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Banco de la República
Columna

Banco de la República y Gobierno Petro: La democracia resiste

El retiro del ministro de Hacienda Germán Ávila de la junta del Banco de la República pone sobre la mesa varias discusiones económicas, pero aún así es de celebrar que la institucionalidad funcione

Germán Ávila en el Banco de la República, el 30 de abril de 2025.Ministerio de Hacienda

El quiebre institucional que se generó por el retiro del ministro de Hacienda Germán Ávila de la junta del Banco de la República es un episodio más en el cual se muestra que los mecanismos democráticos están diseñados para enfrentar gestos de posible autoritarismo de los gobiernos. El ruido de la pelea no permite discutir en su total dimensión importantes asuntos de fondo, pero es bueno tratar de ponerles el foco para entender que discrepar en la democracia es necesario y positivo, y que se deben encontrar caminos institucionales para tramitar el disenso sin dejar de lado las reglas de juego.

Uno de los puntos que ha quedado perdido en la discusión sobre si el ministro puede o no puede ausentarse de la junta, si lo pueden destituir, si pueden sesionar sin él o no, es ni más ni menos que el debate mismo sobre las decisiones en torno a la política monetaria. La mayoría de los economistas da por sentado que la decisión de aumentar en cien puntos básicos la tasa de interés es la correcta. El Gobierno y el ministro de Hacienda consideran que no. Algunas voces más que suenan aisladas consideran que se deben subir las tasas pero no de manera tan abrupta para no golpear tanto la productividad. Incluso una persona de la junta consideró que la tasa debería mantenerse estable. No es asunto menor y no hay unanimidad. ¿Cómo controlar la inflación sin estancar la economía? Sería ideal escuchar un debate de fondo sin tanto ruido para tratar de entender qué es lo mejor para el país en su conjunto.

Estamos en plena recta final de la campaña y, aunque algunos consideren que no se debe meter política en estos temas, no hay nada que se soporte tanto en la ideología y en la política como las decisiones económicas. Aunque siempre hubo una dosis de presión por parte de los gobiernos de turno, como nunca antes se tuvo uno de izquierda que tiene una visión distinta de la sociedad y de la economía, nunca antes se llegó a una crisis de estas dimensiones. Hay distintas maneras de ver y de entender la economía. Ese no es el problema. Eso es democracia. El problema está en la manera de resolver el disenso: El presidente y el ministro pueden discrepar, pueden intentar persuadir a la junta y al país, pero no pueden desconocer las decisiones del Banco.

Sería ideal escuchar los argumentos de cada uno de los miembros de la Junta sobre el incremento de la tasa. No hubo decisión unánime y eso significa que caben distintas interpretaciones. El ruido que suele generar el presidente con su estilo de golpear la mesa cuando no se hace lo que él quiere, no permite que el país avance con seriedad en debates que son necesarios y valiosos y que se están abriendo de manera muy evidente precisamente en este Gobierno.

Algo que ha ocurrido también en estos 3 años y medio es que la Constitución con sus pesos y contrapesos se ha puesto a prueba una y otra vez y ha resistido. Cuando hay intentos autoritarios se valoran, incluso con todos sus defectos, los esfuerzos de las instituciones por equilibrar las decisiones del Gobierno de turno. Así ocurrió cuando el presidente Álvaro Uribe intentó reelegirse para un tercer período y la Corte Constitucional frenó esa idea. Ese intento de quedarse en el poder fue un gesto autoritario.

Y ahora, cuando el presidente Petro considera que los votos que obtuvo para llegar a la Casa de Nariño le dan licencia para todo, también tiene gestos autoritarios y por eso aparecen los otros poderes y las distintas instituciones para recordarle que su mandato tiene límites y que la democracia funciona de otra manera. Se le puede conceder al presidente que algunas entidades han estado más acuciosas que antes vigilando su Gobierno y han sido más laxas con otros. Aún así es de celebrar que la institucionalidad funcione y que nos lleve a revisar cómo opera el Estado para evaluar si está bien o no lo que se hace.

Hoy se discute si está bien diseñada la Junta del Banco de la República, si conviene tener al ministro en ella o no, incluso se pone sobre la mesa si es bueno que la mayoría de los miembros vengan de una misma universidad. ¿Se requiere más diversidad? ¿Cómo se puede garantizar una mayor independencia? ¿Cómo se toman las decisiones en la Junta y con base en cuáles datos se deben tomar? Las crisis son siempre oportunidades y esta conversación va más allá del episodio del ministro Germán Ávila y su retiro de la junta. Esto tiene fondo y toca fibras muy importantes del manejo económico y de la manera como funcionan las instituciones democráticas. La economía no es una ciencia exacta, no hay una palabra de Dios aunque algunos consideren que la suya lo es. Bienvenidos los debates siempre que se hagan dentro de las reglas que tenemos y sin patear el tablero. Si esas reglas no gustan, también hay caminos institucionales para cambiarlas.

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