez.

—Abelardo hará lo que hizo Uribe.

—Pero la del partido de Uribe es Paloma Valencia…

—Ya no, se hizo tibia.

Algo ha cambiado. La estética de varios de los seguidores es una copia colombiana del MAGA de Donald Trump. “Encuentro similitudes con ese movimiento en Estados Unidos, pero claro: Abelardo quiere lo mejor para Colombia”, dice Juan José Sanclemente, un joven que cursa grado 11 y lleva una de las gorras rojas del movimiento ultra del magnate republicano. De la Espriella no participó en la consulta interpartidista del 8 de marzo de la derecha, que ganó Valencia, y llegó a la campaña con su propio movimiento: Defensores de la Patria. Luego se sumó al pequeño partido Movimiento de Salvación Nacional, que lanzó una lista al Senado que en Cali logró 44.533 votos, el séptimo más votado en la ciudad. Logró 5 escaños de los 102.

La cita es en la plaza de toros de Cañaveralejo, que tiene una arquitectura que mezcla lo festivo y lo solemne, como corresponde a un lugar creado para la gente que pagaba para ver quién salía herido. De la Espriella la eligió a propósito: en una ciudad donde el Pacto Histórico dobló en votos a su competidor, el Centro Democrático de Uribe Vélez, aparecer en un ruedo es más que una metáfora inocente. Boris Salazar, economista de la Universidad del Valle, lo lee como una disputa territorial. “Cali es un centro de resistencia popular”, dice, y describe el acto como un intento de recuperar un espacio que la derecha perdió con el estallido social de 2021. De la Espriella le da razón: “Vamos a recuperar a Cali. Si recobramos la seguridad de esta ciudad, restablecemos la seguridad del suroccidente colombiano”, exclama.

Entre sus propuestas está acabar, desde el día uno, con cualquier proceso de paz o diálogo con los grupos al margen de la ley. “Vamos con mano de hierro. Deben temblar los malos de este país”, asegura el recién electo senador por el partido Salvación Nacional, Germán Rodríguez, quien viste de camuflado. Alrededor de la plaza, el ambiente es festivo, una sensación que se desvanece justo en el momento en el que se pregunta a los simpatizantes las razones de su militancia. Un hombre mayor, que pide la reserva de nombre porque, dice, fue secuestrado por la guerrilla, grita: “Con Abelardo vamos a acabar con la izquierda en este país, y luego vamos por los de Venezuela, Cuba e Irán”. Y niega cualquier posibilidad de votar por la candidata del uribismo, Paloma Valencia: “¡Se volvió comunista!”.

La cita era a las 17, pero solo hasta las 19.30 comienza la ceremonia. La plaza está llena en unas tres quintas partes: nada mal para un día lluvioso. Hay máscaras de tigre por todas partes, gente disfrazada del presidente Gustavo Petro con un vestido naranja que se asemeja al de un preso en Estados Unidos, y veteranos de guerra con uniformes y boina roja. Antes de que hable De la Espriella, suena el himno de Colombia interpretado por la cantante popular Marbelle, a capella; los asistentes se ponen de pie y se ponen la mano en el corazón.

De la Espriella se hace desear: antes de salir, toma el micrófono Eduardo Zapateiro, antiguo comandante del Ejército colombiano, para orar por Colombia; y luego Restrepo, que da aires de Javier Milei al gritar: “Que viva Colombia, carajo”. Es un shot de adrenalina que inunda de silencio la plaza por unos segundos. La música rompe la solemnidad y, ahora sí, El Tigre salta a la arena. “Firmes por la Patria”, ruge. Y remata: “Decían que no se podía en Cali, pero lo logramos. Ahora vamos a recuperar a este país de las garras de la izquierda, que quiere destruirlo con una constituyente. Esto no se trata de mí: se trata del futuro de la democracia de Colombia”.

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