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Medios públicos de Colombia
Opinión

Devolver la credibilidad a los medios públicos

El presidente Petro no entiende la información como un bien de interés público, sino como una herramienta de propaganda al servicio de su proyecto político

Estudio de grabación de RTVC Noticias en Bogotá, Colombia, en julio del 2023.Diego Cuevas

El sistema de medios públicos colombianos enfrenta un dilema irreconciliable entre la propaganda y el contenido periodístico. Cuatro escenas de los últimos cuatro años permiten ilustrar el inquietante giro que el presidente Petro ha dado a los medios estatales, que se alejan cada vez más de la información independiente y se acercan a la propaganda política.

La semana pasada, mientras el Presidente de la República aseguraba desde la plaza pública que en las próximas elecciones podría configurarse un fraude en contra de su partido, las redes sociales y las emisiones de RTVC se sumaron a la narrativa de desconfianza en el sistema electoral, como si el llamado del presidente se tratara de una verdad. Sin contrastar ni verificar los argumentos del mandatario en su discurso, que es lo que se espera de cualquier medio periodístico ante un señalamiento tan delicado en el marco de una democracia, quedó claro para el país que en el modelo petrista de medios públicos lo que sea que diga el presidente será tomado como algo irrefutable, incluso en casos en que incurra en lo falso y lo irresponsable.

Pocas semanas antes, los canales de televisión y las emisoras del sistema público de medios, cuyo gerente es nombrado directamente por el presidente, realizaron una llamativa cobertura de las cadenas de oración que algunos ciudadanos organizaron a favor de Petro, bajo el deseo de que tuviera éxito en la resolución de la crisis diplomática con Estados Unidos. Semejante manifestación de personalismo alrededor de la imagen de un mandatario deja inmensas dudas sobre la distancia entre fuente y contenido que se espera en cualquier medio, público o privado, que tenga el objetivo de informar de manera balanceada.

Desde el inicio de su mandato, es notable el tono y la extensión en la cobertura de los medios públicos de las manifestaciones convocadas por el presidente Petro como si se tratara de encuentros de toda una nación y no de una sola facción ideológica. Convertir de tal forma los medios públicos en canales de incesante propaganda gobiernista deja muchas inquietudes sobre el futuro de su misión informativa, y también plantea grandes interrogantes sobre la falta de equilibrio en el registro de la actual campaña presidencial y legislativa.

Pero tal vez la escena más preocupante es la que el país ha conocido a lo largo de estos cuatro años, de manera recurrente y repetida, con la llegada a la programación de los medios públicos de opinadores digitales abiertamente militantes a favor del gobierno Petro. Es un verdadero retroceso para la credibilidad de los medios públicos que RTVC se haya convertido en un escenario de resonancia y contratación desmedida para decenas de opinadores digitales del petrismo, muchas veces sin cumplir con funciones claras en su vinculación.

De fondo es evidente una realidad en el panorama de los medios estales: el presidente Petro no entiende la información como un bien de interés público, sino como una herramienta de propaganda al servicio de su proyecto político. El daño que esta práctica causa a la credibilidad de los medios estatales es inmensa, pues el paso de agendas informativas a contenidos abiertamente afiliados a las tesis de un gobierno de turno significa una ruptura con cualquier ideal de independencia periodística.

El modelo sobre el cual está basado el sistema colombiano de medios públicos tiene origen en uno de los más antiguos y bien conocidos del mundo: la BBC del Reino Unido. Con un siglo de historia y credibilidad de fondo, la misión de esta red de medios ha sido construida sobre tres ejes: informar, educar y entretener. La parcialidad ideológica en un medio que pertenece a la ciudadanía es uno de los principales riesgos que desde su creación se propuso evitar la BBC para construir una confianza duradera y universal. Para esto, a nivel regulatorio se han establecido una serie de requisitos que garantizan el cumplimiento de un proyecto de largo plazo que se aleje de la agenda ideológica y las discusiones partidistas de cada gobierno de turno. Es hora de aprender de ese ejemplo.

Los medios públicos tienen la misión de ser un factor de unidad y credibilidad, y no convertirse en herramientas partidistas en beneficio de cada gobernante y sus ejércitos de opinadores virtuales. El problema del que es necesario hablar es que el actual esquema de regulación permite que cada gobierno convierta a los medios públicos en un espacio de propaganda y nada impedirá que en el futuro nuevos mandatarios busquen giros con nuevos enfoques igualmente propagandistas. Siguiendo el ejemplo de casos como el de la BBC, es clave abrir la discusión sobre la necesidad de que el nombramiento de los directivos de los medios públicos sea ratificado por corporaciones como el Congreso y así garantizar una mayor distancia entre el gobierno y la información pública.

Mientras tanto, es necesario llamar con urgencia a que el nuevo gobierno se comprometa a respetar la independencia de los medios públicos. Y elegir a un dirigente que tenga claro en su concepción de democracia que jamás la información periodística y la propaganda política podrán caber en una misma frase.

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