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Elecciones en Colombia
Columna

Lo que pueden descubrir los debates presidenciales

En un debate se puede conocer mucho de un candidato y por eso algunos, sobre todo los que puntean las encuestas, prefieren no arriesgarse

Candidatos que participan en la consulta de la derecha durante un debate en Bogotá, Colombia, el 10 de febrero.Diego Cuevas

¿Por qué los candidatos que puntean en las encuestas suelen evadir debates directos? Es cierto que controvertir ideas no es el fuerte de la política por estos días, porque la propaganda es la clave en una campaña. En tiempos de redes la rapidez, la frase efectista, los colores y los sonidos marcan más que las propuestas. Por eso hay que aplaudir los esfuerzos de varios medios de comunicación que han aportado debates para que los ciudadanos puedan tener más información y argumentos para decidir su voto. Lo malo es que en esos encuentros no han participado varios aspirantes presidenciales que pueden tener posibilidades reales de llegar a la Casa de Nariño. En un debate se puede conocer mucho de un candidato y por eso algunos prefieren no arriesgarse.

Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella no se han medido frente a frente. Sergio Fajardo propone debatir, pero se queda solitario en el intento. Los candidatos de la Gran Consulta de derecha y centro derecha han acaparado hasta ahora los escenarios de discusión y ha sido posible ver algunos matices entre ellos, conocer propuestas, pero como están parados en la misma orilla de la oposición al Gobierno de izquierda, eso impide comparar más. Los aspirantes se mueven con confianza en un ambiente que no les genera mayor riesgo.

Si bien las campañas se apoyan cada vez más en las redes sociales para tramitar las emociones que quieren contagiar a los votantes, el debate de ideas en medios de comunicación, si se logra hacer en un formato que permita la interpelación, puede permitir a los ciudadanos conocer propuestas y, más que eso, el talante de un candidato cuando debe enfrentar momentos inesperados, al ser confrontado en un escenario no controlado como sí lo es el de las redes sociales. Los videos, las fotografías, los contenidos producidos para redes, son propaganda en la cual el candidato puede decir lo que quiera, repetir sus mantras para descalificar a otros, estirar ideas y datos para confirmar sus “verdades” y armar una narrativa para venderse sin ser cuestionado. En un debate entre distintos, un contendor político o un periodista puede sacar al candidato de la zona de confort, tocar puntos débiles, obligarlo a pensar sin asesores, a responder sin libreto y a medir la personalidad y capacidad de quien aspira a manejar un país. Un error puede tener un alto costo político en un debate que ven millones de personas.

La campaña de este 2026, que ha tenido casi un centenar de precandidatos presidenciales y que tiene todavía en la recta final a más de 20 aún en contienda, varios de ellos con posibilidades de llegar a segunda vuelta, dificulta entender los programas y propuestas. También es real que no suele ser el objetivo de las campañas que los votantes entiendan las propuestas. Lo importante es que las compren. El 8 de marzo marcará un punto de inflexión porque de los 16 candidatos que se medirán en las consultas saldrán 3. Se van a sumar a los varios que caminan directo a la primera vuelta. Esa lista se va a depurar, pero al final pueden ser más de 10 los finalmente lleguen a la elección presidencial de mayo. ¿Tendremos entonces debates cruciales?

Ojalá sea así para que tantos votantes indecisos puedan tener elementos para inclinar su intención de voto. Los ciudadanos tenemos que hacer llamado a los candidatos para que después del 8 de marzo se midan cara a cara para conocer sus propuestas, pero sobre todo el carácter de quienes aspiran a suceder al presidente Gustavo Petro en la Casa de Nariño. Si hay algo que ha marcado este Gobierno es precisamente el talante y la personalidad de quien está cerrando mandato. No se trata solo de un programa o una ideología, se trata de una persona quien con sus cualidades y defectos puede llegar a marcar el destino de muchos.

En la campaña hay una puesta en escena. En un debate también, porque los candidatos son preparados con mucho detalle por sus asesores - pero a veces, y solo a veces, cuando se paran frente a frente, hay momentos en los cuales los ciudadanos pueden descubrir la fortaleza de un buen líder o las orejas de los lobos que pueden asomarse detrás de las pieles de oveja… tigres o jaguares. Conocer a las personas que encarnan a los candidatos es tan o más importante que conocer las promesas que tal vez nunca van a cumplir.

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